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Opinión
![]() Los Grandes Días
Manuel Mejido
A la vanguardia
Organización Editorial Mexicana
5 de agosto de 2008
* La delincuencia organizada evolucionó. Las policías no
* Por mil pesos, todos son "secuestrables" en México * Temen la "mexicanización", no la "colombianización" En el discurso oficial, el combate a la inseguridad, al crimen organizado y al narcotráfico ocupan un lugar preponderante. Pero en los hechos, todo sigue igual. Diversos analistas coinciden en que los grupos delincuenciales evolucionaron y mejoraron sus estrategias de ataque. Se unieron y son más sanguinarios. Mientras que las leyes permanecen laxas y los cuerpos policíacos se corrompen y tecnológicamente van a la zaga. La deshonestidad y falta de preparación de los ministerios públicos para realizar el trabajo de investigación que concluya en la detención de criminales ocasionó que algunos ciudadanos arriesgaran sus vidas y lograran importantes capturas. Tales son los casos de Isabel Miranda de Wallace y Eduardo Gallo. Isabel aún desconoce el paradero de su hijo, pero lucha por encontrarlo. A Eduardo le fue devuelto el cuerpo sin vida de su hija. Con sus propios recursos ambos detuvieron a algunos de los raptores, consiguieron su aprehensión y enjuiciamiento. Sin la ayuda de ninguna institución policíaca. Es una vergüenza para el Gobierno mexicano y para las policías encargadas de resguardar la seguridad pública que el pueblo haga las labores de investigación, que no le corresponden y llegue a mejores resultados. En el país de la impunidad, los millonarios no son los únicos "secuestrables". La clase media y baja se convirtieron en la nueva carne de cañón para la delincuencia. La única diferencia es el monto de los rescates. Se han registrado casos en que se exigen hasta mil pesos en tarjetas telefónicas por no matar a la víctima. De acuerdo con cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre el 2006 y el 2007 los secuestros se incrementaron en 35 por ciento, al pasar de 325 a 438. Pero esos sólo corresponden a los de alto impacto, porque los exprés perpetrados en contra de los más pobres pocas veces son denunciados y, menos aún, esclarecidos. Cada una de las instancias vinculadas con el combate a la delincuencia maneja sus propias cifras. Nadie las cree ni sabe cuáles son las reales. A pesar de cumplir con el monto del rescate, ahora los plagiarios optan por asesinar al secuestrado. Prefieren acabar con la evidencia del delito y apegarse a la impunidad que les garantizan sus cómplices: los policías, agentes judiciales y ministerios públicos. Anteriormente se afirmaba que los cuerpos policíacos estaban coludidos con los delincuentes. Tras el secuestro y asesinato del menor Fernando Martí se confirma que ahora los policías son los criminales. De acuerdo con reseñas periodísticas, los secuestradores de Fernando Martí montaron un retén de la Policía Judicial. Ahí también raptaron al escolta y el chofer, cuyos cuerpos fueron encontrados, días después, decapitados. Como presuntos responsables de los secuestros y asesinatos del joven Martí y sus acompañantes, la Procuraduría de Justicia capitalina detuvo a José Luis Romero Jaimes, comandante en jefe de la Policía Judicial, y a Marco Antonio Moreno Jiménez, agente federal, que forman parte de la banda "La flor". Las leyes mexicanas tienen 76 años de atraso, porque aún se debate entre si es correcto o no aplicar la pena de muerte en contra de los secuestradores y violadores. En mayo de 1932 fue secuestrado el hijo de 19 meses del piloto estadunidense Charles Lindbergh en Michigan. Meses después fue detenido, enjuiciado y sentenciado a la pena de muerte Bruno Hauptmann. Desde ese día, los secuestros disminuyeron en la Unión Americana hasta desaparecer en la actualidad. La impunidad que gozan en México los delincuentes ocasionó que el país se convirtiera en la nación con el mayor número de raptos, según cifras de organismos internacionales como la OCDE y la ONU, con el mayor número de bandas de narcotraficantes operando a la vista de todos y con los cuerpos policíacos más incapaces de cumplir con su trabajo. Colombia, otrora signo de corrupción, logró someter a los delincuentes. El viernes pasado, el presidente Alvaro Uribe expresó frente a Felipe Calderón que: "El pueblo mexicano está pagando un precio tan alto como el que en su tiempo pagó Colombia". Uribe habló en pasado del crimen organizado, porque ahora ya no se teme a la "colombianización" de los países hispanoamericanos, sino a la "mexicanización". mejido@elsoldemexico.com.mx Columnas anteriores
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