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Opinión
![]() José Dolores Mártir Velázquez
Rumbo a la Edad Media, pues
El Occidental
3 de mayo de 2008
Cuando en el curso de nuestra vida consciente, frente a los hechos y acontecimientos del entorno social, denunciábamos las intenciones de la Iglesia católica y toda su corte, de intentar regresarnos a la Edad Media; como son las asociaciones "civiles" que le sirven de apoyo, su estructura monástica y conventual, la red educativa privada en donde se enseña el anti-México para conducir a las nuevas generaciones contra el futuro y como retranca de la historia; cuando en suma, toda esta poderosa fuerza no solamente conservadora sino simplemente reaccionaria era sometida a nuestro análisis junto con sus acomplejados "Caballeros de Colón" cuya ilusión y presunción era enviar a sus hijos "a los mejores colegios", y en ese prurito (deseo desesperado) arrastraban consigo a la nueva aristocracia priísta para no ser menos que los "pirruris" panistas; cuando denunciábamos todo esto, tales planteamientos parecían una exageración.
Expresiones basadas en la amargura y en la envidia por no contar con bolsillos y cuentas bancarias repletas de billetes parecidas a las disfrutadas por la aristocracia "prianista". Algunos más llegaban a sostener con energía que todas nuestras críticas eran -como dijo alguna vez Bebeto, el gober bronco pero sincerote, respecto de las críticas de la oposición-, que eran nada más "por joder". Ahora la realidad social y política está dejando muy poco a la imaginación y a la especulación. Los desatinos y exabruptos del beodo gobersinarca que habita por estos días la Casa Jalisco, en convivencia o con autorización de ese boquiflojo que se ha venido desempeñando como Cardenal, con tantos yerros y excesos como su discípulo sinarquista Etilio, no dejan lugar a dudas sobre los planes estratégicos de la Iglesias católica, ignorando por completo que ya la historia avanzó y que es un río cuyas aguas no regresan. Actúan como las esposas y los virus. En cuanto ven blandito se encajan, o bien, en cuanto sienten propicio el ambiente se desarrollan y reproducen. Y como cuentan con una grey (dice la Enciclopedia Salvat, que grey significa entre otras cosas, rebaño de ganado menor y mayor) manejable, la usaron los tres mil curas que confesó Emilio González Márquez haberlo apoyado en su campaña para gober, -confesado al Consulado Americano, como se hizo público-, para hacer marchar en reversa el reloj de la historia en Jalisco y comenzar a convertir en realidad sus más caras fantasías medioevales. ¿Por qué es la Edad Media (siglos IV al XIV) la época de oro de la Iglesia católica? Porque entonces la Iglesia era la que coronaba a los reyes y decidía totalmente la vida de los pueblos desde su nacimiento hasta su muerte. Porque entonces la ciencia era la enemiga mortal de la institución eclesiástica, pero como la cultura y el desarrollo del pensamiento no es posible detenerlo, la cultura se desarrolló a pesar del rechinido de dientes de la jerarquía católica, en los monasterios, saliendo de allí al mundo seglar para luego convertirse en universidades. ¡Ah, pero si algún clérigo o monje dedicado a la cultura hacía públicos sus descubrimientos y reflexiones, que de algún modo cuestionaran los dogmas católicos! (Pedro Abelardo, por ejemplo) entonces la Iglesia lo quemaba vivo o le aplicaba la muerte a garrote vil. No, no era muerto a garrotazos, sino aplicándole la estrangulación por torniquete. Al ser ejecutado le preguntaban al acusado de herejía si se arrepentía. Si aceptaba, entonces moría primero a garrote vil y luego lo quemaban. Si no, entonces era quemado vivo. Y todo porque se atrevían a disentir de los dogmas cultivados y sostenidos por la Iglesia católica. Ahora son otros tiempos, desde luego y una parte de esa realidad es percibida tanto por el yunquista Emilio, como por su consejero espiritual y quien maneja sus hilos de marioneta. Hoy, ni el cargo de gobernador le permite a Emilio quemarnos vivos o ejecutarnos a garrote vil a quienes no estamos de acuerdo con sus burradas, tanto de él como de su manager, el Cardenal. Por eso seguramente se contenta con mentarnos la madre, en estado de ebriedad real o simulada. Ambos pretenden que la historia no ha transcurrido. Es decir, para ellos no existen las leyes objetivas del desarrollo social, una de las cuales señala con claridad: La Historia es un camino sin retorno. Y frente al escándalo a nivel nacional e internacional, los paniaguados y los tibios priístas de la cúpula parasitaria, están simulando molestias contra Emilio y aparentemente acuerdan una investigación que normalmente debiera desembocar en juicio político y el despido del gobernador sinarquista. Pero ya sabemos que todo son maniobras para negociar en el recinto legislativo en un toma y daca de acuerdos y concesiones entre ambas bancadas legislativas y sus satélites. Es verdad que los excesos de Emilio merecen el despido del cargo por lo menos y que regrese -como pueda- los dineros regalados a todos los que considera aliados estratégicos para desbrozarle el camino rumbo a la candidatura presidencial (¡hágame el refabrón cabor, estimado lector, este asno reaccionario ambicionando la silla de doña Leonor! Ha de decir que si el imbécil de Fox, pudo aplicar la voracidad de la tristemente célebre "pareja presidencial" sin muchos problemas, entonces ¿él por qué no? Piensa que con los naturales apoyos de la cúpula empresarial, el duopolio TV Azteca y Televisa, y el activismo de las infanterías de la Iglesia católica, en pie de lucha, el destino es manifiesto y en el 2012, el paraíso terrenal para él y sus socios está asegurado. Por supuesto, el pueblo, a quien desprecia tan profundamente, y del cual se burla cada que quiere y puede, no cuenta para nada. Bueno, sí cuenta esa parte de pueblo manejable y sumisa que, conducida por los curas mencionados por Emilio en el Consulado Americano, concurren como mansa grey a votar el día de las elecciones, especialmente a través de esos "talleres por la democracia" ordenados en cada sacristía por el mismo Cardenal, que hoy disfruta de las mieles del triunfo, tan contento que no para enmiendes y de cuando en cuando patea el pesebre, cuando dice una verdad no inventada por él sino por Carlos Marx en el siglo XIX; que nadie se hace rico, millonarios o potentado con su propio trabajo personal. Que los patrones se enriquecen con la plusvalía, es decir, con el trabajo no pagado al obrero, cuyo salario apenas le alcanza para sobrevivir. Por eso dice el Cardenal que no hay rico que no sea ladrón o hijo de ladrones. Aunque luego pidió a los ricos que lo disculparan por ese momento de sinceridad -cuándo los ricos protestaron porque les jaló la cobija-, la verdad es que por decir eso públicamente, hace algunos siglos la misma Iglesias y su Santo Oficio, ya lo hubieran mandado a la hoguera. Tenemos una Iglesia católica militante, con su cortejo de rebaños y de aliados, que nos pretenden arrastrar hacia el pasado, contraviniendo las leyes de la historia, pero intentando forzarnos a mirar el futuro con la nuca. ¡Ah, Emilio, y tizna la tuya si tienes con qué! * Profesor e investigador de la UdeG. Opiniones y comentarios al teléfono: 36-17-07-24 dolmart16@gmail.com Columnas anteriores
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