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El gigantismo y la acromegalia
El Occidental
10 de marzo de 2013

Héctor A. Gómez Vidrio

El gigantismo y la acromegalia casi siempre son consecuencia del adenoma (tumoración) hipofisaria aunque puede existir otro tipo de tumores aparte de los de la glándula hipófisis, como por ejemplo los tumores carcinoides o de células insulares que también secretan abundantemente hormona de crecimiento.

Aunque la somatotropina u hormona de crecimiento en efecto tiene como primordial función estimular el crecimiento y desarrollo de los tejidos, sin embargo también participa en grado importante regulando el metabolismo de los hidratos de carbono o azúcares (favoreciendo su síntesis) así como el de las grasas o lípidos (fomentando su destrucción o lipolisis).

El principal tejido sobre el que actúa la hormona de crecimiento es el tejido óseo y de éste el de los huesos largos de las extremidades tanto inferiores como superiores.

En los extremos distales o epífisis de estos huesos largos se ubican los llamados cartílagos epifisiarios de crecimiento, los cuales actúan sirviendo como colchón para que el hueso largo correspondiente pueda continuar creciendo longitudinalmente, lo cual acontece desde el mismo nacimiento y hasta la adolescencia y pubertad, mas al llegar a esta ultima etapa de la vida, en el caso de la niña sus ovarios inician su funcionamiento y en consecuencia la secreción de hormonas estrogénicas que va a favorecer que el calcio transportado por la circulación sanguínea pase a depositarse en los cartílagos de crecimiento, provocando su calcificación y en consecuencia su soldadura a la epífisis del hueso largo. En el caso del joven el inicio funcional testicular ocasiona la secreción de la hormona testosterona que actúa en igual forma que los estrógenos femeninos, también calcificando los cartílagos de crecimiento.

Es de advertir que cuando estos cartílagos se han soldado a los huesos largos ya no pueden seguir creciendo longitudinalmente, estableciéndose un tope.

Estos fenómenos descritos nos podrán hacer comprender y explicar el por qué cuando existe una mayor secreción de hormona de crecimiento, usualmente por tumores desarrollados en la glándula hipófisis, localizada en la base del cráneo y en el interior de la llamada "silla turca" del hueso esfenoides, y si esto acontece ante de la pubertad, el crecimiento longitudinal óseo se acentúa, dando origen al gigantismo, por cierto más frecuente en el varón.

Que son los casos en que el individuo suele rebasar los dos metros de estatura.

En cambio cuando dicha secreción excesiva de hormona de crecimiento acontece después de la pubertad, es decir, en la edad adulta, el crecimiento óseo y de los tejidos ya no puede ser longitudinal y entonces crece transversalmente, dando origen a la acromegalia, cuyas principales manifestaciones clínicas (signos y síntomas) son: crecimiento terminal de extremidades (manos y pies), mayor espesor de tejidos blandos, aumento en la sudoración, fatiga o letargia, aumento del peso corporal, sensaciones anormales, sobre todo en extremidades (calambres, hormigueos, entumecimiento), piel áspera, gruesa y reseca, aumento del vello corporal, mayor prominencia de frente, nariz, pómulos y mentón, mayor crecimiento de la lengua (macroglosia), dolores articulares, aversión a la luz o fotofobia, hipertensión arterial, manchas negras aterciopeladas en cuello, axilas o tórax (acantosis nigricans) que son manifestación clásica de la resistencia a la acción de la insulina ocasionada por el exceso de hormona de crecimiento, aumento del volumen de la glándula tiroides o bocio, crecimiento del corazón (cardiomegalia) y presencia de cálculos renales.

Puede además asociarse a intolerancia a los azúcares y en consecuencia diabetes secundaria, disminución del apetito sexual e impotencia, desarrollo anormal mamario en el varón o ginecomastia con secreción láctea anormal o galactorrea, además de deficiencias visuales y de cefalea.

El diagnóstico se efectúa con base en las manifestaciones clínicas señaladas y mediante la determinación laboratorial elevada de somatotropina u hormona de crecimiento, así como por la imegenologia a través de la resonancia magnética de la glándula hipófisis, la radiografía de cráneo y de huesos largos así como de manos, pies y de tórax.

El tratamiento es de carácter médico hormonal de freno, quirúrgico y radiante, con monitoreo periódico postoperatorio.

* Médico jefe del Servicio de Endocrinología del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara Fray Antonio Alcalde. Profesor de la clínica de Endocrinología de la carrera de Medicina del CUCS de la UdeG.

hegovidrio@hotmail.com