Comunidad y Cultura Local
La diversidad cultural de México
Foto: Cortesía de Luis Medina Gutiérrez.
El Occidental
16 de mayo de 2012

Wolfgang Vogt

Cuando los españoles conquistaron y colonizaron la Nueva España impusieron su propia religión y cultura despreciando la civilización de los pueblos indígenas conquistados. Durante tres siglos los españoles lograron someter a los indios a su propio sistema jurídico. Pero desde la independencia a principios del siglo XIX, los indígenas de nuevo tienen el derecho de recuperar por lo menos una parte de sus tradiciones culturales. En teoría, ellos tienen los mismos derechos que los criollos que son descendientes de los españoles y los mestizos. Ahora, todos ellos forman una nación y son mexicanos. En muchos campos de la vida cotidiana se combinan las tradiciones americanas con las europeas. En el campo de la gastronomía la influencia indígena está muy marcada y a veces incluso decisiva. En otras áreas los indígenas conservan gran parte de su autonomía. Eso lo podemos observar en el caso de la vestimenta, la música y la literatura, las artes plásticas y la artesanía. Pero hay campos donde los indígenas tienen que someterse a las tradiciones españolas. Eso es evidente con respecto a la religión, los sistemas jurídicos y la estructura política de México.

En el catolicismo podemos encontrar algunos vestigios de religiones prehispánicas, pero los dioses de aztecas, mayas y otros pueblos se murieron hace siglos. La vida de México se integra en la tradición occidental, porque aquí tenemos una república parlamentaria. El sistema jurídico es heredado de España, pero las comunidades indígenas conservan sus propias tradiciones de derecho. Ahora el problema es hacer compatibles varios sistemas jurídicos diferentes.

Humberto Ortega, investigador especializado en ciencias sociales y humanidades de la Universidad de Guadalajara, examina de manera minuciosa esta cuestión en su libro más reciente "Hacia una nación pluricultural. Un estudio de vinculación socio-jurídica para preservar a futuro la riqueza y diversidad cultural de México profundo." Se trata de una investigación amplia de 400 páginas publicada en 2011 por Editorial Académica Española que tiene su sede en Saarbrücken, Alemania. Ortega es doctor en derecho y le interesan especialmente las culturas indígenas. Hace poco, el miércoles 7 de marzo, reseñamos en esta columna su libro "El chino y el maya: estudio de relación y creación", (2008).

En la introducción a su libro señala el autor que "México como nación pluricultural y multiétnica necesita de un cuerpo de ideas y criterios jurídicos que hagan posible articular, conciliar e instrumentar la lógica de un sistema federal como el mexicano y los sistemas jurídicos de los pueblos indígenas que habitan el país". En el prólogo a la obra nos dice el poeta y estudioso de culturas indígenas Raúl Aceves que "a doscientos años de la consumación de la Independencia, México todavía no ha logrado desembarazarse totalmente del colonialismo que impone un solo modelo de nación... y no ha logrado hallar la fórmula de la Unidad en la Diversidad de un modelo cultural que logre integrar armónica y respetuosamente a las diversas culturas que integran la nación".

Basándose en la sociología jurídica examina Ortega en forma detallada los diferentes caminos que podrían conducir a esta Unidad en la Diversidad en el campo jurídico. No queremos entrar en pormenores porque se trata de un libro para lectores familiarizados con cuestiones jurídicas. Como el autor está buscando una solución que desemboca en una reforma jurídica e incluso constitucional, investiga desde una perspectiva muy amplia, casi exhaustiva la vinculación socio-jurídica con la diversidad cultural de México. Sus herramientas de investigación son las de un abogado, pero toman en cuenta también los enfoques antropológicos. Lo atractivo del libro es sobre todo su perspectiva interdisciplinaria que invita a abogados e investigadores de las humanidades a dialogar. Su espíritu inquisitivo no le permite nunca a Ortega abandonar el camino de una investigación rigurosa.

En este espacio no queremos ofrecer una descripción sistemática del desarrollo de la investigación del autor, sino solo dar algunos ejemplos de su forma de trabajar. En el capítulo III encontramos una valoración crítica de la pluriculturalidad a nivel constitucional, en el IV en la escala reglamentaria federal. En el capítulo V describe Ortega semejanzas y diferencias de los campos legislados por México y dos otros países americanos que son Venezuela y Canadá lo cual le permite salirse del mero ámbito nacional. Para un lector interesado en la cultura de occidente de México es de gran interés el capitulo VIII que es también el último, donde se habla de los sistemas jurídicos de los huicholes en el norte de Jalisco y en Nayarit y de los nahuas en el sur de Jalisco.

La investigación de Ortega nos hace ver caminos que podrían llevar a un México pluricultural. En las conclusiones de su libro habla de "avenidas promisorias para visualizar algún día, un escenario de pluriculturalismo jurídico enriquecedor operando y rigiendo en México de manera armoniosa." El libro de cierta manera es una utopía o mejor dicho una propuesta de trabajo. Llevar sus ideas a la práctica y encontrar una verdadera solución es la tarea de los políticos. Nos parece que esta obra es un paso decisivo en el tránsito de una etapa de hegemonía jurídica monocultural hacia un periodo de pluralismo jurídico multicultural. Lo más admirable de esta investigación es su enfoque interdisciplinario que combina los métodos de la sociología jurídica con los de la antropología. Gracias a este enfoque novedoso, el libro es de gran importancia para especialistas en derecho y estudiosos de las culturas indígenas.