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Comunidad y Cultura Local
Poetas en el café
Tomás Coffeen. "Retrato de Maga". Oleo / tela. 76.5 x 58.5 cm.
El Occidental
14 de abril de 2007
* Wolfgang Vogt / La Cultura en Occidente
Como adolescente encontré en la biblioteca de mi padre un libro con el título Poetas en el café, cuyo autor es Hermann Kezten. Su nombre figura en la historia de la literatura alemana, pero sus libros no están traducidos al español. En este libro que sin duda es una obra menor, Kesten escribe que para él como para muchos otros literatos los cafés tienen un atractivo especial, no sólo para juntarse con colegas y amigos, sino también para leer y escribir. El autor dice que escribió gran parte de su obra en los cafés, donde se sentía menos solo que en casa. En el café ve a los demás, sin que éstos interrumpan su trabajo. El café es un lugar agradable y tranquilo, donde muchos poetas se inspiran y tienen tiempo suficiente para escribir algunas páginas. Hoy día los cafés incluso ponen a veces a disposición de los clientes computadoras y conexiones de internet. Pero para los poetas el café más que un lugar de trabajo es un lugar de encuentro. Las famosas tertulias literarias nunca pasan de moda. En Guadalajara hay varias y yo suelo asistir una tarde por semana a la del Café de la Selva que fundaron los poetas Raúl Aceves y Jorge Orendáin. Cuando llego un poco después de las seis de la tarde ya me encuentro a Raúl. Jorge suele aparecer una media hora más tarde. Uno de los asiduos de la tertulia es también Oscar Tagle. De vez en cuando se presentan también Dora Moro, el maestro periquetero Arturo Suárez o Rodrigo de la Mora. La lista de los asistentes eventuales es bastante larga. Cuando llego a la tertulia tengo por lo general una media hora para platicar a solas con Raúl. Si no hablamos de las últimas novedades de la vida literaria de Guadalajara, comentamos a autores que nos gustan. La vez pasada Raúl me preguntó por el escritor más destacado de la literatura francesa. Cervantes es sin duda el autor más apreciado de la literatura española y lo mismo se puede decir de Dante Alighieri con respecto a la literatura italiana. Para los ingleses Shakespeare es su escritor más grande y los alemanes veneran a Goethe como el príncipe de sus letras. Pero en el caso de Francia hay muchos autores destacados, sin embargo es difícil decir quien sería el más grande de ellos. Para algunos la gran época de la literatura francesa es el clasicismo del siglo XVII con Corneille, Racine y Moliére. Hoy día nos interesamos poco por los dos primeros, sin embargo Moliére, el tercero, sigue gozando de una gran popularidad. Durante la ilustración del siglo XVIII destacan figuras como Voltaire y Rousseau. El primero sigue divirtiendo con su sátira mordaz y el segundo son su Contrato Social creó las bases de la democracia moderna. Sin embargo el libro de Rousseau que más apreció son sus Confesiones, la primera gran autobiografía moderna, en la cual el autor se atreve a hablar de experiencias íntimas. Raúl me dice que tal vez la figura más destacada de la literatura francesa es Víctor Hugo. Sin duda el autor del libro de poemas Las Contemplaciones y de las novelas Nuestra Señora de París y Los miserables es una figura monumental del romanticismo europeo, sin embargo poetas como Charles Baudelaire o Arthur Rimbaud son mucho más importantes para la poesía actual. Hoy día ya no apreciamos tanto a los héroes y las grandes figuras monumentales. Es difícil contestar la pregunta, si la narrativa de Víctor Hugo o Gustavo Flaubert es más importante. Las novelas de los dos autores son muy diferentes. Hugo es la gran figura del romanticismo, mientras Flaubert rompe con muchos tabúes de su época y prepara el camino para la narrativa moderna. Para Raúl Aceves, Flaubert es una figura importante de la novela francesa del siglo XIX. Yo, sin embargo no quisiera omitir los nombres de Balzac y Zola. Pienso que la obra de Zola es extraordinaria, de muchas facetas, mientras a veces se sobreestima la obra de Balzac. Un autor que aprecio particularmente es Guy de Maupassant, amigo de Flaubert. Cuando se acerca Jorge Orendáin a nuestra mesa, estamos hablando de la obra de Marcel Proust, pero ya no seguimos con nuestra conversación. Así ya no nos tocó hablar de Sartre y Camus. Jorge pide un té de durazno y ya no me acuerdo porqué razón estamos ahora hablando de literatura argentina. Hace poco Raúl me había regalado un libro de cuentos de Manuel Mujica Láinez, en los cuales evoca la historia de Buenos Aires. No se trata de uno de los grandes libros de este escritor como por ejemplo su famosa novela Bomarzo, en la cual recrea la sociedad italiana del renacimiento. Raúl y yo opinamos que la crítica subestima el valor de la obra de Mujica Láinez. Le agradezco haberme escogido para regalarme Buenos Aires misterioso, libro del cual tenía dos ejemplares en su biblioteca. Cambiamos de tema y hablamos de Tríptico para Rulfo. Jorge había leído una reseña de esta novedad literaria en un periódico. Lo interesante de esta obra es que nos presenta a Rulfo como traductor de poesía de Rainer María Rilke, una faceta completamente nueva de su creación literaria. Pero como nadie de nosotros ha tenido la oportunidad de consultar este nuevo libro, ya no hablamos de este tema. Llegan más amigos y amigas y pedimos una botella de vino blanco. A Jorge le gusta más el tinto, pero Raúl y yo somos partidarios del blanco. La plática se hace cada vez más animada. Oscar Tagle nos habla de su taller literario y que le encanta hacer crucigramas. Dora Moro nos enseña unas hojas literarias. Etienne, el dueño del Café de la Selva viene a saludarnos. Raúl es el cliente más asiduo de su café, porque vive a cuadra y media. Entre las nueve y diez se termina la tertulia y cada uno va a su casa. |
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