Opinión / Columna
 
Jesús Rodríguez Gurrola 
Procuración e impartición de justicia, "con las venas abiertas"
El Occidental
14 de marzo de 2011

  LA COLUMNA DE EN MEDIO

Independientemente del análisis jurídico que los especialistas han realizado a través de la prensa y los medios electrónicos, del contenido de la película Presunto Culpable, su proyección ha dejado en la conciencia colectiva del país, la sensación de que la procuración e impartición de justicia en este México nuestro, como decía Eduardo Galeano, las ha dejado "con las venas abiertas".

La primaria intención de los realizadores, según se desprende de los hechos narrados por el film, ha sido la de liberar a un reo, quien supuestamente había sido condenado por la justicia siendo inocente. En el transcurso del relato fílmico, los recursos legales interpuestos por los defensores casuales que seleccionaron esta caso para realizar su tesis de doctorado en una universidad del vecino país, así como los alegatos manifestados por un defensor profesional encargado del caso, abrieron una enorme pantalla, en la que no sólo se muestran las carencias académicas de los jueces, de los Ministerios Públicos, y sobre todo de los policías investigadores, sino que se exhiben las enormes deficiencias materiales que privan en toda la estructura jurídica, para llevar a cabo una justicia con apego a los más elementales principios del Derecho.

De hecho, jueces, Ministerios Públicos, magistrados y policías, no son del todo culpables de lo que se quiere imputar a su sola responsabilidad, pues ante la carencia de edificios adecuados para la rehabilitación de los reos, de la falta de presupuesto para contratar personal idóneo para la clasificación de los incontables expedientes, así como la necesidad de apertura de muchísimos nuevos juzgados y oficinas para los Ministerios Públicos, de igual forma la inexistencia de laboratorios e implementos técnicos para coadyuvar a la integración de las averiguaciones y además, por supuesto la nula profesionalización o cursos de capacitación para los policías investigadores, que por parte del Estado debiera ofrecerse, convierten también a los integrantes del aparato de justicia en víctimas de este sistema.

Cualquiera sabe que las denuncias y por consiguientes la integración de los expedientes se multiplican y que la carga de trabajo, en cada mesa, lo mismo de los agentes del ministerio público como de los jueces, rebasan la posibilidad de resolver cada uno de ellos en el tiempo marcado por la ley. Es sabido también por el común de los ciudadanos, que este fenómeno, trae aparejada una gran cauda de corrupción y de venalidad, que alcanza como dicen los libros de algunas religiones, "hasta a los más justos".

De esta lamentable realidad se desprenden las estadísticas que el referido film enuncia en sus espacios, 95% de las sentencias en el DF son condenatorias, 93% de los reos nunca vieron la orden de aprehensión, 41% de los presos son torturados, mas del 75 % de los reclusos son alimentados por sus familiares y si a esto se agrega que mas del 90% de los delincuentes no son llevados ante un juez, se puede deducir que en México, el sistema judicial se encuentra viviendo vida artificial, pegado a los tanques de oxigeno de una sociedad que aun cree en él, aunque se encuentre indefensa y expuesta a sufrir los estragos de una injusticia.

En el libro "México y sus revoluciones" del doctor Mora, al referirse a la inquisición, posiblemente el antecedente más lejano de este sistema brutal de impartir justicia, se puede leer que en este tribunal... "que por escarnio se llamó santo"... el delator siempre permanecía oculto y que si el procesado no adivinaba su nombre, jamás llegaba a saber quien fuese... en todo el curso de la causa el reo estaba incomunicado, jamás podía tachar los testigos, pues nunca se le decía quienes eran, sólo se le entregaba un extracto del proceso, para que su abogado, que no podía elegir libremente, lo defendiera, al reo no se le notificaba la sentencia sino al momento de su ejecución. Funcionaba sobre la base de un secreto tan absoluto como la confesión misma. Para el procedimiento, bastaba una simple sospecha o una denuncia anónima. La averiguación iba acompañada de tormentos brutales que se aplicaban al acusado hasta arrancar la confesión.

El film de Layda Negrete y Roberto Hernández, cumplió su objetivo, pues además de mostrar estas réplicas de los inquisidores ha contribuido a poner en libertad a un reo sentenciado injustamente, pero ha dejado inconcluso su trabajo, pues después de días o años de investigación, el verdadero asesino sigue libre, paseándose por las calles, sentado quizá muy cómodamente en la butaca de algún cine, observando el film confundido en la multitud. Como decían los viejos pobladores de Los Altos Dios nos guarde.
 
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