Comarcas
La historia del Ánima de Sayula
El Occidental
2 de noviembre de 2010

Colaboración de María Isabel Sánchez Aldrete

Lo invitamos a celebrar al más puro estilo jalisciense el Día de Muertos hoy, recordando los originales versos que estilan calaveras alegremente versificadas por don Teófilo Mendoza, y que dan cuenta sobre "El Ánima de Sayula", leyenda que hizo que en un momento los habitantes de la población que se encuentra al sur de estado se avergonzaran, aunque hoy en día se coloca como un incentivo y atracción turística para el lugar y qué mejor que en estas fechas que se celebran a los muertos desempolvarla, conocer sus rimas y otras maneras de transmitirla.

Los versos del Ánima de Sayula fueron escritos hacia el año de 1871 por don Teófilo Pedroza, considerado el padre de la picardía mexicana, y cuentan la historia de un pordiosero -le llaman "ropavejero- de nombre Apolonio Aguilar, quien al no resistir el hambre y pobreza en la que vivía, le dice a su esposa que negociará con el ánima que se aparece en el panteón y que ofrece talegas de oro, pero tal parece que el susto que le viene no es tanto por el espanto de ver un ánima, sino por la propuesta indecorosa que le hace dicha ánima al pobre de Apolonio.



"Se dice, pues, que de noche

al sonar las 12 en punto

sale a penar un difunto

por las puertas del Panteón.



Que las gentes que lo ven

huyen a carrera abierta

y todos cierran la puerta

encomendándose a Dios.



Que por fin un desalmado

se encaró ya con el muerto;

más de terror quedó yerto,

patitieso y sin hablar.



Esto lo aseguran todos

y mi compadre José

me ha jurado por su fe

que también al muerto vio.



Y me asegura que el muerto

tiene la plata enterrada

y busca gente templada

con quién poderse arreglar".



Agradecemos la gentileza de los señores José Antonio del Toro y Martín Pérez Páez, por la invitación que nos hicieron para conocer la versión pictórica de esta leyenda en el mismo poblado, donde tienen su casa frente a la Plaza Principal y que alguna vez quisieron convertirla en sala de exposiciones.

Dada la inclinación artística de Martín Pérez Páez, logra un apoyo de la Secretaría de Cultura de Jalisco (a través de Paymac) para hacer varios cuadros al óleo, donde plasma los momentos más importantes de esta leyenda, el pánico y terror de Apolonio, además como informa el artista, siempre tuvo la precaución de cuidar los elementos típicos y costumbristas de la región: "Uno capta ciertos elementos y la idiosincrasia de un pueblo", asegura.

Este trabajo ofrece también la reflexión del propio artista Martín Pérez y elabora un epílogo de esta leyenda y que inicia así: "Apolonio Aguilar, en la primera abandonar el camino recto ofreciendo el recto para que le hagan rico y la segunda seguir de mendigo, pero digno e íntegro le hagan rico es el hecho ejemplar de no haber aceptado, de lo contrario esta historia almacenada en los archivos de la indiferencia, hubiera quedado (...)".

Por cierto, en el ingreso a su taller en los portales de la población, el artista tiene colocada una escultura del Ánima de Sayula con la que ganó un concurso, premio que le fue retirado por parecer la obra ofensiva, ya que por encima de su túnica se observa el abultamiento que trae el ánima desesperada por saciar sus instintos.



"¿Qué buscas por estos sitios

donde a los vivos espantas?

¿Si tienes talegas cuántas

me podrías proporcionar?



Me llamo Perico Zúrrez

dijo el fantasma en secreto,

fui en la tierra buen sujeto

muy puto mientras viví.



Ahora ando penando aquí

en busca de algún profano

que con la fuerza del ano

me arremangue el mirasol.



El favor que yo te pido

es un favor muy sencillo,

que me prestes el fundillo

tras del que ando tiempo ha.



Las talegas que tú buscas

aquí te las traigo colgando,

ya te las iré arrimando

a las puertas del fogón.



Lleno de sorpresa quedó

el pobrecito trapero

y echando al suelo el sombrero,

el infeliz exclamó:



Por vida del Rey Clarión

y de la madre de Gestas

¿qué chingaderas son éstas

que me suceden a mí?



Yo no sé lo que me pasa.

pues ignoro con quien hablo,

este cabrón es el Diablo

o mi compadre José.



Buena fortuna me hallé

en esta tierra de brutos,

donde los muertos son putos

¿qué garantías tengo yo?



Lo que me suceda a mí

es para perder el seso;

si los muertos piden eso

¿los vivos que pedirán?".