Opinión / Columna
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Antonio Ochoa García de Quevedo
La economía del conocimiento: realidad irreversible del siglo XXI
El Occidental
9 de febrero de 2010
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De acuerdo al destacado sociólogo y periodista norteamericano Alvin Toffler autor de una trilogía de libros que leí completa: "El shock del futuro", "La tercera ola" y "El cambio del poder"; en efecto, este prominente pensador y futurólogo afirma que la Historia de la humanidad se puede dividir o clasificar en tres partes: una etapa agrícola que abarca alrededor de 10 mil años, otro tramo industrial que comprende 300 años así como la era de las altas tecnologías que comienza hacia los mediados de la década de los años cincuenta del siglo pasado y en la cual estamos insertos actualmente. En este contexto histórico se puede señalar que ha habido tres diferentes Revoluciones Industriales: la primera que se inicia entre los años de 1735 y 1750 en Inglaterra, con el surgimiento del ferrocarril y la máquina de vapor al haber sido la hiladora hidráulica, aparecida en el año de 1769 su principal invención; la Segunda Revolución Industrial que comienza entre los años de 1870 a 1890 en los Estados Unidos, con la irrupción del automóvil y la consolidación de la producción en serie y a escala, mientras que la Tercera Revolución Industrial o Tecnológica se inicia a grandes rasgos, en 1955, en Europa y los Estados Unidos con la creación de los primeros microordenadores y microprocesadores los cuales después dieron forma a la fabricación de las computadoras y subsiguientemente dos o tres décadas después a la revolución de las telecomunicaciones, la informática y la nueva era de la sistematización de los conocimientos.
Lo anterior en su conjunto ha tenido una influencia decisiva en todos los campos de la actividad humana, que incluyen desde la economía, las finanzas, la producción y el trabajo; la política, el Gobierno y el ejercicio del poder así como en la educación, la investigación científica, la cultura, el arte, la sociedad y la vida familiar, misma que pasó del modelo nuclear a formas más diversas de composición. En ese sentido, para ilustrar el sorprendente crecimiento que tuvo la economía mundial en la segunda parte del siglo XX, propia de la Revolución Tecnológica, hay que decir que mientras que en el año de 1950 había en el orbe aproximadamente ocho mil empresas transnacionales, esa cantidad para el año 2000, se había incrementado a alrededor de 38 mil corporaciones multinacionales las que junto con sus 250 mil subsidiarias, controlan literalmente del 90 al 95% del comercio mundial. Esto ha puesto en entredicho la futura viabilidad de términos convencionales y tradicionales, como soberanía y Estados nacionales, al representar en la actualidad, estos últimos más que una ventaja comparativa, un impedimento para dar solución a los problemas económicos y sociales de su población.
Hay que resaltar que hacia los principios de la década de los años ochenta del siglo pasado, existía una estructura del comercio internacional a través de la cual los intercambios más cuantiosos, es decir productos con altas tecnologías se daban entre los países del Norte; de éstos hacia las naciones del Sur prevalecía una transferencia de tecnologías de segunda mano, a cambio de sus materias primas en tanto que entre los países del Sur prevalecía un intercambio casi nulo en cuanto carecía de sentido comercializar los mismos productos primarios. Esto vino a cambiar sustantivamente en la era de la globalización, al haber México exportado a los Estados Unidos, entre 1996 y el 2000, aprovechando la más impresionante época de expansión de la economía norteamericana desde el año de 1850 en que se registran estadísticas, como tasas de empleo e incremento del PIB: un millón de automóviles anuales y 25 millones de televisores a color al año, entre otros bienes elaborados por técnicos mexicanos, que revisten un grado de alta intensidad tecnológica derivado del Tratado de Libre Comercio.
Sin embargo además de la "Larga onda económica expansiva de la posguerra", que abarca de 1945 a 1975 en la cual la característica predominante fue, que tanto las naciones más industrializadas así como los países emergentes, crecieron esencialmente hacia adentro; en efecto el periodo más extenso y duradero de crecimiento económico interrumpido de 40 años lo protagonizaron de 1957 a 1997 las naciones del Sureste asiático: Corea del Sur, Singapur, Hong Kong, Tailandia, Taiwán, Malasia e Indonesia y esto se hizo realidad a partir de tres directrices estratégicas: dejar un sector de su economía con presencia gubernamental, destinado al abasto del mercado interno; orientar otra área de su planta productiva asignada a competir con éxito en los mercados globales así como desde mi punto de vista lo más relevante: reforzar la inversión pública y privada en una educación de calidad, fomento de la cultura y las artes así como para la innovación en ciencias y altas tecnologías de punta para el desarrollo propias de la economía del conocimiento.
En ese sentido podemos percibir al constatar que la economía posmoderna está centrada en el dinámico sector terciario de los servicios, incluyendo en estos últimos a los educativos; en efecto debemos comentar que hoy por hoy el crecimiento de calidad es indisociable de la inversión y la aplicación de tecnologías de punta, dado que el entorno económico, político, cultural y social está ciertamente condicionado e influido directamente por el fenómeno tecnológico, el que por otra parte hay que reconocer que influirá sustantivamente en la propia construcción del futuro. Al constatar que los Estados Unidos que cuentan con varios cientos de buenas universidades han sustentado su prosperidad en un excelente sector educativo con docencia e investigación científica de alto nivel, creemos así mismo ante los rezagos de la mayor parte de las naciones latinoamericanas con la excepción de Chile y Brasil, que nuestro país, concordando con la tesis de Héctor Aguilar Camín y Jorge G. Castañeda autores del ensayo: "Un futuro para México" debe orientar su porvenir económico y comercial con los Estados Unidos toda vez que Turquía, miembro como nosotros de la OCDE, hizo atrás una parte de su filiación cultural islámica y oriental para incorporarse a Europa Occidental y su Macro-Estado económico y político. Ante los lazos comerciales y de población que nos acercan a la Unión Americana creemos pertinente afirmar que si bien cultural e históricamente estamos unidos con Latinoamérica; hoy por hoy en los albores del siglo XXI, México forjara un mejor futuro viendo hacia el Norte.
* Catedrático universitario de la UNIVA.
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