Opinión / Columna
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José Luis Cuéllar de Dios
El caso Cabañas: distorsión profunda de valores
El Occidental
29 de enero de 2010
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No extraña, aunque alarma, la desmesura con la que se viene abordando el incidente en el que resultó gravemente herido el futbolista del equipo América, Salvador Cabañas, quien fue baleado por un desconocido. Desconocido hasta hoy, martes 26 de enero, en el momento que se escribe esta colaboración, pero seguramente muy conocido por los dueños y empleados del "antro" donde ocurrió la agresión. ¿Cuándo y como será aprehendido? Del tamaño del peso económico del agresor dependerá el tamaño de la justicia, en cuanto a severidad y rapidez, que se aplique en el caso.
Lo cierto es que la cita diaria de perplejidad y escepticismo a la que convoca puntualmente este país, hoy está a cargo de un futbolista, paraguayo por cierto, que al fin del día representa el modelo de ídolo que las masas de este país han decidido fabricar con todas sus buenas y malas consecuencias. Ídolos populares reverenciados hasta límites, que por momentos parecen patológicos y que en muchos casos, dada la extracción social y educativa de la que provienen, los hacen sentirse el ombligo del mundo y que en más de una ocasión se comportan burlones y desafiantes.
No se tienen, hasta hoy, más datos de lo que en el interior del antro capitalino ocurrió, antro que por cierto dibuja con cruenta realidad la penosa y grave divisa con que se conducen las cosas en este país: corrupción, impunidad e influyentismo en todo su oscuro apogeo. Tampoco creo que algún día los hechos se esclarezcan con exactitud, pero el caso despide un aroma muy similar al que ocurrió hace poco más de 35 años aquí en Guadalajara, con aquel famoso futbolista apodado "El Centavo" Muciño quien murió, también baleado, también en un "antro", por un personaje muy conocido socialmente. Ese aroma, al que me refiero, es producto de una combinación mortal: fama, dinero, faldas, alcohol.
Los medios de comunicación, todos, se han ocupado del caso, algunos lo han hecho sin seriedad ni rigor, muchos menos con mesura y objetividad. Hablar de complot, de acción de narcos, de pasión futbolística es deformar la realidad con afanes amarillistas, es construir una babel hecha de confusión, banalidad, torpeza y oportunismo.
Lo que le ocurrió al "americanista" Salvador Cabañas, al que evidentemente y primero que nada le deseamos una pronta recuperación, es una versión cotidiana de lo que ocurre en nuestro país, principalmente en las grandes ciudades: violencia urbana que genera, desde simples golpes físicos hasta pérdidas de vidas con sus lamentables consecuencias.
"Al que le toca le toca" reza el refrán popular, pero tampoco hay que ponerse en el tocadero; que tenía que andar haciendo a las cinco de la mañana en un "antro" un futbolista profesional, atleta comprometido con su profesión. Yo se los digo: se andaba poniendo en el tocadero. Tampoco se trata de que un joven de casi 30 años no tenga derecho a divertirse como mejor le parezca, pero el hecho demuestra, por lo menos, tomar riesgos que comprometen su ética profesional.
Por supuesto que el agresor es una persona que como muchos en esta época, le apuesta a la violencia para dirimir cualquier asunto por leve que éste sea. Se trata de un individuo que ha sufrido las modificaciones que provoca la visión diaria de la violencia en todas sus descarnadas manifestaciones. Sin conocerle, aun, podemos afirmar que es una persona que se ha inscrito en esa sociedad adoradora del dios dinero, del dios placer, del dios prepotencia.
Lo que deja el caso es un ejemplo más de levedades y frivolidades, levedades y frivolidades que dan cuenta de la profunda pérdida de ciertos valores. Me llamó particularmente la atención la rapidez con la que la Presidencia de la Republica envió un boletín de solidaridad. En un pais de penalidades indecibles resulta un tanto discriminatorio hacer pública dicha solidaridad, un telefonazo hubiera bastado. En fin una muestra más de esa desconcertante ligereza con la que se conceptualizan prioridades. Lo único verdaderamente real es que, por unos días, buena parte del país vivirá arrodillado ante la tragedia de un futbolista, todo por un delito más de los miles que se cometen en éste, por hoy, malhadado país. Amén de los amenes.