Opinión / Columna
 
José Luis Cuéllar de Dios 
Mis cuatro lectores
El Occidental
22 de enero de 2010

  Acuñada ingeniosa y atinadamente por Armando Fuentes Aguirre, el infatigable "Catón", la frase que da título a la presente colaboración encierra una pasmosa expresividad en cuanto a la alarmante disminución de lectores de periódico, sobre todo de las secciones de opinión y cultura. ¿Humildad o sagaz ironía la de "Catón"? Si el inspirado y ocurrente Fuentes Aguirre cuenta con cuatro lectores que será de nosotros los simples mortales. Ya lo afirman y aceptan su legión de seguidores que, con irreverente frecuencia, aluden su frase cuidándose de no superar la cifra de cuatro.

Con inteligencia, conocimiento y rigurosa seriedad, el tema de la vigencia de la prensa escrita y su probable desaparición, en un futuro inmediato, ha sido tratado por distinguidas y talentosas plumas. Muchas son las razones y aún más las causas que pudieran provocar tan lamentable fenómeno y que han sido puntualmente expuestas en los mencionados abordajes del tema.

Mientras esto sucede, si es que sucede; así pasó cuando llegó la televisión y se afirmaba que poco tiempo le quedaba de vida a la radio y ya ven ustedes, es tiempo en el que solamente no desapareció, sino que se ha fortalecido como vehículo de comunicación moderno en todo el mundo, vale la pena dar una mirada a las principales características que distinguen actualmente la prensa escrita.

Por principio de cuentas, del reducido número de lectores de periódico, la gran mayoría abre sus paginas para consultar, en este orden, las diferentes secciones: caricaturistas, deportiva, sociales, espectáculos, nota roja, noticias nacionales e internacionales, política, opinión y oh desilusión, finalmente la final: cultura, si es que estas dos ultimas se consultan y leen. Ocio, frivolidad, violencia, información, reflexión y aprendizaje parecieran ser las prioridades con las que vive el lector moderno.

Si lo anterior es válido, no resulta complicado explicar el matiz y énfasis con el que las diferentes cadenas periodísticas abordan la impresión cotidiana de cada diario.

En lo que respecta a información, el ciudadano común arrastra consigo un incontenible prurito por el cotilleo y el chisme. Más tinta ha corrido en los últimos meses por los casos "Juanito" y "Lucero mamá" que por temas financieros y laborales que tanto aquejan al habitante de este desolado país. El escándalo alrededor de personas y casos, frívolos e irrelevantes, venden más prensa que cualquier otro asunto.

Por más que los periodistas serios, cultos e informados se empeñen en analizar con certeza y profundidad los grandes temas nacionales, no alcanzaran a superar los cuatro lectores. No en balde se hacen peripecias para colocar en lugares estratégicos del periódico a ciertos analistas, sobre todo del tema político, para que el lector caiga en esos espacios.

Se trata de un fenómeno inquietante y contradictorio que por momentos interrumpe la respiración. Un ciudadano bien informado es un activo social importante, por lo tanto un periodista debe ser portador de palabras que sean útiles al lector. El mundo actual de la prensa escrita es una esfera compleja y abigarrada. ¿Tomará en cuenta la prensa escrita el infalible principio que educar es liberar?, o tan sólo parte de la base de que un mal chisme vende más que un buen artículo periodístico. Toda noticia requiere, en teoría, de impugnación y crítica, sin embargo la realidad parece contradecir este principio: el lector exigente está en vías de extinción, pareciera volverse prescindible, basta consultar la sección de cartas del lector que cada periódico propone para confirmar la poca participación del público.

Tradiciones perdidas por avances tecnológicos, afanes cuasi patológicos de lucro y notoriedad, vicios dominando virtudes, apresuramientos cotidianos impuestos por una vida de vértigo incontrolable, incontenible superficialidad con que se abordan los temas importantes, han provocado que cada vez menos la prensa escrita abra puertas y ventanas y sea partera de buenas nuevas. Entre tanto cada articulista, incluyéndome, seguirá escribiendo con esa extraña sensación de orfandad, ya que los únicos cuatro lectores que existen los ha conquistado Armando Fuentes Aguirre, "Catón". Amén de los amenes.
 
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