Opinión / Columna
|
Antonio Ochoa García de Quevedo
Belicismo y hambre: obstáculos para la vigencia del nuevo orden mundial
El Occidental
8 de diciembre de 2009
|
Si bien el siglo XX trajo consigo, a partir del inicio hacia mediados de la década de los años cincuenta, de la Tercera Revolución Industrial o Tecnológica, las más novedosas innovaciones, entre las que sobresalen la computación y el Internet, sin embargo hay que recordar que en dicha era en que cobró mayor relevancia la industria automotriz y se dio el surgimiento de la aviación y los vuelos espaciales, también se presentaron los más devastadores conflictos armados, como fueron la I y la II Guerras Mundiales. En efecto, la primera escalada de violencia internacional se presentó, entre 1914 y 1918, toda vez que hay que reconocer que la tardía participación norteamericana en dicho conflicto, se dio a partir de 1917, después de que los servicios de inteligencia ingleses interceptaran el "telegrama Zimmerman" dirigido del Gobierno alemán al mexicano en el que se daba constancia a la administración del presidente Venustiano Carranza que si nuestro país se unía a la causa germana ellos se encargarían de exigir la restitución de los territorios anexados en la guerra de 1848. Hay que recordar, que con la victoria de las naciones aliadas y la firma de los Tratados de Versalles en París en 1919, se impusieron fuertes sanciones económicas a Alemania, mismas que causaron un gran resentimiento entre su pueblo, situación que supo aprovechar Adolfo Hitler para llevar, a partir de 1939 a dicho país a iniciar la II Guerra Mundial.
Con todo, debemos admitir que dicha conflagración es la más violenta que haya conocido la Historia, misma que entre sus más indeseables consecuencias dio cabida al Holocausto de más de seis millones de judíos. En ese sentido, hay que tener presente que la intervención de Estados Unidos, que ocurrió a partir del día "D" de junio de 1944, al darse el desembarco de las tropas aliadas en las costas francesas de Normandía, en efecto dichas acciones militares navales decidieron el curso de la antes citada II Guerra Mundial, al abrirse el camino a la pacificación con los Tratados de Yalta suscritos en febrero de 1945, y los Acuerdos de Potsdam en julio de ese mismo año, toda vez que las últimas y más violentas agresiones tuvieron cabida con el bombardeo atómico a Hiroshima y Nagasaki a partir del 6 de agosto de 1945. Esto fue una respuesta tardía al ataque a Pearl Harbor, de la aviación japonesa a la flota naval militar del Pacifico de los Estados Unidos.
Contra lo que se pudo esperar, a partir de 1948 se inicio la Guerra Fría, que implicó una confrontación entre dos superpotencias ideológicamente antagónicas entre sí: la Unión Soviética y la Unión Americana. El primer escenario de dicha disputa fue la Guerra de Corea, librada de 1950 a 1953 en la que, por primera vez, se utilizaron los poderosos aviones jets bombarderos B-52, mientras que el segundo marco más importante de confrontación fue Vietnam. El en aquel entonces presidente de los Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy, tuvo la intención de concluir dicho conflicto, que le dejaba ganancias astronómicas a las fábricas de armamento, lo que le costó la vida al carismático estadista católico, de origen irlandés, al caer abatido, el 22 de noviembre de 1963, en la ciudad de Dallas, Texas por los impactos de las balas de las mafias asesinas. Su sucesor, el vicepresidente Lyndon B. Johnson, quien prestó juramento ante la Biblia a bordo del avión presidencial Air Force One, en viaje de regreso a la ciudad de Washington revitalizó la escalada bélica norteamericana sobre Vietnam y finalmente obtuvo la victoria el presidente Richard M. Nixon después de fuertes bombardeos ordenados por él con aviones B- 52 en 1972 a las posiciones del Vietcong. Sin embargo con el retiro de las tropas, en 1975, exigido por el Congreso demócrata de los Estados Unidos se consumó el triunfo comunista.
Es asimismo, verídico que tras los fracasos del presidente Kennedy, en la década de los años sesenta así como de Jimmy Carter en los setenta por llegar a la distensión y la paz con la Unión Soviética, a partir de 1981, el presidente Ronald Reagan lleva a cabo una retroalimentación sin precedentes a la industria y la carrera armamentística y pone en marcha el "Proyecto de la Guerra de las Galaxias" o "Sistema de Defensa Estratégico", de tal forma que cuando en 1984, los Estados Unidos, colocaron en el espacio un sofisticado mecanismo capaz de contrarrestar y disuadir por medio de rayos láser cualquier ataque nuclear de Rusia, con eso se pusieron a la vanguardia en el campo tecnológico, en el que se libró la verdadera disputa por el poder mundial, lo que desmoralizó al pueblo ruso y después, tras las reformas de Mijael Gorbachov, en 1985, con las que buscó renovar y democratizar el sistema socialista, condujo a la caída del Muro de Berlín, en 1989, y en 1991, al fin de la Guerra Fría, la cual al igual que los dos conflictos militares de la primera mitad del siglo XX, fue en efecto ganada por la Unión Americana.
En la actualidad debemos destacar, que tras el ataque militar norteamericano a Irak en el 2003, con el que se comprobó que Sadam Hussein no tenía armas de destrucción masiva, hecho que quedó constatado antes del comienzo de las hostilidades bélicas, lo que sin embargo condujo al apoderarse del segundo yacimiento más importante de petróleo en el mundo, después de Arabia Saudita a asegurar su abasto; ciertamente hay que destacar que desde entonces se ha dado una nueva carrera militar que alcanzó su culminación en el 2007, cuando el gasto armamentístico fue de un billón 59 mil millones de dólares, 80% del cual corresponde a Estados Unidos, ya que se tiene la certeza que con tan sólo disminuir dicha partida en un 5%, dichos recursos serían holgados y suficientes para evitar que cada año mueran de hambre y enfermedad 40 millones de personas en el África Subshariana según lo documenta el destacado escritor Carlos Fuentes en su libro: "Contra Bush". Como conclusión debemos decir que de no tomarse dichas medidas de política económica y social internacional se puede dar en el orbe un estallido mayor que el que derribó el Muro de Berlín, por lo que apremia, no sólo imprimir a la innovación tecnológica un notable grado de responsabilidad social, sino dotar al proceso de globalización propio de la era de la interdependencia de una nueva, moderna y avanzada regulación de las actividades financieras como condición necesaria para construir la prosperidad, el desarrollo con equidad y la pacificación mundial.
* Catedrático universitario de la UNIVA.
Columnas anteriores
Columnas anteriores