Opinión / Columna
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Julio García Briseño
Actividad filantrópica
El Occidental
11 de octubre de 2009
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"No debemos dar solamente lo que tenemos; debemos dar también lo que somos": Desiré Mercier.
Todos los días veo personas que se comprometen más y más con causas que ponen en acción sus creencias sobre la dignidad del hombre y de la mujer y un mejor camino para la sociedad.
Veo gente más deseosa de proporcionar que las cosas sucedan. Estoy seguro de que parte de este cambio proviene de reconocimiento de que la felicidad no se obtiene pasivamente; requiere de energía y compromiso. La actividad filantrópica es un gran camino para llegar a la alegría y a la felicidad.
Todas las religiones organizadas enseñan a sus seguidores que la felicidad viene, en parte, de amar y servir al prójimo.
Muchos filósofos han dicho que la felicidad viene de buenas acciones, los hechos correctos y la compasión; que el descubrimiento de nosotros mismos, la autoestima y la realización personal crecen a medida que compartimos (y sostenemos) a otros.
Esta ha sido la enseñanza de los grandes hombres por siglos, de Moisés y Buda, de Jesús y Mahoma. Pero en ausencia de razones prácticas para seguir este sabio consejo, su aplicación práctica en la vida de las personas ha sido limitada.
En las sociedades industriales muchos han considerado que la felicidad se obtiene amasando riqueza y poder. En las sociedades tribales, la interdependencia y el compartir se consideran aspectos esenciales de la supervivencia: una persona feliz es que contribuye al bienestar de los demás y de los que menos tienen.
"Todas las religiones organizadas enseñan a sus seguidores que la felicidad viene, en parte, de amar y servir al prójimo".
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