Opinión / Columna
 
José Luis Cuéllar de Dios 
El misterioso caso de las banquetas rotas
El Occidental
9 de octubre de 2009

  La avenida Vallarta, que corre de oriente a poniente en el tramo comprendido entre el precioso edificio de la rectoría de la Universidad de Guadalajara -me pongo de pie- hasta los simbólicos Arcos que terminan por rematar en la esplendorosa fuente de la Minerva, es quizá uno de los espacios más bellos y significativos de la Perla Tapatía, la otrora Ciudad de las Rosas. Pues bien, en este turístico corredor ocurre un misterioso fenómeno: las banquetas se encuentran destrozadas por obra y gracia de los errores, equivocaciones, omisiones, mala planeación, peor calidad y otros calificados "atributos" con que se ha conducido esta obra... y algunas mas, ¿o serán todas?

Comprobando la aseveración aquella de que la tortura es un buen -y rápido- método de comunicación, esta colaboración se encarga del tema porque el que esto escribe es uno de tantos afectados por este misterioso caso: ¿cuándo se van a terminar y cómo van a quedar, es todo un misterio? Además misterioso por aquello de que lo misterioso es expansivo, si no lo creen observen avenida Chapultepec o avenida 8 de Julio o López Mateos; en todos estos casos se llevan a cabo obras cuyo común denominador es que se encuentran sumergidas, en cuanto a calidad y tiempo, en un limbo indefinible. Los incumplimientos, el cinismo, la indiferencia y sobre todo la incompetencia se convirtieron en "aire de familia" inconfundible, por lo que a obra pública toca.

Fracasos estrepitosos en el terreno de la obra pública, por lo que se refiere a planeación cuya consecuencia primera es que el cumplimiento de las mismas se convirtiera en un mal crónico de incierto desenlace. Programas de obras desvirtuadas, negadas e incluso desproporcionadas, cuyos incumplimientos fueron justificados con un acostumbrado repertorio de gastadas excusas.

El asunto es mortificante, preocupante y altamente molesto. En la finca que me sirve como centro de trabajo han ocurrido las siguientes desgracias: Una empleada herida aquel martes 22 del pasado septiembre de la fuerte y copiosa tormenta: se tropezó con uno de los hoyancos y sufrió una fractura de tobillo, un auto descompuesto severamente ese mismo día, una fachada destrozada por el descuido de los operadores de máquinas y horas de trabajo perdidas por el bloqueo de la entrada. Si ya no tuvieron eficiencia por lo menos tengan caridad: terminen rápido y paguen los daños.

Eso que son oficinas administrativas, que si se tratara de comercio ya me imagino el daño causado -mi vecino es un restaurante que desde que se inicio la obra está más solo que panteón de pueblo de emigrantes-. Es verdaderamente lamentable que en este tipo de obras, indispensables aunque hay otras necesarias, no se le haya dado paso a la ganancia que significa la buena planeación.

Quizá lo que aquí se escribe tenga un acento altamente pesimista, pero dada la proporción y complejidad de los desafíos que enfrenta Obras Públicas de Guadalajara ante la inminente terminación de su administración y la cantidad y magnitud de las obras en proceso, las dudas e incertidumbres se convierten en un preocupante común denominador. Inexplicablemente todos estos proyectos se han convertido en una maraña de burocracia ineficiente.

Paradójicamente esta mala planeación se tornó en fuente de animadversión hacia el partido en el poder, ahí están los resultados en las elecciones como mejor ejemplo: la mediocridad y la indiferencia convertida en norma. Incapacidad, por otra parte, que ha resultado nefasta para la sociedad, los malos gobiernos conducen irremisiblemente al enfrentamiento de todos contra todos.

Hay que tratar de entender estos misterios: ¿por qué la burocracia, por qué la indiferencia, por qué la ineptitud? ¿Será acaso el concepto que ahora se tiene de política, serán las nuevas generaciones de funcionarios públicos? Tal parece que las aspiraciones políticas de las nuevas generaciones están matizadas por inquietantes y contradictorios motivos: grandeza, status, celebridad, poder, afanes de lucro y notoriedad. Si son éstas las nuevas metas de los políticos, malas noticias para una sociedad que ve, conforme pasa el tiempo, con recelo, desconfianza y hasta cierto grado de repudio a sus gobernantes.

Así las cosas el amable lector me dará la razón respecto a que el asunto de las banquetas se ha convertido en un misterioso caso, el que lo dude que se de una "vueltecita" por la avenida Vallarta, recuerden que las imágenes son más fieles que las palabras, ahora sólo queda esperar que ante el incumplimiento no se tomen medidas de paso: breves y apresuradas. Amén de los amenes.
 
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