Opinión / Columna
 
José Luis Cuéllar de Dios 
Michou y Mau
El Occidental
11 de septiembre de 2009

  La semana pasada mis amigos, los hermanos Delgadillo: Leonardo, Gerardo y Juan organizaron un desayuno con finalidad altruista; un trío de jóvenes emprendedores que han destacado gracias a su incansable trabajo en el ámbito de la gastronomía y que siempre tienen espacio y tiempo para apoyar a todo tipo de buenas causas. Si a esto se suma su enorme y apasionada afición a la más bella de todas las fiestas, la de toros, pues ya la hicimos.

Los asistentes tuvimos la oportunidad de conocer, por boca de su fundador, la prestigiada y admirable Fundación Michou y Mau y al mismo tiempo enterarnos de la impresionante y filantrópica labor que lleva a cabo dicha institución. Cuando Mauricio González, fundador, tomó la palabra, no pasó mucho tiempo para darnos cuenta que Michou y Mau es una institución nacida a partir del acento grave del dolor humano. Se trata de una historia estrujante, tan real que parece ficticia. El drama en toda su magnitud que a pesar del tiempo que ha pasado, provocó en Mauricio un par de lágrimas, lágrimas que ahora, creo, tienen sabor a generosidad.

La historia se resume en tan pocas palabras, que pareciera ser el asombro de un mal sueño, de una pesadilla que nadie está dispuesto ni siquiera a soportar como sueño, pero que por esos veleidosos misterios que tiene la vida, para la familia González-Lemaitre se convirtió en dolorosa realidad: "Michou (mamá) salva a dos de sus hijos del fuego y muere al intentar rescatar a Mau (Mauricio, hijo) y Camila (hija). Mau fallece posteriormente por no haber recibido a tiempo una adecuada atención médica especializada en niños con quemaduras severas. Camila logra su recuperación gracias al tratamiento que le dieron en el Shriners Hospital de Galveston, Texas, (sic del texto de un folleto promocional).

De un terrible accidente que en primera instancia dejó una huella de pánico y angustia en los personajes que la vivieron íntima y cercanamente, se derivó lo que ahora es una de las instituciones de mayor prestigio y trascendencia internacional en el tratamiento de niños quemados. De la tragedia a la superación, gracias a que sus protagonistas se dejaron habitar por el amor.

El mensaje que Mauricio nos ha dado ha sido sobrio y asertivo, pero de mucha relevancia. A través de los años la Fundación ha hecho un trabajo audaz y con rigor organizacional que garantiza evitar la torpeza cuando la tragedia apresa. Quienes por malditas casualidades llegan a vivir el drama, ya no tendrán que buscar a tientas y tropezones dónde acudir y en quién depositar la vida de sus seres queridos. Ahí está Michou y Mau con su certeza del saber, de la fe y del amor.

Son, por desgracia, demasiado frecuentes los accidentes que causan graves quemaduras a niños indefensos, esto se confirma recordando la reciente tragedia ocurrida en Hermosillo, tragedia que hizo palidecer al mundo. Cuantos de los padres que han pasado por tan terrible tragedia, quedan habitados por la incomodidad de la duda que provoca la pregunta de ¿habré hecho lo adecuado?

Mauricio habló del número de niños atendidos a lo largo del tiempo de existencia de la Fundación, habló de los millones de pesos invertidos, aquí en México, allá en Estados Unidos, para salvar vidas, habló de esfuerzos de personas que merecen la gloria, pero también, sin querer, desnudó lo que como sociedad en muchas ocasiones hemos dejado de atender, hemos hecho del altruismo: jugar el papel de filántropos, cuya mira está puesta en la notoriedad pública. Cuántas y tantas veces nos hemos comportado como una sociedad de altruismo marginal y desdeñoso. Cuántas veces asumimos el papel absurdo y egoísta de pretender que sólo el dolor propio es dolor. Junto a la exposición de Mauricio González se presentó la Fundación "Dibujando un mañana", que entre otras cosas y en estos momentos apoya a Michou y Mau en la recaudación de fondos. Para tal efecto se convoca a una cena el próximo noviembre aquí en nuestra ciudad (datos, lugar y precios en su momento se verán). Una buena oportunidad para hacer de la filantropía una forma de vida y no una experiencia ocasional. Amén de los amenes.
 
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