Opinión / Columna
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José Luis Cuéllar de Dios
Del "Dios no existe" al "Dios no es bueno"
El Occidental
4 de septiembre de 2009
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El 95% de los habitantes del planeta viven con la creencia en la existencia de un ser creador y supremo: Dios, cualquiera sea su interpretación. Las tres religiones monoteístas: cristianos, judíos y musulmanes, cubren casi el 40% de ese 95 de creyentes. El resto, se reparte en multitud de versiones teológicas, politeístas o monoteístas, todas ellas sustentadas en la firme creencia de un creador(es) del principio.
Un 5% se declara ateo o bien agnóstico, cerca de 350 millones de personas, que no es poca cosa.
Estadísticas, las anteriores, que al enfrentarlas contra la relación Dios-Religión se ven curiosamente deformadas; es decir: no necesariamente aquel que tiene la convicción de que todo lo creado es voluntad divina pertenece o practica alguna religión. La vieja disputa de si Dios creó al hombre, o el hombre creó a Dios, ha venido apareciendo con regularidad a lo largo de la Historia. Es indudable que los impresionantes avances en ciencia y tecnología han provocado enormes incertidumbres en lo que respecta a creencias religiosas, no así, o por lo menos no en la misma proporción, respecto a poner en duda la existencia de Dios. Por más avances científicos, por más sesudas reflexiones, técnicas, filosóficas y teológicas aún falta por contestar la gran pregunta: La maravillosa creación, cada día más sorprendentemente ampliada, más infinita ¿dónde y cómo dio principio?
Recién he concluido la lectura del libro escrito por Christopher Hitchens, "Dios no es bueno", cuya aparición se dio apenas el año pasado. Hitchens nació en Inglaterra hace 50 años, estudio filosofía, economía y política y su trayectoria ha sido muy destacada en los campos del periodismo y la literatura. Declaradamente ateo, es un hombre aparentemente obsesionado por el tema Dios-Religión. Lo digo en estos términos porque la forma que aborda sus teorías, sus postulados y reflexiones contiene un claro matiz agresivo, hacia Dios y hacia las religiones, principalmente las monoteístas. Su redacción aparece atiborrada de adjetivos descalificativos y ofensas sin piedad. Fiel a su posición de ateo siempre escribe la palabra Dios con minúscula, detalle nimio para los que somos tolerantes al respecto. Tolerancia que Christopher no parece practicar cuando al referirse a su libro comenta: "Los creyentes inteligentes pueden hallar también algún consuelo. El escepticismo y los descubrimientos los han liberado de la carga de tener que defender que su dios es un científico loco insignificante, patoso y lunático". Para cualquier creyente las afirmaciones anteriores ofenden y lastiman. Hitchens vive una época en la que el maravilloso derecho a la libertad de expresión le permite escribir de tal forma y además ser respetado.
Ya antes Hitchens escribió un libro cuyo titulo: "Mother Teresa in Theory and Practice" (1995). En él plantea su visión acerca de la vida de esta ejemplar mujer. Fiel a su posición, desbarata parte de la labor, indudablemente humanitaria, de la religiosa para a partir de ahí ratificar su "antireligiosidad" y su ateismo.
Por supuesto que la ciencia ha venido a modificar postulados religiosos producto de épocas en las que la misma falta de conocimientos científicos los podría hacer válidos. De ahí a lanzar furibundos ataques contra estos viejos postulados existe una clara diferencia, si vamos a plantear nuestras actuales convicciones hagámoslo en términos éticos, claros y respetuosos. Ni profetas, ni visionarios. Ni amenazas de castigos eternos, ni reverencias. Ni amargura ponzoñosa, ni cantos mesiánicos. Ni traiciones camaleónicas, ni cobardes debilidades. Admiro y respeto a todos esos hombres talentosos cuya convicción los hace negar a Dios, no por el mismo hecho y su muy personal ateismo, sino por su inquieta vocación de búsqueda. Pero también admiro ese misterioso don de la fe, que personalmente conservo y que me hace poder leer obras como "Dios no es bueno", lectura que incrementa mi fe y mi tolerancia, o recordar que hace 48 años Diego Rivera escribió en su mural del hotel Del Prado denominado: "Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central" la frase "Dios no existe" -con mayúscula- que fue borrada a martillazos y que en su momento causó polémica, y encontronazos. Suceso que provocó una curiosa paradoja: quien borró la frase fue un joven estudiante de ingeniería, Ricardo Ludlow clerical en ese momento y que tiempo después militó en las juventudes marxistas. Así pues en cuestión de creencias religiosas sigamos viviendo de asombro en asombro. En cuanto a la existencia de Dios, gracias Señor por existir. Amén de los amenes.
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