Opinión / Columna
 
José Luis Cuéllar de Dios 
Una rebanada de esperanza
El Occidental
7 de agosto de 2009

  Para nadie es un secreto que hasta ahora ni gobierno ni sociedad hemos sido capaces de crearles un mundo mejor a las personas con algún tipo de discapacidad. Nos hemos olvidado, en el mejor de los casos, o nunca enterado, en el peor de ellos, que una persona con discapacidad intelectual: Down, autismo, retardo mental y otros mil etcéteras son personas que no fingen, no engañan, seres en cuya mirada hay transparencia y profundidad, hay amor sin simulación.

En días pasados las Comisiones de Desarrollo Humano, Puntos Constitucionales y Derechos Humanos aprobaron por unanimidad la nueva Ley para Atención y Desarrollo Integral para personas con discapacidad, ley que por cierto dormía el sueño de los justos desde hace muchos meses. Con esto sólo falta turnarlo al pleno para que los diputados locales lo aprueben, se publique y entre en vigor.

Es una ley redactada, revisada y corregida con esmero y cuidado en la que participaron personas e instituciones cuya cercanía con la discapacidad les permitió redactarla con fuerza y calidad argumentaría. Instituciones y personas que sin dejar de escuchar la voz de la fe y del amor expusieron razonamientos y llevaron a cabo acciones lucidas, apasionadas y generosas que pronto permitirán que en materia de discapacidad nuestro estado acceda a una utopía realizable.

Jalisco era, hasta antes de la mencionada aprobación, uno de los tres estados de la Republica que carecían de esta ley. -Existe un Reglamento inoperante que mal hablaba de nuestra falta de solidaridad en esta materia-. Quizás parezca increíble pero en muchos sectores de la sociedad la visión que se tiene de las personas con discapacidad es aun incomprensiblemente terrorífica. Pareciera contradictorio que un mundo que avanza con largos y constantes trancos en temas de ciencia y tecnología no registre esos mismos grandes avances en materia de ética y justicia social. El mundo de la discapacidad sigue siendo un mundo de rincones claustrofóbicos y espacios de desesperanzas.

Pronto entrara esta nueva ley, contempla sanciones hasta de 12 mil pesos en algunos de sus renglones. Es deseable que como sociedad entendamos que las personas con discapacidad esperan de nosotros no una recaudación monetaria sino una actitud sincera que les otorgue algo de nitidez a su oscuro mundo, esperan un trato magnánimo, un acceso a la felicidad que como personas todos ellos merecen.

Nuestro mundo requiere de constantes ejemplos de solidaridad porque esta impide la indiferencia y se convierte en forjadora incansable de cohesión entre colectivos. Tomemos conciencia que muchas de las personas con algún tipo de discapacidad viven temerosas al no contar con identidad social. Acatar la nueva ley rescatara de la anonimia a todas estas personas que históricamente han estado esperando justicia, y que han aguardado pacientemente que se les rescate de de la discriminación y el abandono.

El estigma de discriminación que hasta ahora se aplica a la discapacidad es peor aun que la propia discapacidad. No olvidemos que basados en hechos históricos, la indiferencia, la intolerancia y la propia discriminación son ruinas de la raza humana. La ley en comento debe convertirse en algo así como un sistema de seguridad contra la discriminación. Por lo que a sanciones y multas se refiere, si bien no es lo más deseable deberá actuarse con la severidad que el caso exige.

Una nueva ley de protección que era de elemental justicia contar con ella, una ley que evite tantas soledades infinitas en el mundo de la discapacidad. No más incomprensiones y burlas. Cuida a la sociedad si quieres que ella te cuide. La discapacidad requería una ley, ya la tenemos, pero con ley o sin ley la discapacidad necesita y seguirá necesitando amor para resistir. Amén de los amenes.

AL SESGO

Todos, hasta los lectores necesitan descanso, por lo que con la venia, esta columna se ausentará durante un par de colaboraciones por razones de vacaciones.
 
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