Opinión / Columna
 
Por Correo Electrónico 
Entre el rencor y la lealtad
Organización Editorial Mexicana
8 de junio de 2009

  Para nadie es un secreto que el expresidente del PAN y dirigente de la secta "Organización Cristiana Democrática de América", Manuel de Jesús Espino Barrientos, no es de los adeptos pero ineptos amigos de Felipe Calderón.

Tampoco escapa del sentir popular que al no pertenecer al clan azul, ni ser amigo del "presidente" del Partido Acción Nacional, Germán Martínez Cázares, quedó fuera del reparto de las diputaciones plurinominales.

Sus diferencias en contra de la dirigencia panista la refleja en las frecuentes críticas en contra de la administración calderonista. Denuncia que "es ingenuo pensar que en el PAN sólo hay santos y que no esté infiltrado por el narco"; que Calderón "debe revisar la estrategia" de la lucha en contra del narcotráfico y que "sería nefasto" que los operativos contra el crimen organizado tuvieran dedicatoria electoral.

Pero Espino es la antítesis de la imagen tradicional del jesuítico dirigente o militante panista. Se le considera como un bravucón de cantina, rijoso, corrupto, miembro del ultraderechista Yunque y porro.

Su rencor hacia la cúpula de (¿su?) partido lo demuestra al señalar que el "presidente" de Acción Nacional, Martínez Cázares, no tiene una estrategia de campaña definida y lo retó a superar la cuota de 206 diputados federales que obtuvo cuando él fue líder del PAN.

También ha pronosticado un "mal resultado para el Acción Nacional" en los próximos comicios de julio, debido a la falta de congruencia de la dirigencia azul y que, dijo, algunos funcionarios federales panistas "hacen mal uso de los recursos públicos".

Y ha señalado que "sería ingenuo creer que en el PAN hay puros ángeles", y que sus candidatos están expuestos a ser penetrados por los narcos.

Es decir, que Espino Barrientos se comporta como líder de un partido de oposición al PAN.

La biografía del expresidente del partido del y en el gobierno no es para presumir. De catolicismo acendrado, dicen que para todo invoca a Dios, también se asume como peleonero, pero sus detractores lo califican solamente como "bravucón".

Fue nombrado director de la Oficina Descentralizada de Gobernación en Ciudad Juárez durante la administración de Francisco Barrio Terrazas. Cargo del que fue cesado por su protector, el entonces secretario de Gobierno, Eduardo Romero Ramos, el 5 de noviembre de 1993, por diversas denuncias de extorsión a un número no determinado de "giros negros", como bares, cantinas, cabarets y expendios de vinos, licores y cervezas.

De acuerdo con las quejas, el personal de inspectores de la mencionada oficina "sugería" cuotas de entre cinco y diez mil dólares mensuales a los dueños de dichos establecimientos para que "pudieran operar sin problemas".

Hasta las oficinas del funcionario estatal llegaron las evidencias de sus acciones de corrupción, de su estrecha relación con los dueños de "giros negros" y de su "afición" de recibir automóviles y muebles de los propietarios de esos negocios, así como la cuota mensual y en ocasiones "pagos en especie".

Su gusto por los buenos licores lo adoptó, primero cuando fue encargado de inspeccionar los centros nocturnos, bares y cantinas de la fronteriza Juárez, y después como jefe de policía en Hermosillo, Sonora.

Esa sana y alegre costumbre originó que fuera atrapado -5 de mayo de 2008- en estado etílico, detrás de un volante y en sentido contrario, en la capital de Sonora.

¿Manuel Espino Barrientos descarrilará las campañas proselitistas de su "amigo" Germán Martínez? ¿El expresidente del PAN tiene autoridad moral para censurar la estrategia de Calderón en contra de la delincuencia organizada?

¿Su rencor hacia la dirigencia del panismo se debe a que fue dejado fuera del reparto de curules? ¿Tendrá alguna información Manuel Espino para señalar que los candidatos del PAN pudieran estar infiltrados con dinero del narcotráfico?
 
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