Opinión / Columna
 
Guillermo Cosío Vidaurri 
Servicios de salud deficientes
El Occidental
1 de junio de 2009

  La epidemia o pandemia del virus A-H1N1 que tanto quebranto nos ha causado desde el punto de vista de la salud y además del económico, puso de relieve la deficiencia de los servicios públicos de salud, independientemente de que las autoridades correspondientes se empeñen en negarlo, sin demostrarlo.

Hasta el día 21 de mayo, la pandemia había arrojado cifras veraces acerca de todo lo acaecido en el orbe respecto de la incidencia en un resumen como nación nos deja mal parados; ya que en 41 países se habían presentado 11 mil 306 casos, de los cuales correspondieron 5 mil 764 a los Estados Unidos, 4 mil 8 a nuestro país, 719 a Canadá, 292 a Japón, 119 a España, 112 al Reino Unido, 73 a Panamá, 26 a Costa Rica y 25 de Chile, para citar tan sólo a los más destacados, correspondiendo la suma faltante para completar el gran total, a otras 32 Naciones.

Lo destacable de la información y que pinta las cosas en su justa dimensión, es el hecho de que en materia de defunciones como consecuencia de la influenza, México se llevó la palma con 78 fallecidos; en tanto que los Estados Unidos, sobrepasándonos en el número de infectados con mil 756, solamente registró un total de nueve muertos, y Canadá y Costa Rica únicamente tuvieron un deceso cada uno, para completar los 89 casos que hasta entonces se habían dado en todo el mundo.

¿Qué quiere decir lo anterior?, ¿que nuestros servicios médicos hospitalarios resultaron más ineficientes que los de los otros países? o bien, ¿que fueron más ineficaces las medidas adoptadas por las autoridades al no atender a los enfermos con la prontitud debida, lo que seguramente sí hicieron en otras naciones, tanto en las que dieron cuenta de muertes acaecidas en su territorio, como aquellas en las que afortunadamente no tuvieron víctimas fatales?

Por los medios de comunicación estuvimos enterados de que la influenza, detectada y combatida con oportunidad, no resultaba tan agresiva y letal como en un principio se supuso. Y tan fue así, que salvo los 11 decesos registrados entre Estados Unidos, Canadá y Costa Rica, los restantes fueron producto de fallas en la atención de los enfermos. De ahí que de 11 mil 306 que padecieron los síntomas, sólo hubiesen muerto 89, correspondiendo a nosotros la primacía en ese trágico capítulo.

Con vista a lo acontecido y dando por descontado que hemos recibido una dolorosa lección, bien harán las autoridades responsables del Sector Salud, tanto a nivel federal, como estatal y en su caso las municipales, extremar su atención en este aspecto.

Recuérdese la frase lapidaria de Fray Antonio Alcalde "La salud del pueblo es la suprema Ley".

Están latentes las quejas de los servidores públicos asignados a los establecimientos de salud, llámense del IMSS, del ISSSTE, de la SSa y de los hospitales municipales -en el caso de los existentes- señalando la carencia de fármacos adecuados, de material y equipo y de sueldos decorosos para médicos, enfermeras y personal auxiliar, acorde con el alto costo de la vida y del poco poder adquisitivo de nuestra moneda.

La demanda de los investigadores para que se les dote de mayores recursos es una constante, y sabido es que nuestros centros de alta investigación viven en condiciones de suma limitación; lo que provoca que no obstante la buena voluntad y empeño de los científicos mexicanos estemos a la zaga de otros países que cuentan con recursos apropiados para atender ese importantísimo capítulo de la ciencia médica.

Aquí en Jalisco, sería muy conveniente que el titular del Poder Ejecutivo de la entidad se decidiera a analizar a fondo lo que ocurre en la secretaría del ramo. Aún cuando el Gobernador se esmera en sostener contra viento y marea al titular, a quien él considera como ejemplo de eficiencia y eficacia en el desempeño del cargo asignado, lo cierto es: que son múltiples los comentarios en contrario y pueden ser considerados pan de cada día.

En ocasiones no está por demás que el capitán del barco revise lo que ocurre en las distintas cubiertas de la nave. Una mirada a tiempo evitará cubrir algún desperfecto en el casco, que de no atenderse con oportunidad puede hacer zozobrar la embarcación.

Ahora fueron las circunstancias de la influenza no detectadas oportunamente o no registradas correctamente las que motivaron dudas y reproches, aún cuando con posterioridad se hubiese tratado de enmendar la información.

Pero antes, fueron los problemas del dengue y sus secuelas, los que tampoco se trataron con la atingencia debida y está latente la cuestión de la varicela, en la que tenemos un deshonroso tercer lugar de incidencia.

En consecuencia: se requiere poner máxima atención en el aspecto de salud, si es que no queremos que mañana o pasado tengamos que lamentarnos de no haber sido capaces de actuar adecuadamente en un rubro tan delicado como ése.

Nunca es agradable que al Gobernante se le hagan llegar ingratas informaciones o llamadas de atención que puede juzgar improcedentes y que a la postre sean consideradas deleznables por estimarlas producto de insanas intenciones.

Pero cuando se tiene por delante el interés colectivo vale la pena escuchar a las voces disidentes o diferentes. Nada se pierde con oír y en su caso atender. Si las informaciones y los comentarios no resultan válidos, lo menos que puede hacerse es desestimarlos; pero si después de una fría investigación resultan ciertas o adecuadas, es conveniente tomarlas en cuenta aún cuando provengan de quienes son considerados adversarios políticos, ya que por encima de actitudes de carácter personal, producto de filias o fobias, están los grandes intereses colectivos.

Ojala que por el bien de los jaliscienses se extremen por el ejecutivo estatal, no solamente en programas de divulgación violatorias de la ley, las debidas atenciones que corresponden a algo tan importante como es la salud de nuestro pueblo y particularmente, la de los habitantes de menores recursos, quienes para curarse debe recurrir a los establecimientos oficiales, que como ya se dijo, mantienen muchas deficiencias.
 
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