Opinión / Columna
 
Guillermo Cosío Vidaurri 
En política: convencer para vencer
El Occidental
25 de mayo de 2009

  No se puede vencer al adversario, desde el punto de vista ideológico, si previamente no se le convence. No se puede obtener el voto de la ciudadanía si el aspirante a un cargo público, electoralmente hablando, no llega a convencerle de la bondad de los argumentos que ha utilizado con ese fin.

Desde hace tres semanas, es decir: a partir del 3 de mayo, estamos inmersos en una campaña política encaminada hacia dos vertientes: la vía federal nos llevará a elegir diputados para el Congreso de la Unión y la vía local, a hacer lo mismo respecto de representantes a la Cámara de Diputados del Estado, legítimamente llamada Congreso de Jalisco, y a quienes tendrán en sus manos los 125 ayuntamientos de la entidad, los cuales durante los próximos tres años a partir del 1 de enero de 2010, dispondrán de amplio presupuestos, acordes a la importancia poblacional de cada uno de ellos, para destinarlos a la función pública encomendada.

Lastimosamente en los últimos años las tareas públicas han sido ineficientemente atendidas, habida cuenta que en varios lugares los caudales han sido mal empleados y se han destinado a satisfacer el insaciable apetito burocrático y un incontenible afán de cubrir cuantiosas sumas para cubrir abundantes sueldos y jugosas prebendas, signo característico de muchos cuerpos edilicios sin distingo partidista.

Ha sido notorio el que para atribuirse salarios cuantiosos, los cuerpos colegiados, salvo honrosas excepciones, han sido uniformes. Sin recato alguno han actuado al mismo nivel pintos y colorados y tal parece que a la hora de asignarse estipendios, no han existido diferencias partidistas de ninguna naturaleza, habida cuenta que a la hora de votar por honorarios, bonos, viáticos y gastos de la más diversa índole, no ha habido diferencia entre azules, tricolores, amarillos, verdes, anaranjados o de cualquier otro color, dado que lo cromático ha sido lo de menos, en cuanto al signo de pesos que es factor unificante.

¡Qué deseable sería que las actuales campañas políticas se estuviesen realizando dentro de un marco muy especial, en el que los aspirantes a cargos públicos hiciesen un concienzudo análisis de lo que ha significado el comportamiento negativo de aquellos funcionarios a quienes aspiran a relevar y que, al valorar justamente las fallas y errores en que éstos han incurrido, se propusiesen abiertamente no secundar sus negativos ejemplos, proponiéndose cambiar el cartabón de derroche en que ahora se han insertado, por una conducta honesta en la más amplia acepción del término. Honesta en cuanto se refiere al manejo de los recursos públicos, y honorable en lo que toca al cumplimiento del cargo desempeñando con eficiencia y eficacia las responsabilidades que conlleva!

Las tareas a que aspiran son muy nobles y meritorias; pero para que así se consideren, requieren del individuo espíritu de renunciación a cualquier interés particular y a todo apetito malsano, es decir: el afán de apropiarse de recursos colectivos para acrecentar los propios a costa de sangrar ilegalmente el erario público.

Quienes pretendan acceder a la función pública, llámense diputados o munícipes y deseen ser electos el 5 de julio próximo, harían bien en hacer examen previo de conciencia. En valorar las tareas que aspiran a desarrollar y dejar perfectamente establecido, sin reticencia alguna, si están en condiciones de comportarse con un alto sentido ético, renunciando de antemano a cualquier afán avieso de servirse del cargo tan sólo para colmar sus apetitos personales.

Deberán estar convencidos de la importancia social de sus encargos y de lo importante que resultará para la sociedad el hecho de que cada uno de ellos se esmere en cumplir su tarea a niveles de excelencia.

Por otra parte, estimando el fragor de la campaña en que estén inmersos, deben aceptar que la política electoral tiene que ser creativa y que deja de serlo cuando se conduce por el sendero de la diatriba, de la infamia, de la calumnia y de la denotación al adversario.

Tiene que tener en cuenta que debe hacerse con base en ideas, de exposición de principios, de reiteración de postulados irrenunciables, y de válidas propuestas que lleven al electorado y sufragante potencial, mensajes claros que le permitan apreciar la oferta del candidato y de esta guisa, ponderarla con otras diversas que seguramente habrá de recibir a lo largo de una campaña política, por aspirantes para el mismo cargo u objetivo.

Es dable decir, sin temor a exagerar o a inventar supuestos, que las actuales campañas no han tomado hasta ahora un sentido auténticamente propositito.

Falta que precisen con exactitud sus aportes programáticos y no se contenten con hacer planteamientos superficiales referidos a cuestiones un tanto irrelevantes, aún cuando puedan ser considerados interesantes desde el punto de vista de la oportunidad.

Los candidatos deben de pensar en el futuro. Tienen que concebir planes y proyectos que vayan más lejos que el momento. Los congresistas tienen que fijar caminos para los tres años en que aspiran ser representantes populares y los ediles deben considerar una etapa más amplia en su desempeño, ya que tienen obligación de ver, por mucho, hacia delante. Los municipios no tienen que ver constreñida la labor de sus munícipes tan sólo en los tres años que dura su ejercicio; los ciudadanos esperan algo más de parte de éstos, a fin de que las colectividades vislumbren soluciones de estado a sus problemas, tanto a corto como mediano y largo plazo.

¡Ojalá que esta campaña permita al electorado valorar a conciencia las alternativas que se les ofrecen!

¡Qué importante resultará el que los electores se resuelvan por los mejores candidatos, ponderando ofertas, para que así apoyen con su voto a quienes consideren más capaces de cumplir promesas, no dejándose llevar por atavismos conductuales que en nada favorecen a una correcta solución!

¡Por el bien de Jalisco y de los jaliscienses, estamos en el tiempo en que debe elegirse a los mejores!
 
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