Finanzas
Cumbre del G20 permitirá medir el calibre internacional de Sarkozy
La Cumbre del G20 será su oportunidad para lanzar propuestas que eviten la bancarrota del sistema financiero mundial y tranquilicen a los mercados. Foto: AP
Organización Editorial Mexicana
13 de noviembre de 2008

Carlos Siula / Corresponsal

París, Francia. (OEM-Informex).- La próxima Cumbre del G20 en Washington permitirá calibrar la real dimensión internacional de Nicolas Sarkozy. El presidente francés se convirtió hace dos meses en el principal promotor de esa conferencia que -por lo menos en teoría- se propone "refundar el sistema financiero mundial".

Los esfuerzos de Sarkozy, sin embargo, tropiezan con las rivalidades europeas, el recelo de Estados Unidos y -para decirlo rápidamente- una actividad vertiginosa que desconcierta y que, tanto sus aliados como sus adversarios, atribuyen a una desmedida ambición de supremacía.

La oportunidad para actuar de esa manera surgió de una imprevista configuración de los astros políticos y económicos: la tormenta bancaria y financiera que se agudizó a principios del segundo semestre de 2008, precisamente cuando Sarkozy ejercía la Presidencia "pro tempore" de la Unión Europea (UE).

La crisis le dio el pretexto para ubicarse "en el ojo del huracán" financiero más grave que conoció el mundo desde la gran depresión de 1929.

Sarkozy tomó conciencia de la gravedad de la situación en septiembre -probablemente antes que otros dirigentes occidentales- cuando viajó a Nueva York para hablar ante la Asamblea General de la ONU. Su llegada coincidió con el derrumbe del banco Lehman Brothers. Cuando volvió a París, alarmado por la dimensión de la hecatombe, creó una célula de crisis y comenzó a reunirse todas las tardes con un grupo de economistas y expertos, rápidamente bautizado "los visitantes del crepúsculo" (ver recuadro).

Fue precisamente en uno de esos "brain storming" que algunos de sus consejeros, al advertir el vacío de poder que existía en Washington y en otras capitales occidentales, le sugirieron tomar la iniciativa para evitar la bancarrota del sistema y tratar de tranquilizar a los mercados.

Durante esa última semana de septiembre, en los medios financieros de Europa corrían versiones cada vez más alarmistas sobre la solidez del banco suizo UBS, el banco de gestión de fortunas más grande del mundo. Con 70 mil empleados a través del planeta, la UBS administra una cartera de 2.1 billones de dólares.

"Si después de Lehman Brothers cae la UBS, se desplomará todo el sistema", pronosticó en términos apocalípticos uno de "los visitantes del crepúsculo".

Para aumentar los temores, el ministro suizo de Finanzas, Hans-Rudolf Merz, no pudo resistir la tensión y el 22 de septiembre cayó fulminado por un ataque cardíaco, que lo obligó a sufrir un quíntuple "by pass".

Consciente de las amenazas que pesaban sobre la economía mundial, Sarkozy consultó al expresidente Valéry Giscard d'Estaing y al exprimer ministro Edouard Balladur, dos de los hombres que mejor conocen la trama secreta de la economía mundial.

Fue en esas horas criticas que Sarkozy decidió levantar el teléfono y comenzar a llamar a sus homólogos europeos para tratar de armar un dique de contención. Así nació la miniCumbre celebrada el sábado 4 de octubre en el Palacio del Elíseo, que culminó con un ambiguo comunicado que no alcanzó a apaciguar la histeria de los mercados: Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia, apenas se comprometieron a intervenir en caso necesario para respaldar a los bancos en dificultades, pero no llegaron a un acuerdo para crear un fondo de rescate.

La culpa de ese fracaso se debió, en gran parte, a Angela Merkel. La canciller alemana bloqueó todos los proyectos de rescate y "demoró varios días más" en apreciar la gravedad de la situación.

Fue en esa ocasión cuando, por primera vez, Sarkozy propuso convocar a una Cumbre internacional para "refundar las reglas del capitalismo financiero".

Para no "tropezar dos veces con la misma piedra", la nueva conferencia organizada en el Palacio del Elíseo el 12 de octubre fue ampliada a los 15 países que integran la zona euro.

Ese cónclave -mejor preparado, pero en un contexto más apremiante-, permitió desbloquear un paquete de 2.5 billones de dólares. Esa suma colosal, que representaba el esfuerzo financiero más ambicioso realizado por Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, fue destinada a sostener los planes de rescate instrumentados en cada país para garantizar los préstamos interbancarios y recapitalizar a los bancos en dificultad.

Pero el aspecto crucial de esa cumbre fue el respaldo acordado por el primer ministro británico Gordon Brown al proyecto de promover una cumbre destinada a "refundar el sistema financiero mundial".

"El mundo necesita un nuevo Bretton Woods", insistió Sarkozy. Así nació la idea de esa conferencia que fue inmediatamente bautizada como "Bretton Woods II".

Acompañado por Barroso, Sarkozy viajó el fin de semana siguiente a Washington para arrancarle a George W. Bush un acuerdo necesario para organizar la cumbre antes de fin de año, es decir, durante su mandato como presidente "pro tempore" de la UE. Al cabo de largas discusiones se acordó que la conferencia se realizaría el 15 de noviembre.

Inicialmente prevista como una Cumbre del G8, Sarkozy logró también que la diplomacia política (el Departamento de Estado) y la diplomacia financiera (el Departamento del Tesoro) aceptaran su idea de ampliar la reunión a las grandes potencias emergentes. El marco del G20 parecía el más apropiado en ese sentido. Ese grupo creado en 1999 -después de las crisis de Rusia y Asia- representa dos tercios de la población mundial y 90 por ciento del producto bruto del planeta. Pero segrega a algunos influyentes países europeos -como España y Holanda-, que comenzaron a dar puñetazos en la mesa para reclamar una silla en las negociaciones de Bretton Woods II. Holanda mirará desde la ventana, mientras que José Luis Rodríguez Zapatero consiguió que Sarkozy le cediera uno de los dos lugares que tiene Francia (como miembro del G8 y como presidente de la UE).

Además de esa fisura en la unidad europea, el Presidente francés cometió otro error táctico cuando propuso crear un "Gobierno económico" para la zona euro. Sarkozy justificó su proyecto con el argumento de que Europa "debe liderar la idea de una refundación del capitalismo mundial".

"No es posible" que los 15 países de la Eurozona continúen "sin un Gobierno económico claramente identificado".

Alemania y otros países rechazaron esa idea porque sospechaban -sin duda con razón- que Sarkozy pretendía institucionalizar un instrumento de "monitoreo político de la zona euro" de alto nivel para contrabalancear el poder que tiene en BCE gracias a su independencia. Pero detrás de esa iniciativa se escondía también su ambición de perpetuar de alguna manera el poder de alcance regional que aprendió a saborear como presidente "pro tempore" de la UE.

Un documento preparado por Francia con 14 propuestas de reformas fue tantas veces reescrito y enmendado que, por ahora, quedó en un enunciado de buenos propósitos.

Para tratar de unificar la posición de la UE, Sarkozy organizó el pasado viernes 7 de noviembre una cumbre en Bruselas, que sólo pudo definir las grandes líneas de la "arquitectura financiera internacional" que desea promover Europa.

Si bien todo el mundo está de acuerdo en eliminar los excesos y perversiones del sistema, nadie cree que la Cumbre del 15 de noviembre en Washington pueda adoptar decisiones concretas. La primera razón de esa reserva es la probable ausencia de Barack Obama, que mostró poco interés en participar en una negociación de esa importancia antes de haber asumido oficialmente. Estados Unidos es reticente a la idea de transformar por completo el sistema. Por ahora, la Casa Blanca admite sólo la necesidad de modificar los aspectos más "peligrosos" del sistema, como los el funcionamiento de los mercados altamente especulativos de productos derivados y mejorar los sistemas internos de control en los bancos, compañías de seguros y entidades financieras. Pero rehúsan todo tipo de regulación o de control excesivo.

La conferencia del 15 de noviembre probablemente se limitará a definir una agenda global y un calendario de negociaciones.

Para Sarkozy, esos mínimos resultados serán una victoria porque su ambición sobre este tema es ser reconocido como el estadista que lanzó el Bretton Woods II. Eso le asegura que los libros de historia incluirán su foto junto a la de John Maynard Keynes, el artífice de los acuerdos de 1944.