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Opinión
![]() Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Amundsen y Scott
El Sol de México
26 de noviembre de 2006
La conquista del Polo Sur
El explorador noruego Roald Amundsen fue el primer hombre que franqueó el Paso del Noroeste, fijó el Polo Norte magnético y descubrió el Polo Sur. El británico Robert Falcon Scott fue un profundo conocedor de la Antártida, y todo el esfuerzo de sus capacidades físicas y voluntad se dirigió a alcanzar el Polo Sur. Ambos exploradores entraron en una competencia leal, haciendo lo suyo cada cual, que se convirtió en aquellos años de principios de 1900 en una noticia mundial, contando con el apoyo del público que seguía las andanzas de la hazaña tan puntualmente como se divulgaba. Scott y Amundsen tuvieron muertes trágicas, en esa ronda de la hazaña del Polo Sur y del Polo Norte. LOS INGLESES NO SABEN PERDER Amundsen y sus compañeros llegaron al Polo Sur el 14 de diciembre de 1911, y permanecieron allí tres días. Esa formación gélida era una meseta a la que nombró tierra del rey Haakpn VII. Se izó la bandera noruega, y él y su grupo regresó triunfalmente a su base de partida en la bahía de Whales el 25 de enero de 1912. Scott llegó al Polo Sur un mes después de Amundsen, el 17 de enero de 1913, falleciendo en el viaje de regreso. La logística del noruego triunfó sobre la del británico. Sin embargo, parte de ese público atento a la expedición se sentía culpable de no haber hecho casi nada para apoyar a Scott, que había solicitad apoyo económico para su viaje, y eligió exaltar el fracaso de Scott a la victoria de Amundsen y se le negó el crédito que el noruego merecía. Amundsen comentó: "De una manera general, los ingleses son una raza de malos perdedores. Lo que ellos llaman suerte, yo prefiero nombrarlo planeación". En los hechos, la logística de Amundsen se impuso a la de Scott. Hacia finales de 1912 visitó Inglaterra, poco antes de que Scott alcanzara la meta polar, y pronunció una conferencia que, en opinión de Kathleen Bruce, la esposa de Scott, fue "modesta, pero sumamente aburrida". Luego se le ofreció a Amundsen una comida en la Royal Geographical Society, y su presidente, Curzón, dijo el discurso de bienvenida que concluyó solicitando: "En consecuencia, yo propongo tres hurras por los perros". La ovación tenía un profundo sentido satírico y desdeñoso tanto hacia los nobles y capaces animales como hacia Amundsen. LOS PERROS DE AMUNDSEN En enero de 1911, Amundsen llegó a la Bahía de Ballenas, 90 kilómetros más cerca del Polo, y descargó sus perros, trineos y provisiones. Como Robert Peary, el primero en llegar al Polo Norte, Amundsen utilizó equipos de perros para arrastrar sus trineos. Estaba consciente de la importancia de la carne fresca en la dieta de sus hombres y elaboró un eficiente pero duro plan para utilizar sus perros tanto para arrastrar los trineos como para que le proporcionaran carne fresca en caso de necesidad. La ventaja de los perros en la nieve era múltiple: mayor velocidad que los ponis, posibilidad de cargar con suficientes provisiones los trineos y, en el caso de que se agotaran los víveres, un último recurso: comer a los propios animales. "El día que sea preciso cuando tengo planeado matar a cada perro, será cuando deje de ser útil para arrastrar los escasos alimentos sobre los trineos y empiece a ser útil como alimento para los hombres", advirtió el noruego. Su grupo constaba de ocho hombres con 118 perros, en tanto que el grupo de Scott, integrado por 33 hombres, estaba apoyado sólo por 33 perros y 17 ponis. SACRIFICA 40 CANES Amundsen y los suyos avanzaban a siete kilómetros por hora, sobre skies y con sus ligeros trineos jalados por los perros. Avanzaban con ímpetu y firmeza. El 12 de noviembre abandonó su último depósito de resguardo, estando a 84 grados sur y casi al pie del gran glaciar Alex Heiberg, el cual remontaron en las dos semanas siguientes. El 4 de diciembre, "con todo el dolor de mi corazón, pero con firmeza", 40 perros fueron sacrificados. La carne fresca necesaria para los humanos. Los perros en principio se niegan a comer a sus propios muertos, "tienen que estar absolutamente hambrientos antes de aceptar comer a los de su especie". El tiempo comenzó a empeorar y una tempestad de nieve se abatió contra los expedicionarios, causándoles dolorosas quemaduras por frío y la temperatura descendió a 43 grados centígrados o 44 grados Fahrenheit. El 14 de diciembre de 1911 izaron la bandera noruega en el Polo Sur. En la fotografía de la hazaña, al lado izquierdo, a unos metros de Amundsen y tres de sus hombres bajo la bandera de su patria desplegada al viento, puede observarse un perro mirando la cámara de frente. Un cabal homenaje a los suyos que hicieron posible la conquista de la meta. LOS PONIS DE SCOTT Lo primero que hizo Scott, además de emprender una campaña para recolectar fondos, fue pedirle su opinión a Nansen sobre su plan de utilizar ponis de Manchuria para el arrastre de los trineos y no le hizo caso a su advertencia de que mejor utilizara perros: "Suponga que no tiene éxito la primera vez", le preguntó Fridtjof Nansen, el primer hombre que cruzó la capa de hielo en Groenlandia, a lo que el británico respondió: "Nos quedaríamos muy contentos allí hasta lograrlo". Para mejor comprender a Scott, habría que señalar que en su grupo expedicionario estaba el capitán de caballería Lawrence Oates, que amaba los caballos y sabía manejarlos. De allí su decisión para valerse de los ponis. El primero de junio de 1910 se embarcó con los miembros de su equipo, incluyendo al teniente Edward Evans, su segundo en el mando; a Oates y al doctor Edward Wilson, uno de sus mejores amigos. El equipo y la vestimenta de Scott y sus compañeros, además de tres trineos de motor, eran los convencionalmente utilizados en la Marina. En cambio, Amundsen, tanto como Peary, que habían estudiado la forma de vida esquimal, iba a demostrar en la práctica estar más eficientemente equipado para emprender el reto y conseguir la meta. El grupo de Scott estaba integrado por 33 hombres, 33 perros y 17 ponis. En 17 de febrero, Scott había perdido ya cinco perros y ocho ponis, y obstaculizado por el bromoso equipo iba a la zaga de Amundsen que avanzaba más ligero. SCOTT, SEGUNDO EN LLEGAR A finales de diciembre, en pleno verano polar, comenzó el ascenso del glaciar Beardmore, precisamente en el Ross Ice Shelf. La primera parte de la expedición se apoyó en los trineos motorizados, mas dado su carácter experimental, éstos fueron abandonados para la parte medular del viaje. En ese momento entraron en acción los ponis. El 17 de febrero habían muerto cinco perros y ocho ponis, y en consecuencia los expedicionarios debieron cargar sus provisiones, lo que dificultó enormemente el avance. Les llevó varios días azarosos remontar los tres mil metros del terrible glaciar Beardmore. Conseguido esto, Scott y los suyos se vieron obligados a recorrer trabajosamente los mil kilómetros que los separaban del Polo y avanzar a pie, sobre la nieve suave y arenosa antes de llegar a la plataforma polar. El 4 de enero el asalto final lo llevaron a cabo solamente Scott, Wilson, Oates, Evans y Bowers, desde el depósito de Three Degree, a 224 kilómetros de su objetivo. Catorce días después llegaron a la meta, donde encontraron la bandera noruega ondeando desde un trineo abandonado. "¡Gran Dios!", exclamó Scott. "Este es un lugar terrible para nosotros que nos hemos esforzado por llegar a él, sin tener la recompensa de ser los primeros. Bueno, ya es algo el haber llegado hasta aquí y el viento puede ser nuestro amigo mañana". LA TRAGEDIA DE SCOTT Durante el atormentador viaje de regreso, de mil 200 kilómetros a Cabo Evans, desde donde partió la expedición de Scott, los cinco hombres continuaron cumplidamente recogiendo muestras científicas a pesar de estar exhaustos. Oates y Evans tenían varias partes del cuerpo congeladas y, encima, Evans cayó en una grieta para reaparecer afectado de sus facultades mentales. Desvariando, murió el 18 de febrero. Oates comenzó a desfallecer. Sus pies congelados se habían puesto negros y sus dedos estaban gangrenados. El 10 de marzo, en la tienda de Scott se agotaron las raciones de "eternidad", las 30 tabletas de opio con las que cada hombre podía poner fin a su vida. Todavía siguieron hasta el siguiente depósito donde todavía había alimento almacenado, recorriendo pesarosamente 75 kilómetros y comieron. El 16 de marzo, Oates anunció que no podía moverse y pidió que lo abandonaran. Se negaron a hacerlo y él logró proseguir la marcha un día más. Por la noche, mientras estaban acurrucados en su tienda, Oates dijo: "Voy a salir un rato" y se perdió en medio de la tormenta de nieve. Scott escribió en su Diario: "Sabíamos que el pobre Oates iba caminando hacia su muerte, pero aunque tratamos de disuadirlo, sabíamos que era el acto de un hombre valiente, de un caballero inglés". Dos días más tarde levantaron su último campamento, confinados en él por la tormenta que los azotaba un día tras otro. El 29 de marzo llegó el final para todos. Scott fue el último en morir. Los cadáveres fueron hallados el 29 de noviembre por Tryggve Gran, el explorador que finalmente encontró la tienda tras intensa búsqueda. Los de Wilson y Bowers se veían llenos de paz, pues las tabletas de opio habían hecho lo suyo, y el de Scott yacía medio salido de su saco de dormir, con un brazo extendido hacia Wilson. LA ULTIMA ANOTACION EN SU DIARIO El 29 de marzo Scott escribió: "Todos los días hemos estado listos para salir hacia nuestro depósito, a sólo 16 kilómetros de distancia, pero fuera de la tienda la nieve sigue cayendo en remolinos. No creo que podamos esperar que mejoren las cosas ahora. Aguantaremos hasta el fin, pero nos estamos debilitando cada vez más y, por supuesto, el fin no puede estar lejano. "Es una lástima, pero creo que no puedo seguir escribiendo. R. Scott. Por amor de Dios vean por nuestras familias". Estas son las últimas palabras que puso en su Diario. Junto a Scott estaban las cartas que había escrito a las viudas de Wilson y Bowers, y a su propia esposa e hijo. Tenía 44 años de edad. LA MUERTE DE AMUNDSEN Humberto Nobile era un general y aeronauta italiano que comandó la desgraciada expedición italiana al Polo Norte, realizada en 1928 a bordo del dirigible "Italia". Este sufrió un accidente y quedó destruido en las regiones polares. Nobile y su compañeros sobrevivientes de la catástrofe enviaron un mensaje radial pidiendo socorro e inmediatamente, desde diversos países cercanos al Polo, varias expediciones marcharon en su auxilio. Una de éstas la encabezó Amundsen con cinco compañeros. Los socorristas partieron de Tromso, Noruega, pero ya cerca de Spitzberg hubo un accidente en el que Amundsen perdió la vida; sus restos nunca fueron encontrados. Tenía 56 años de edad. Columnas anteriores
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