Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Henriette Von Schirach

El Sol de México
5 de noviembre de 2006

La discípula del "otro" Hitler

El 27 de enero de 1992 falleció en Berlín, Henriette Von Schirach a los 79 años de edad. Vivía modestamente de las regalías que obtenía mensualmente de sus libros. No más de entre 500 a 700 marcos. Nunca se arrepintió de nada, de su vida y pasado como fervorosa admiradora de Adolfo Hitler y convencida nacionalsocialista.

Su libro de memorias "El precio de la gloria", publicado en 1955 causó mucho interés por ser la obra de quien se consideró siempre "la más ferviente discípula de Hitler" a quien ella nombraba "tío".

En 1980 publicó otro libro con el título "Anécdotas en torno a Hitler", que no obtuvo mayor reconocimiento, el cual, según el texto de la presentación de la editorial Starnberg: "Es un libro especial que mostrará de una vez al otro Hitler, el alegre, el compasivo, el agradable austriaco, el embriagado artista, el ingenioso lleno de ocurrencias".

En otra obra, "Mujeres alrededor de Hitler", editado en Munich en 1983, cuenta Henriette: "Hitler venía a vernos todas las tardes. Mi padre dormía, tenía que levantarse muy temprano, y yo tenía que practicar el piano en el cuarto de al lado. Hitler llamaba una vez, y yo le abría. Se sentaba a nuestra enorme mesa de trabajo y hojeaba revistas. Entretanto yo tocaba el piano, luego cogía un taburete y tocaba para mí la 'Annenpolka'. Me contaba la historia de los nibelungos, la leyenda del tesoro del fondo del Rin y del rey de los enanos, Alberico".

El padre de Henriette era el fotógrafo Heinrich Hoffmann, quien llegó a ser el reportero oficial del Tercer Reich y el fotógrafo de la vida privada de Hitler. El mismo "artista de la lente" que presentó a Eva Braun al Führer.

LA NIÑA DE HITLER

Cuando Hitler conoció a Henriette ella tenía ocho años de edad y era una niña muy despierta, inquisitiva y simpática y de gran inteligencia.

La chica nació el 3 de febrero de 1913, en el número 39 de la Georgenstrasse, en el barrio de Schawabing, en Munich. Teresa Baumann, su madre, la llamaba "Henny", afectuosamente. Teresa era una modelo, de "mirada tímida y baja" y muy guapa. Tres años después nació su hermano Hinrich.

Su padre, el fotógrafo Hoffmann, dos años antes había avanzado en su profesión contando entre sus clientes a la familia real de Baviera, a los zares de Rusia y varios artistas, entre ellos el francés Marcel Duchamp, quien a los 23 años ya había hecho fama tras el escándalo que provocó su pintura "Desnudo descendiendo una escalera", que no era un desnudo sino una yuxtaposición de diversas imágenes de una máquina.

Hoffmann, en el año 1921 invitó a su hogar a un nuevo conocido: Adolfo Hitler, quien ese año se ha adueñado del Partido Nacionalista de los Trabajadores, venciendo toda oposición a él y organizado las fuerzas paramilitares del movimiento nacionalsocialista lanzándolas a acciones violentas.

En ese primer encuentro, el futuro Führer preguntó a la niña: "¿Qué lees?". Ella le llevó sus libros de historias de héroes y caballeros y entonces él dijo: "¿No sabes nada de los griegos?".

Hitler convirtió la casa de los Hoffmann en su "segunda casa", allí iba él todas las tardes y adoptó a Henny como a una "sobrina". Le regalaba libros, entre otros "La vida del príncipe Eugenio", "Las mejores leyendas de la antigüedad clásica", de Gustav Schwab, y la obra de Heinrich Schliemann sobre el descubrimiento de Troya.

Henny le llamaba "tío", y el tío revisaba las tareas escolares de la niña, comprobaba que los libros sí hubiesen sido leídos y le daba clases de dibujo y ella, como demostración de agradecimiento por tal interés, le hacía entrega cada semana de un periódico hecho de recortes de fotografías y textos.

Hitler tenía 32 años de edad.

BAJO LA MIRADA DE HITLER, HENRIETTE HACIA EJERCIOS Y JUGABA TENIS

El tío Adolfo se ocupaba pues de la educación intelectual de la niña y la hacía entrenar en los aros sujetos al dintel de la puerta del pasillo de la casa. El domingo los dos hacían visitas a los museos de Munich y le regaló los primeros esquíes para la nieve y una raqueta de tenis. A los 12 años de edad, llevó a Henny a la Opera de Munich para escuchar las obras de Richard Wagner y, asimismo, a Bayreuth, donde el compositor ponía sus creaciones.

"Hitler nunca hizo conmigo el papel de padre. Me trataba como un camarada, en absoluto pie de igualdad y sin ninguna arrogancia, nunca con el índice levantado. Fue un buen compañero de juegos para mí", consigna Henriette en sus memorias.

Hitler, además de todo, ¿era un pedófilo? En los hechos no. Su relación con su sobrina Geli Raubal, "el amor de su vida", comenzó en 1925, cuando la chica tenía 17 años de edad, y Henny doce.

EN SU CASA CONOCIO A TODA LA MONSTROTECA NAZI



Los Hoffmann cambiaron de domicilio a una pequeña casita en el número 50 de la Schellingstrasse. Henny tenía ya 17 años y se había convertido en una jovencita guapa, de grandes pechos y de cabello castaño.

El fotógrafo en ascenso, llevó allí su taller de fotografía y aunque los locales eran pequeños, el "generoso" Hoffmann cedió parte de ellos a la dirección del partido para instalar la "sala de honor".

La chica fue testificando, desde tal absoluta proximidad, la transformación de un partido minoritario en un movimiento de masas.

Miraba a su padre fotografiar, en el patio trasero, a los miembros de las Tropas de Asalto con su estandarte, a los jefes de distrito que posaban en la sala de honor y a quienes llegarían a ser los seres más poderosos del Tercer Reich: Heinrich Himmler, en esos momentos criador de conejos; a Rudolf Hess; a Gregor Strasser, antes opositor a Hitler; a Julius Streicher, quien siempre llevaba al cuello, como amuleto, "la figura de un rabino ahorcado".

El que más estimaba Henny era a Hermann Goering porque le regaló un terrier a quien la chica nombró "Wiski", y por haberla invitado, después de una sesión fotográfica, a visitar Berlín.

A su casa igualmente acudían Geli Raubal y Eva Braun. Henny simpatizaba con Geli y a Eva, que trabajaba con su padre como aprendiz de fotógrafa y posaba como modelo, la despreciaba totalmente.

Sin embargo, Henny y Eva "disfrutaban juntas de la vida". Hacían deporte, iban a patinar y a esquiar, acudían a los bailes de disfraces del carnaval de Munich y se hacían leves confidencias.

HITLER LE PIDE UN BESO Y ELLA SECASA CON BALDUR VON SCHIRACH

Era inevitable que la chamaca se enamorara de Hitler y ella lo deja entrever en "El precio de la gloria": "Suena el timbre. Salto de la cama y abro la puerta. Es el señor Hitler. Está en pie en el pequeño vestíbulo, sobre la alfombra roja. Lleva su gabardina inglesa y sostiene en la mano su sombrero de fieltro gris y de pronto dice algo que no le cuaja, y lo dice completamente en serio: "¿Quiere besarme?". Dice "usted". ¡Qué idea, besar al señor Hitler! No, de verdad que no, señor Hitler, me es imposible!".

Henny cuenta a su padre la anécdota y éste la atribuye a la desbordante imaginación de su hija: "Te imaginas, tonterías. ¡Ahora vete a la cama!".

En los hechos, y explicablemente la "discípula favorita" no lo cuenta en ninguno de sus libros, ella sí disputaba con Eva los favores de Hitler. Las dos chicas tenían 17 años de edad, y Henny estaba considerada en los círculos universitarios como "una chica complaciente de gran busto" que era "una popular acompañante de los martes de carnaval".

De haber hecho o no de las suyas, ella y Hitler, la cosa es que Henny, a instancias del tío Adolfo, se casa con el joven Baldur von Schirach, dirigente de la Juventud Hitleriana, y quien también frecuentaba la casa de los Hoffmann.

LA BODA

Los testigos de la boda de Henny y Baldur fueron Hitler y Ernst Röhm, jefe de las S.A. El tío Adolfo regaló a su discípula un cachorro de pastor alemán, ganador del primer premio en la Exposición Canina de Berlín. El animal había sido entrenado severamente y era una amenaza porque atacaba a la personas. Hitler tenía una perra, pastor alemán, de nombre "Blondie", a la que amaba entrañablemente. Los días finales del Tercer Reich, antes de suicidarse en el Búnker, Hitler envenenó a "Blondie".

Baldur tenía 23 años, rasgos suaves y "complicada y apasionada forma de expresarse". Conocía "al dedillo", Mi Lucha y Hitler determinó su vida entera.

El joven nació en Berlín el 9 de mayo de 1907 y había pasado su juventud en Weimar. Su padre había sido comandante de escuadrón de coraceros de la Guardia Prusiana y, su madre, era norteamericana.

El contrayente era antisemita "decente", según su propia definición.

La boda se celebró el 31 de marzo de 1931 en el Registro Civil de Munich. Los asistentes a la ceremonia se trasladaron a la casa de Hitler en la Prinzregentenplatz, que ofreció el banquete.

Como era su condición, Hitler monopolizó las conversación y el Führer habló durante horas de los gigantescos preparativos para la próxima campaña electoral. Como innovación, el Partido alquiló un avión a Lufthansa "para poder estar en tres actos de masas diarios". Hitler fue el primer candidato en el mundo que utilizó el avión durante su campaña electoral.

A los pocos días de la boda, ya instalado el matrimonio en su casa alquilada en el número 31 de la Königinstrasse, Henny ingresó al partido nazi como militante. Tenía 19 años.

LOS AÑOS FELICES

Hitler se había decepcionado del joven Baldur, quien no había hecho nada a favor de las juventudes nazis que representaba y lo sustituyó del cargo de "jefe de las juventudes del Reich", acusándolo de incapacidad en la dirección.

Henny se apersonó ante su tío y le pidió que lo enviara como embajador a Washington, atendiendo a sus raíces norteamericanas. El Führer, agradeciendo la "buena disposición de Henny", ordenó por escrito del 10 de agosto de 1940 que Baldur "asumirá hoy su nuevo cargo. Su nombre estará vinculado a esta tarea por todos los tiempos". Lo designó como gaultier, gobernador el Reich y alcalde de Viena: "Viena es una perla a la que quiero dar un engaste digno de ella. Dar la misma importancia a trabajadores y artistas". Además "deberás ordenar y apoyar la evacuación de los checos inmigrados y la deportación de los cerca de 60 mil judíos que aún quedan allí".

A Henny le complació el nuevo destino de su marido aunque no representaba lo que ella pretendía en relación a divulgar la cultura y las artes. Ella misma anota el ambiente que prevalecía en la capital de Austria:

"Ni se nos pasaba por la cabeza que a sus ojos éramos los representantes del odiado Hitler, los usurpadores, los intrusos".

Conforme al encargo del Führer, quien así apartó a Henny de su lado, Baldur se dedicó a la tarea de convertir a Viena en una "ciudad sin judíos".

Henny eligió ignorar lo que su esposo hacía en contra de los judíos y se dedicó a llevar una existencia ostentosa socialmente, echando mano del protocolo de la corte del emperador Francisco José, organizando fiestas al estilo de la época imperial.

HITLER LE GRITA

La noche del Viernes Santo de 1943, el matrimonio fue invitado a cenar al retiro de Hitler en el Berghof. Entonces Hitler enfrentó a Henny con su realidad y le gritó: "¡Qué sentimental es usted! ¿Qué le importan a usted la judías de Holanda? Mire, cada día caen 10 mil de mis hombres más valiosos, los mejores. Algo no concuerda. El equilibrio en Europa ya no concuerda. Porque los otros no caen. Viven; los de los campos de concentración, los inferiores viven, y ¿cómo será entonces Europa dentro de 100 años? ¿Dentro de mil? Estoy comprometido con mi pueblo, y con nadie más".

Joseph Goebbels, presente en la cena, escribe en su Diario que "Henny se comportó como una idiota. Los Schirach descubrieron la compasión después de que casi 60 mil judíos hubieran sido deportados por así decirlo ante la puerta de su casa".

En sus memorias, Henny lamenta que ninguno de los asistentes la haya apoyado ante Hitler y finalmente ella y su esposo tuvieron que abandonar Obersalzberg para no volver jamás.

Después de tan amarga experiencia, temió las represalias de su tío. Baldur, el gobernador de Viena era "políticamente hombre muerto".

Henny nunca más volvió a ver a su "querido tío Adolfo".

Dos años después el Reich sería derrotado, Baldur llevado a Juicio en Nuremberg y condenado a 20 años de encierro en la prisión de Spandau. Henny fue detenida e internada en el campo de mujeres de Göggingen, cerca de Augsburgo, para ser "desnazificada". Tenía 36 años de edad y nunca se arrepintió de su pasado nazi ni de sus relaciones con el tío Adolfo.
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