|
México
Confirman existencia de la calavera de cristal de roca
(Primera de dos partes)
Organización Editorial Mexicana
29 de abril de 2007
Especial de Nidia Marín / El Sol de México
Ciudad de México.- La calavera de cristal de roca que hasta 1964 se exhibió a un lado de la réplica de la Cámara Oculta de la Tumba de Palenque, en el antiguo Museo Nacional de Antropología de Moneda 13, sí existió, es auténtica y se presume que, por su tamaño y su horadación, pudo haber sido parte de un collar de mando de Chimalpopoca, "escudo que humea", tercer huey tlatoani de Tenochtitlán. Está en un lugar desconocido, porque desapareció durante el traslado de las piezas del viejo Museo de Antropología al nuevo museo del Bosque de Chapultepec. La familia de Refugio González de León, descendiente de Chimalpopoca, exige una investigación sobre el paradero del valioso cráneo prehispánico. Pablo Enrique, Francisco Javier, José Fernando y María Guadalupe Lozada León, nietos de doña Refugio González de León, donadora de aquel cráneo de cuarzo en 1934, muestran los documentos que avalan dicha historia, una copia de los cuales obra en poder de esta reportera y de El Sol de México. En aquel año, Alfonso Caso era jefe del Departamento de Arqueología del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología y director del propio museo, después de que descubrió en 1932, junto con tres de sus ayudantes (uno de los cuales era Juan Valenzuela), la Tumba 7 de Monte Albán. Ambos fueron invitados a cenar a la casa de doña Refugio, quien vivía en la recién inaugurada colonia Condesa. Ahí, la señora les habló del cráneo de cristal de roca, obsequio de su tío bisabuelo Juan N. Popoca, el cual, una vez autentificado, deseaba regalar al museo. Al tiempo, se los mostró. De acuerdo con el relato que hacía la señora G. de León a sus hijos y ellos a sus nietos, don Alfonso quedó tan asombrado que sacó un pañuelo de su bolsillo, arropó la figura entre sus manos y la examinó, mientras expresaba estar maravillado. CARTAS DE RECEPCION Y DE DONACION Doña Refugio cumplió con las formalidades, entre las cuales estaba enviar una carta con la explicación de la donación. El texto es el siguiente: México DF, a 22 de Mayo de 1934 Sr. Lic. Alfonso Caso Director del Museo Nacional Presente Señor de todo mi respeto: "Accediendo a la invitación hecha por el señor licenciado Juan Valenzuela para visitar el Departamento de Arqueología, donde se encuentran las joyas de Monte Albán, tuve también la oportunidad de ver otro de los salones donde se encuentran los objetos de cristal de roca, entre los que está un pequeño cráneo. Recordé inmediatamente que poseía uno semejante que me había obsequiado un tío abuelo mío, el señor Juan N. Popoca, el que poseía los títulos que lo acreditaban como descendiente del rey azteca Chimalpopoca. Como mi tío nació en Sultepec y la mayor parte de su vida la pasó en Cuautitlán, es de suponerse que el cráneo procede del Valle de México y sea de origen azteca. "En mi poder ha permanecido cerca de 35 años. Hace mes y medio, el señor Valenzuela lo llevó al museo, donde se le comparó con el cráneo que hay en éste y se vio que estaba trabajado con la misma técnica; se sometió a la acción de los rayos X y el espectro que produjo dio la misma tonalidad de los otros objetos de cristal de roca existentes en el museo, por lo que al final de estos estudios se le declaró como auténtico. "Sabiendo que existen pocos ejemplares de estos, lo dono al museo para contribuir, aunque sea en una pequeña parte, al progreso de esta institución. "Protesto a usted mi atenta consideración y respeto" La carta está firmada en letra cursiva por R. G. de León. Al día siguiente, la señora recibiría la respuesta en una carta, con el logo del calendario azteca al margen y en letras mayúsculas: "MUSEO NACIONAL DE ARQUEOLOGIA, HISTORIA Y ETNOGRAFIA", y en letras más pequeñas: "CALLE DE LA MONEDA No 13. MEXICO, DF." La carta dice: México DF, a 23 de mayo de 1934 Sra. Refugio G. de León Calle de Anáhuac, 26 Colonia Condesa CIUDAD. Estimada señora: "He recibido su muy grata de fecha 22 de los corrientes, en la que se sirve proporcionarme los datos sobre el cráneo de cristal de roca que por conducto del señor licenciado Juan Valenzuela obsequió usted a este Museo. "Mucho agradezco a usted, en nombre del Museo Nacional, la donación de tan preciosa reliquia, que figurará en lugar preferente en nuestras vitrinas y de la que daremos cuenta en uno de nuestros primeros números de nuestro Boletín, que tendré el gusto de remitirle. "Ya comuniqué a la Secretaría de Educación el importante donativo hecho por usted y aprovecho esta oportunidad para ofrecerme a sus órdenes como su atento S.S." En letra cursiva está la firma del director del museo y con letra de molde, en altas y bajas, dice: "Alfonso Caso". ENTREVISTA CON ALFONSO CASO Cuatro días después de la última misiva, el 27 de mayo de 1934, en un periódico de circulación nacional (el recorte en poder de El Sol de México y de esta reportera no dice en cual exactamente), en la primera plana fue publicada una información cuya cabeza señala: "VALIOSA JOYA ARQUEOLOGICA FUE ADQUIRIDA PARA EL MUSEO". Los "balazos" siguientes refieren: "Se trata de un cráneo de cristal de roca, primorosamente hecho. Tiene una horadación de arriba abajo y formaba parte de un collar "La señora Refugio G. de León fue quien donó dicha joya. Perteneció a don Juan N. Popoca, uno de los descendientes del rey azteca Chimalpopoca". El texto de la crónica sin firma dice: "El Museo Nacional de Historia, Arqueología y Etnografía acaba de adquirir, por donación particular, el ejemplar más bello, más completo, más transparente y mejor tallado de cráneo de cristal de roca hasta ahora conocido en la República. Joya preciosísima en sí, como obra de arte, insuperable en perfecciones, el cráneo de cristal, que ha enriquecido los tesoros del Museo Nacional desde ayer, ofrece a los ojos encandilados del observador el espectáculo insuperable de su rareza y el mérito indiscutible de su origen mexicano. Viéndolo a contraluz, semeja un brillante que brillase en las mil y una noches de la fantasía de todos los anticuarios. "Cincelado con sobria factura, de gusto casi modernista, no sugiere, ni de lejos, fúnebres comentarios ni el horror de la risa ósea, burlesca y final de las calaveras. Severidades y amplitudes de trazo. Geométrico el dibujo de los dientes: una línea horizontal sobre la que caen a plomo y uniformemente otras para cuadricular con la orilla de las mandíbulas la luz en una boca de cristal. Dientes cuadrados. Matices de sombra apenas las cuencas en que juega a ratos un iris fugitivo. Luz todo el cráneo, horadado de arriba abajo, como para que pasase por ahí una suposición lapidaria del maestro don Alfonso Caso. El cráneo era broche en el collar. Por la horadación metería la mano imperial un hilo para sostenerlo asido al collar. "Pero, reteniendo por la brida nuestra imaginación, escuchemos al licenciado don Alfonso Caso, director del museo: "El museo poseía un cráneo de cristal de roca incompleto. Es éste y, desde luego, se advierte en él que tiene rota la mandíbula inferior. No se sabe la procedencia de este pequeño cráneo: hace muchos años que está en el museo. Ahora tenemos este otro cráneo, también de cristal, que es admirable. Comparándolos se ve, sin embargo, que la técnica es en ambos la misma, hasta en sus más pequeños detalles. Igual la forma de presentar las suturas y los dientes. Pero no se puede negar que tienen algunas diferencias de menor cuantía. Probablemente los dos cráneos fueron traídos al Valle de México de otros lugares, o quizás sólo fue traído el cristal y aquí trabajado por los lapidarios. En fin, es difícil fijar el origen. Estos cráneos viajaban como joyas. "Don Alfonso recuerda entonces otro cráneo de cristal de roca que vio en Nueva York. Cráneo enorme: de tamaño natural. Lo tenía un coleccionista. 'Lo contemplábamos -dice- en una galería de arte que está cerca de la Quinta Avenida. Este cráneo que no es mexicano, sino japonés, fue vendido en once mil dólares a Rockefeller. Por aquella época examinamos también otros objetos de cristal de roca, cerca de veinte, por medio de los rayos ultravioleta. El cristal de roca se ve de color lila y el cristal ordinario, de color amarillo'. "-Pretendemos inquirir cómo fue labrado el pequeño cráneo de cristal, y nos complace, en lo que está de su parte y a la mano, don Alfonso: "-No se tiene noticia de que en México se conociera ni el diamante ni el topacio, que son más duros que el cristal de roca. Lo probable es que estos cráneos hayan sido tallados con zafiro, que también es más duro que el cristal de roca, o más bien con polvo del mismo cristal y agua. Lo trabajaban los aztecas con esmeril de cristal de roca y agua. Conjeturo lo del uso de zafiros: Sahagún habla de zafiros y de obsidiana azul, que en mexicano es xiuhmatlalistli. "-¿Y en cuánto a lo que este cráneo significase? "-Es una representación del Dios de los Muertos: Mictlantecuhtli". "Cree el señor Caso que los dos cráneos sean de la misma época; pero para arrojar una mayor luz sobre los antecedentes, cuando menos el segundo tiene la deferencia de darnos su historia por escrito: es la carta de la señora doña Refugio G. de León, que vive en la calle de Anáhuac número 26 y que fue quien obsequió al Museo Nacional el cráneo de cristal, considerado hasta ahora como el más bello de nuestro país. La carta dice así:" Enseguida, en la nota mencionada se reproduce el texto de la carta de doña Refugio, con lo cual concluye dicha información. HABLA LA FAMILIA LOZADA LEON La historiadora Guadalupe Lozada León, una de los cuatro nietos de doña Refugio González de León, fue entrevistada para El Sol de México sobre aquella calavera de cristal perdida. -¿Qué fue lo que las autoridades del Museo le dijeron a la familia Lozada León cuando desapareció en el traslado del viejo museo al nuevo museo, el cráneo de cristal de roca donado por su abuela doña Refugio? -Que yo sepa, como familia de la donante, no se hizo ninguna petición ni se estableció demanda alguna de manera formal. Era yo muy niña, pero no recuerdo que se haya hecho nada formal para solicitar información sobre el paradero de la calavera. Honestamente, en lo que sí estamos clarísimos es en que a partir de ese momento no tenemos ninguna constancia de su presencia. Solicité apenas el año pasado, por medio del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI), la lista del inventario existente en las bodegas del Museo Nacional de Antropología y del Castillo de Chapultepec, y no aparece, por lo menos con el nombre de "calavera de cristal de roca". Todo indica que tampoco está en las bodegas. -¿Tienen la certeza de que es una calavera auténtica? -La tenemos, y además lo constata la misma carta donde mi abuela hace la donación. Por eso la dona, porque es auténtica. -¿Ustedes solicitarán al Instituto Nacional de Antropología e Historia se realice una investigación para saber si está en algún lugar, si desapareció porque alguien se la haya robado, porque alguien la haya vendido? -¡Sí, claro! Estoy hablando a nombre de toda la familia y nos gustaría darle un seguimiento para saber, siquiera, si hay algún registro de dónde quedó, porque tenemos la constancia, con las cartas de mi abuela, de don Alfonso Caso e inclusive la nota periodística con la fotografía de la calavera. Se entregó y formaba parte de los acervos del museo. Seguramente si nos ponemos a investigar en los boletines del museo de esas fechas, se va a constatar que, efectivamente, se realizó esa donación. -¿Este cráneo estaba en buenas condiciones? -Sí. Yo tengo recuerdos muy infantiles de cuando estaba en el museo de la calle de Moneda 13. Aunque no lo pueda asegurar personalmente, sí tengo los elementos para afirmarlo, porque toda mi familia la conoció, la vio, inclusive mi mamá la tuvo en sus manos durante toda su vida, ya que fue donada en los años treinta. Mi mamá para entonces tenía entre diecinueve y veinte años. Claro que la conoció, la vio, y todo mundo sabía que estaba en buenas condiciones. Eso fue lo que más les llamó la atención a los arqueólogos que la vieron por vez primera cuando mi abuela la prestó para que hicieran los análisis. -¿Cuánto mediría? -Según me cuentan, tenía el tamaño de un puño cerrado. En reciente entrevista con el director del Museo Nacional de Antropología, arqueólogo Felipe Solís, se le preguntó sobre las calaveras de cristal de roca que había en ese recinto. Dijo que "las calaveras de cristal son dos pequeñas y están una en la sala Mexica y otra en la sala de Oaxaca. Nunca ha habido una calavera de cristal grande. Son muy, muy pequeñas. Tienen una horadación en la parte superior. Probablemente se usaban como parte de una joyería". También explicó que medían tres o cuatro centímetros de alto por cinco centímetros de largo. A la historiadora Lozada León, en la entrevista, se le comentó: -En una entrevista realizada al arqueólogo Solís, hace aproximadamente doce días, le mencioné que recordaba que, cuando era niña, iba al Museo de Antropología de la calle de Moneda 13 y en la Cámara Secreta de la tumba de Palenque había una calavera de cristal, más grande que las pequeñas que él mencionaba. Me contestó: "Creo que sus recuerdos no son correctos". ¿Son incorrectos mis recuerdos? -Dígale que no. Absolutamente no. La calavera ahí estaba y se le pueden presentar los documentos, sobre todo la copia de la carta de Alfonso Caso. (Continuará) |
|