Comunidad y cultura
Midori Suzuki una fusión del arte figurativo y la tapicería española
Con líneas refleja su percepción del silencio y del movimiento, a veces en forma femenina, otras con un caballo, el agua o el viento. Foto: El Sol de México
Organización Editorial Mexicana
26 de enero de 2012


Redacción El Sol de México

Ciudad de México.- Migrante, artista, madre, esposa, mujer comprometida con el arte y con los problemas que afectan a su familia, la sociedad y sus compatriotas; enamorada del colorido de México y de Latinoamérica; influida por las formas que prevalecen en el entorno volcánico de su casa al sur de la Ciudad de México; profesora de pintura, mujer de apariencia frágil, nada más alejado de la realidad, todo ello es Midori Suzuki, autora de las 24 obras que integran la exposición "El silencio del movimiento", que se presentará a partir del miercoles 1 de febrero, en el Centro Cultural Acatlán.

Se graduó de la Facultad de Artes Plásticas, en la Universidad de Arte Musashino y salió de Japón en 1974 para estudiar tapicería en la Escuela Artística de Granada, España, donde conoció a una joven de Veracruz, quien utilizaba ropa típica llena de formas y colores que despertaron en ella el interés por el arte de América Latina.

Luego de cuatro años de estancia en Granada, volvió a su país y, en los años 80, con un apoyo universitario, viajó a México junto con un grupo de compañeros; fue cuando conoció a quien hoy es su esposo y padre de su única hija. El noviazgo, por medio de cartas, duró un año. Se casaron, pero como el trabajo de ella le impedía estar en México, decidieron que él iría a Japón. Sin embargo, la maestra Suzuki puntualiza, en su ciudad natal, Kesennuma, prevalecieron formas de vida muy tradicionalistas, las cuales no ayudaron a la estancia de su pareja y hace 24 años emigró definitivamente a nuestro país.

Llegó el momento de trabajar en México. Su primera opción laboral fueron las clases de pintura particulares, a la par que creaba obras pequeñas en acuarela, con marcada influencia de la cultura prehispánica de nuestro país, ya que, como explica, la realización de cuadros en gran formato se le complicaba al combinar sus labores profesionales con la crianza de su hija.

Necesitaba espacios para exponer su obra, en 1993 encontró en la Asociación México-Japonesa el respaldo para darse a conocer; a partir de ese año se ha presentado en diversos espacios, significativamente recuerda la Galería Centro Asturiano, la Casa de Cultura de Tlalpan, la Casa de Cultura de Huxquilucan y el Centro Cultural Acatlán.

Midori Suzuki se formó en la academia como especialista en aspectos figurativos y tapicería española, ambas áreas artísticas están presentes en "El silencio del movimiento", exhibición compuesta por obras elaboradas de 1996 a la fecha, en las que se observa su maestría en el manejo de los colores y las líneas, las cuales imitan las figuras que se crean al elaborar un tapete. Dos de sus grandes inspiraciones son el movimiento y las ondas que se forman en el suelo por el paso de las eras geológicas, eso que ella prefiere llamar "onditas de las diferentes épocas de la tierra", las cuales contempla en el jardín de su casa, donde prevalece la roca volcánica, y le ayudan a distinguir figuras, luces y sombras que plasma en el lienzo.

Las líneas creadas por Midori Suzuki hilan el eterno ciclo de la vida y la muerte. Reflejan su percepción del silencio y del movimiento, mismo que a veces la lleva a darle una forma femenina, otras, la de un caballo, la del agua o la del viento. En su trabajo más reciente prevalece el tono azul, color que para ella representa el silencio. Su intención no es mostrar un aspecto de frialdad, sino de serenidad.

Pero el silencio desaparece cuando llega el momento de destacar su compromiso social, pues detalla que, luego de la tragedia que afectó a Japón en marzo del año pasado, con el terremoto y el tsunami que arrasaron ciudades y pueblos de la costa noreste, y al tener que viajar para reunirse con su familia, afectada por esta situación, se cuestionó para qué sirve el arte en momentos de crisis. Entonces, se le ocurrió que, además de conseguir recursos económicos para ayudar a los damnificados, debía pintar y llevar el mensaje de solidaridad de nuestro pueblo en 12 mantas donde las figuras principales eran muñecas tradicionales mexicanas, acompañadas de mensajes de apoyo en español y en japonés.

Debido a la situación de crisis era imposible viajar de inmediato a su país y, cuando pudo hacerlo, llevó las mantas y las exhibió en escuelas, lugares de reunión y eventos en las comunidades afectadas. También organizó una demostración de piñatas mexicanas en una primaria, donde los niños vivieron un momento de alegría, en medio de su tragedia, gracias a la cultura mexicana y a una aplicación útil del arte, más allá de lo estético.

La vida cotidiana de Midori Suzuki se desarrolla entre su familia, sus pinturas y las clases que imparte primordialmente a niños del Liceo Mexicano-Japonés, a quienes enseña su técnica y los introduce en el mundo del arte: "Con ellos siento que también estoy pintando, como si me metiera en su cuerpo y pintara con ellos, me dan un enriquecimiento permanente".

Para concluir, manifiesta una inquietud y apunta: "Soy japonesa, en mis pinturas pueden encontrar alguna parte muy japonesa, todo mundo me lo dice, 'tu obra es muy japonesa', pero yo no sé cuál es. Busquen por favor en mi obra dónde está ese aspecto, no lo sé. Quiero saber en qué lo encuentran... en el color, la técnica, la composición, la idea... ¿en qué?"