Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Diocleciano

El Sol de México
21 de enero de 2007

El primer edicto contra la inflación y los especuladores

El emperador romano Cayo Valerio Jovio Diocleciano fue el primero en la historia en promulgar una serie de normas para acabar con la inflación, decretando la muerte para quien las inflingiese.

El edicto fue la primera medida antiinflacionaria intentada en gran escala y el emperador, que "era cruel y sanguinario", estaba decidido a que resultase eficaz.

Diocleciano había llegado al poder tras 50 años de agitación política, en una época de inestabilidad económica y moral, y de guerras "casi innecesarias".

Era un dálmata de origen humilde, "militar astuto e inteligente", nacido en Satonia, Dalmacia, el 9 de marzo de 245 d.C.

Lo que provocó el pánico en la gente, que de inmediato se apresuró a convertir su dinero en bienes, lo cual disparó una tasa de inflación del mil por ciento durante 17 años, fue la captura y muerte del anterior emperador, Publio Licinio Valeriano, a manos del rey persa Sapor I, quien finalmente fue asesinado por los grandes de Persia.

ESPECULADORES, LOS RESPONSABLES

Los problemas fiscales del Imperio se originaron en las actividades de los especuladores, que apostaban al alza de los precios futuros de los granos: "Y los que no tienen nada mejor que hacer que desviar en provecho propio los bienes que nos envían los dioses; hombres que nadan en una riqueza que podría satisfacer a todo un pueblo y sólo piensan en su ganancia y su porcentaje", acusó Diocleciano.

LAS CAUSAS

El Imperio Romano andaba de mal en peor y de malas. Los problemas se acumulaban sin solución y los sucesivos emperadores, a pesar de sus esfuerzos, no conseguían resolver nada y el caos persistía.

Una de sus manifestaciones extremas era la indisciplina de los soldados, que se traducía en permanentes robos y asaltos a las propiedades privadas.

La inflación había devaluado el valor del dinero y la paga militar era insuficiente para satisfacer las expectativas de las tropas. Los soldados cobraban poco, pero no morían víctimas del hambre o de la enfermedad.

Sus incursiones en busca de botín instalaron el terror en el campo y la ciudad, tanto como las invasiones de los persas y las tribus de los bárbaros. De hecho, muchos legionarios eran bárbaros, reclutados militarmente al servicio de Roma, atendiendo a que los ciudadanos del Imperio "habían perdido su capacidad para combatir".

PRIMERAS MEDIDAS

Diocleciano se aprestó a controlar la situación y decidió para ello dividir las provincias imperiales en unidades más pequeñas, proponiéndose con ello estrechar el control y disminuir las frecuentes sublevaciones de la soldadasca.

Las medidas económicas incluían algunas novedades. A la vista de que sus antecesores Aureliano y Probo, con "una pésima administración mercantil", habían anulado el valor de la moneda, Diocleciano implantó la obligación de que los impuestos se pagaran en especies.

Parejamente, vinculó a los arrendatarios y asalariados campesinos a la tierra, con la intención de disminuir las posibilidades de reclutamiento militar y así impedir engrosar las bandas de asaltantes.

Consecuentemente importó soldados a bajo precio, reclutando a individuos de las tribus bárbaras que merodeaban por las fronteras del Imperio para controlarlos mediante la paga.

CAMBIO EL TIPO DE MONEDA

Las antiguas monedas, hechas con cobre, sin ningún porcentaje de plata, carecían de valor y la gente las fundía para fabricar vasijas y otros objetos.

Ante tal devaluación de la moneda en curso, ordenó acuñar nuevas monedas de oro y plata de buena calidad, aunque ni con ello pudo detener la inflación, siendo imposible retirar del mercado las monedas viejas, miles y miles de las cuales seguían circulando.

Las nuevas monedas de oro, nombradas "áureo", tenían un valor equivalente a 106 sestercios o 25 denarios.

El salario que recibía un maestro de enseñanza básica era de 50 denarios. Un maestro de arquitectura podía cobrar al mes hasta 100 denarios.

Con esta nueva moneda, Diocleciano prohibió, bajo pena de muerte, que se vendiera un modio de trigo a más de 100 denarios. Un modio es el equivalente a nueve kilos.

A los usureros, "máximos enemigos del Estado; aquellos cuya voraz avaricia les impide pensar en la humanidad, se les aplicará la pena de muerte".

EDICTO DE PRECIOS MAXIMOS

Diocleciano se aprestó a detener "la brutal alza de precios" y compensar los salarios equivalentemente.

Entonces, elaboró una lista de mercancías de primera necesidad y otra de productos de lujo, fijando los precios en función de su calidad y origen.

Al lado, un catálogo de topes salariales y otro del costo de los transportes.

ACAPARAMIENTO Y MERCADO NEGRO

Diocleciano hizo pregonar en todo el Imperio que "quien quiera que sobrepase el precio máximo, o trate de burlar las normas traficando en el mercado negro, será ejecutado de inmediato".

A pesar de tal penalidad extrema, la gente, al comprobar que el valor de su dinero disminuía cada minuto, se lanzó al acaparamiento de cuanta mercancía podía conseguir.

Floreció el mercado negro a expensas del resto de la economía y, por lo que se sabe, a pesar del apelativo de "sanguinario" que se le dio a Diocleciano, ningún trasgresor del Edicto sufrió la pena de muerte.

EL FRACASO

Ni gobernando como autócrata consiguió Diocleciano sanear la economía del Imperio.

Tres años después de que se publicara y difundiera el Edicto sobre precios y salarios, el propio Gobierno ofrecía a los ricos propietarios egipcios cantidades de dinero que rebasaban los topes establecidos. Fue un gesto de impotencia económica y política.

La política económica había sido derrotada por la inflación "galopante e imparable".

BAÑOS, JUEGO Y PROSTITUCION

Los romanos se habían habituado a los baños termales y Diocleciano se aplicó a construir otros más grandes y ostentosos que nunca. La idea que lo animaba era "dulcificar en lo posible la difícil situación que se vivía" y, de paso, hacer ingresar al tesoro una buena cantidad de dinero vía los impuestos que pagaban las prostitutas romanas por ejercer su oficio.

El uso de las termas era gratis y en sus instalaciones, además de las albercas, también había tiendas, bares e incluso bibliotecas y teatros. Se calcula una asistencia diaria de mil 500 bañistas.

La prostitución estaba legalizada en Roma, donde trabajaban al menos 20 mil prostitutas cada día. Más de la mitad evadían el pago del tributo correspondiente a pesar de que existía una moneda específica para que el cliente les pagara, misma con la que ella retribuía al fisco. La moneda era adquirida por los romanos a un costo de cambio equivalente a 10 denarios cada una.

La tarea de las sexoservidoras se llevaba a cabo en burdeles, en la calle, debajo de los arcos de las bóvedas y en los baños.

Allí, igualmente se jugaba, ya que los romanos tenían adicción al juego de dados y a una especie de "escrable". En esos juegos, muchas fortunas heredadas o el patrimonio entero de familias se perdieron, cambiando de dueño.

También la inflación afectó esa actividad y las sexoservidoras aumentaban su tarifa de un cliente a otro.

Sin embargo, ningún ciudadano romano se privó de tomar el baño cotidiano a las dos de la tarde, ya terminada la jornada laboral.

Antes de las termas de Diocleciano, las más célebres son las que construyó el emperador Marco Aurelio Antonino conocido como "Caracalla", apodo que se le dio por su afición a vestir la larga túnica de los galos llamada caracalla.

LA PERSECUCION DE LOS CRISTIANOS

En los días de Diocleciano, los cristianos llevaban una penosa existencia. Eran considerados gente peligrosa, pues se negaban a practicar los cultos de Isis, Osiris y Mitra, rehusando igualmente considerar al emperador como un dios.

Diocleciano persiguió a los cristianos, tal y como venía siendo desde hacia tres siglos, con toda la ferocidad que se le atribuye.

Los sufrimientos incluían ejecuciones masivas, torturas, muertes en las arenas por acometidas de las bestias salvajes, así como severas condenas de cárcel y trabajos forzados en las minas.

En realidad, demasiados de los testimonios de las persecuciones son falsificaciones interesadas. Sectarios, parciales y escribas especialmente, para glorificar a la primitiva iglesia, inventaron historias cuyo objetivo explicable era ganar más adeptos.

Las verdades a medias y las dudas en su momento fueron despejadas por los historiadores Tácito y Plinio "El Joven", consignando con veracidad lo que sí hizo Diocleciano durante su reinado de terror.

LA EJECUCION DE SAN JORGE

La biografía de San Jorge, cuya fiesta la Iglesia celebra el 23 de abril, fecha de su muerte, es sumamente oscura y los relatos existentes contienen más leyenda que historia. La más célebre, aquella en que aplasta y da muerte a un dragón en defensa de una Virgen que implora su socorro ante la inminente violación que acometerá la bestia.

Es un símbolo que contiene la victoria del mártir sobre el paganismo, representando la joven la provincia de Capadocia donde él nació, a la que rescata de la idolatría y entrega a la fe.

San Jorge se distinguió como un bravo soldado que, habiendo sido llamado por Diocleciano para que reconociese o no ser cristiano, fue torturado y muerto tras haber confesado su fe ante el emperador.

DIOCLECIANO ABDICA

Sumergido en la impotencia, abrumado por los problemas, derrotado y deprimido, Diocleciano abdica, tras 21 años de gobernar, obligando a Maximiano, que era el coemperador, a abdicar a su vez a favor de Galerio y Constancio Cloro, respectivamente.

Como condición de su nombramiento, ambos sucesores tuvieron que divorciarse de sus esposas y casarse con las hijas de Diocleciano y Maximiano.

De hecho funcionaban cuatro emperadores, componiendo la llamada "tetrarquía".

Diocleciano, cuya divisa política fue "dividir para gobernar", consciente de los riesgos que entrañaba el gobierno unipersonal, decidió dividir el Imperio en dos grandes sectores.

El se reservó el gobierno de la región occidental, estableciéndose como Imperator Augustus en Nicomedia, junto al mar de Mármara, a unos 120 kilómetros de Bizancio, confiando la dirección de la zona occidental a Maximiano, su siempre compañero de armas, quien se instaló en Milán.

Los dos emperadores representaban una novedad en la antigua tradición de los dos cónsules que gobernaban Roma, cuando ésta era una República.

Los dos emperadores, cada uno por el lado que le correspondía, sostuvieron combates contra los enemigos fronterizos y Maximiano llevó a cabo la erradicación de las bandas de salteadores que asolaban las Galias.

EL RETIRO

Entonces ambos se retiran. Diocleciano al gran palacio de Salona, situado en la costa dálmata, junto a la ciudad de Split, en la exYugoslavia, donde se dedica a cultivar su huerto por el resto de su vida.

Maximiano, que se había inadaptado el retiro, le sugirió a Diocleciano retomar el poder.

"Ah", respondió Diocleciano, negándose a dejar su villa, "si vieses qué coles he plantado con mis propias manos".

Diocleciano falleció en 313, a la edad de 68 años, tranquilamente en su cama, teniendo como última visión su próspero huerto de frutas, legumbres y vegetales.
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