Opinión / Columna
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Contracara / Fernando Ramírez
Contra Cara
El Mexicano
2 de noviembre de 2009
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I
Desde tiempos ancestrales los antiguos pueblos prehispánicos creían que la muerte no era el final de la existencia. Por ello, mucho antes de la sangrienta conquista española y la conversión al catolicismo, imponiendo sus creencias y destruyendo sus templos, con más ganas cuando vieron que entre los grabados de los templos aparecía la serpiente, antes de todo esto, se daba el ritual del Día de los Muertos.
Era tan importante la muerte para las culturas mesoamericanas que era celebrada dos veces, 16 de Julio y 5 de Agosto, pero con la violenta cristianización, estas fechas fueron incorporadas en un intento desesperado a las fechas 1 y 2 de Noviembre, Día de Todos los Santos (se recordaba a los niños fallecidos) y Día de Todas las Almas (adultos), respectivamente.
En estas celebraciones no existían las connotaciones morales de las religiones cristiana-católica, no había un cielo ni un infierno para premiar a las almas o para castigarlas, tampoco buenos y malos. Se creía que las almas de los muertos estaban destinadas a un camino de acuerdo a la manera en que había fallecido y su comportamiento de vida.
II
Las diferentes direcciones que tomaban los muertitos eran las siguientes: (con información de Wikipedia)
El Tlalocan o paraíso de Tláloc, dios de la lluvia. A este sitio se dirigían aquellos que morían en circunstancias relacionadas con el agua: los ahogados, los que morían por efecto de un rayo, los que morían por enfermedades como la gota o la hidropesía, etc. Este lugar era de reposo y abundancia. Los muertos eran generalmente incinerados, pero los predestinados a Tláloc eran enterrados, como las semillas, para germinar.
El Omeyocan, paraíso del sol, presidido por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. A este lugar llegaban los muertos en combate, los cautivos que eran sacrificados y las mujeres que morían en el parto. Estas mujeres eran comparadas a los guerreros, ya que habían librado una gran batalla, la de parir, el hecho de habitar el Omeyocan era un privilegio.
El Mictlán, destinado a quienes morían de muerte natural. Este lugar era habitado por Mictlantecuhtli y Mictacacíhuatl, señor y señora de la muerte. Era un sitio muy oscuro, sin ventanas, del que ya no era posible salir.
El camino para llegar al Mictlán era muy tortuoso y difícil, pues para llegar a él, las almas debían transitar por distintos lugares durante cuatro años. Para recorrer este camino, el difunto era enterrado con un perro, el cual le ayudaría a cruzar un río y llegar ante Mictlantecuhtli, a quien debía entregar, como ofrenda, atados de teas y cañas de perfume, algodón (ixcátl), hilos colorados y mantas. Quienes iban al Mictlán recibían, como ofrenda, cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón.
Los niños muertos tenían un lugar especial, llamado Chichihuacuauhco, donde se encontraba un árbol de cuyas ramas goteaba leche, para que se alimentaran. Los niños que llegaban aquí volverían a la tierra cuando se destruyese la raza que la habitaba. De esta forma, de la muerte renacería la vida.
III
El ritual que conocemos hasta la fecha para la colocación de altares es el mismo de hace miles de años, pero no en este día 2 de Noviembre, recuerde que la conquista y la usurpación de la religión católica forzaron a que los indígenas festejaran sus creencias producto de otras culturas que habían en Europa, como el 31 de Octubre conocido como Samhain, el fin de año Celta. De esta hablaremos más adelante.
Volviendo a la celebración en México, el 16 de Julio era La Fiesta de los Muertos. Este día empezaba con cortar un árbol, el xócotl, al cual le quitaban la corteza y le ponían flores para adornarlo, durante 20 días se hacían ofrendas.
Para el día 5 de Agosto se celebraba la fiesta de los muertos grandes. Aquí se caía el xócotl, en esta fecha había grandes comidas, se hacían sacrificios (no todo los pueblos prehispánicos), se vestían muy guapos y danzaban alrededor del árbol. Es en esta celebración cuando se construían los altares con ofrendas para recordar a los muertos.
Los altares que hoy conocemos no son 100% prehispánicos, no, están sumamente alterados en significados por la mezcolanza que hubo a raíz de la conversión religiosa.
IV
Volviendo un poquito para atrás, el 31 de Octubre esta muy lejos de lo que realmente es y fue en Europa mucho antes del cristianismo. Aquí entra lo que fue una de las culturas más predominantes en el viejo continente: los celtas.
El Samhain, o fin de verano, era la fecha más importante para la cultura celta. Aquí empezaba una época oscura pues era la entrada del invierno, se acaban las cosechas, los días iban hacer más cortos y las noches mas largas.
Este día también era mágico para ellos, los muertos tenían permiso para caminar por el mundo de los vivos para visitar a sus familiares, por ello dejaban dulces o comida a las afueras de sus casas, así como un camino de velas para que los muertos encontraran la luz y el descanso junto al Dios Sol, en tierras de verano.
Esta noche (del 1 de Noviembre, el nuevo día arrancaba con la puesta de sol) los muertos y los vivos podían comunicarse, las barreras que había entre ellos desaparecía. Aquí los espíritus podían aconsejar a los vivos sobre el futuro, también se invocaban espíritus malignos, a lo que los Druidas (sacerdotes de la cultura celta, entre otras cosas) ordenaban prender fogatas para espantarlos. En otras regiones se disfrazaban con mascaras o ropajes blancos para que estos espíritus malignos los confundieran y así no les hicieran daños.
V
Como es de costumbre, la violenta cristianización trató de suprimir esta festividad, y muchas más, de la cultura Celta, adoptando fechas como propias que hasta la actualidad se festejan en todo el mundo cristiano, pues estas culturas tienen miles de años todavía antes que el cristianismo.
Cuando la festividad llega a los Estados Unidos por las inmigraciones irlandesas, se creo una leyenda sobre un granjero que trataba de atrapar al Diablo. Con la festividad celta y otras leyendas, los gringos empezaron a comercializar estas fechas, distorsionándola con eventos fantasmales y tarugadas de esas.
Cabe recordar que también con el intento de suprimir estas fechas y creencias, el cristianismo fue quien comenzó a satanizar estas celebraciones, persiguiendo y asesinando a quienes trataban de continuar las tradiciones ancestrales, tachando a las antiguas brujas de herejes demoníacas, a los druidas de ser cómplices del diablo, a los indígenas de adorar al demonio (por eso de la serpiente), entre otras sartas intolerantes que todavía hasta la fecha las siguen diciendo.
Comentarios: contracara.fr@live.com.mx
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