Opinión / Columna
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Mario Núñez Mariel
El último de los imperios
Organización Editorial Mexicana
19 de octubre de 2009
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Cuando muchos comentaristas trataban de negarle a Obama el mérito de haber ganado el premio Nóbel de la paz, el primer presidente gringo al que no se le puede calificar de gringo no se dejó amilanar y se puso a bailar salsa con Thalía el 13 de octubre festejando la hispanidad. Al parecer, los profesionales del escepticismo no podían asumir que el premio se le otorgó al morenazo de Barack, por algo que rivaliza con todos los logros anteriores en materia de pacificación del mundo: consumó la clausura formal del último de los imperios y ahora se apresta a llevar a la práctica esa tarea gigantesca -sólo comparable con la desaparición de la Unión Soviética.
Así, en el curso de los escasos nueve meses de su presidencia, Barack Hussein Obama inició las políticas públicas para reconstruir el último de los imperios. Acabó el presidente con las prácticas del unilateralismo dando cabida a los arreglos multilaterales y negociados. Bajo la cosmovisión de la igualdad jurídica entre los estados, el presidente Obama asumió los principios antiimperialistas por excelencia: aceptó la autodeterminación de todos los países en el juego internacional, por grandes o pequeños que sean; se plantea impulsar la no intervención del antes imperio agresivo, que hacía lo que se le venía en gana sin consultar ni siquiera a sus aliados; concibe la interdependencia como nuevo principio de fundamentación de la cooperación internacional; y acepta la corresponsabilidad como augurio de nuevos tiempos mejores en materia de coexistencia entre las naciones, sin amenazas del uso unilateral de la fuerza de la potencia antes hegemónica.
El presidente Obama apeló a una nueva relación con los musulmanes desde El Cairo y pidió perdón por los errores del pasado en términos autocríticos que nunca habíamos visto en presidente estadunidense alguno. Actuó desde que llegó a la presidencia con el claro propósito de pacificar el mundo y de entrada ordenó la salida de tropas de Irak. Esa guerra criminal que el presidente africano-americano no declaró, y en consecuencia ordenó realizar los movimientos logísticos para la retirada de más de cien mil hombres y del equipo acumulado en casi siete años de ocupación.
Consciente de las arbitrariedades cometidas por la administración de George W. Bush y Dick Cheney ordenó el cese de las torturas por la CIA y no se opuso al probable enjuiciamiento de los responsables. Con presteza ordenó el cierre de la cárcel de Guantánamo, aunque sin imaginar las dificultades de hacerlo en la práctica, pero dejando el precedente para acabar con las prisiones clandestinas de la CIA. En Afganistán busca la mejor manera de no empantanarse en ese conflicto temiendo un segundo Vietnam. Le gustaría un arreglo con el Mullah Omar de los talibán sin dejar de combatir a los terroristas de Al Qaeda. Cosa difícil, él lo sabe, pero cuando menos medita y pregunta antes de actuar.
Ha cambiado Obama la política penitenciaria contra los inmigrantes indocumentados. Ahora esperamos que cumpla con su palabra y dé una batalla ejemplar a favor de la muy esperada reforma migratoria integral. Antes permitió que los cubanos de la diáspora puedan ir a su país en el momento en el que lo deseen y llevando hasta tres mil dólares para entregárselos a sus parientes -o bien podrán mandárselos por correo sin límites de cantidad. También abrió la puerta para llegar a un entendimiento con los iraníes y con los coreanos del Norte. O sea, que Barack ha cambiado las reglas de juego y ha actuado en consecuencia creando algo que nunca habíamos visto: un mundo sin una potencia hegemónica amenazante. Pero si quiere seguir siendo digno del Nóbel de la paz, es necesaria la reforma migratoria integral. Como socios y aliados eso queremos los mexicanos y no esperamos menos de su parte.
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