Opinión / Columna
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Mario Núñez Mariel
Crisis económica global y mala fe
Organización Editorial Mexicana
14 de septiembre de 2009
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En los países como en los matrimonios, cuando arrecia la crisis económica empiezan los gritos, insultos y reclamos. Digamos dentro de ese parangón que los Estados Unidos no son la excepción por encontrarse en el epicentro de la crisis económica global. Desde el año pasado se han agudizado las contradicciones internas en este país vecino y los gritos y sombrerazos están a la orden del día. Pero sobre todo digamos que la mala fe impera en el discurso de los más exacerbados, hasta dejar la impresión de lo pobres de espíritu que son algunos gringos conservadores: cuando ahora, como en los treinta, descubren que son un país de gringos pobres. El temor de la miseria acobarda y más temerosos parecen los que más tuvieron en el pasado reciente. Los prejuicios raciales vuelven a salir a flote y la búsqueda de chivos expiatorios se vuelve deporte favorito de los sectores más atrasados de la sociedad estadunidense, incluyendo a los republicanos blancos, protestantes, anglosajones y rajones que no soportan haber perdido la Casa Blanca.
Los prejuicios acompañan a la mala fe, sobre todo cuando se trata de Barack Hussein Obama, su primer presidente africano-americano. Los ciudadanos de la derecha republicana acompañados de su extrema derecha -evangelistas, en el mejor de los casos, y neonazis, en motocicleta en la más violenta de sus expresiones- se revuelcan como perros con sarna cuando recuerdan que un vil demócrata de izquierda, que para acabarla de joder es mulato, les ganó las elecciones y ahora pretende "llevar el país al socialismo". Lo cual obviamente es falso, pero sirve para espantar a los sectores más primitivos de la sociedad estadunidense en las áreas rurales o de escasa densidad urbana.
En artículos anteriores vimos como los republicanos derechistas y sus aliados se lanzaban en contra del presidente Obama por su propuesta de reforma de salud, acusándolo de las más extrañas de las perversiones ligadas a la muerte. Ahora, desde hace semanas, se lanzaron en su contra de la misma irracional manera porque pronunciaría un discurso en una escuela pública con motivo del reinicio de clases escolares el 8 de septiembre. Para empezar, los padres de familia conservadores y reaccionarios cuestionaron el derecho del presidente de pronunciar un discurso en una escuela, acusándolo de querer lavarle el cerebro a sus hijos para convertirlos en izquierdistas. Después exigieron, sobre todo en Texas, que se presentara con antelación ante las autoridades escolares estatales una copia del discurso que pronunciaría el presidente Obama, para ver si no contenía elementos subversivos de adoctrinamiento -dentro de las más viejas de las tradiciones de la censura religiosa. Exigieron, además, los cuidadosos padres de la virginidad política de sus hijos que las escuelas impidieran a como diera lugar a que los estudiantes escucharan al presidente. Sin entender que la gran mayoría de los niños y jóvenes ya está del lado de Obama sin necesidad de inducción ideológica alguna.
En efecto, Barack Obama pronunció dicho discurso el pasado 8 de septiembre en la preparatoria Wakefield de Arlington, Virginia, conminando a los estudiantes de todo el país a trabajar duro, a que no abandonaran los estudios, bajo ninguna circunstancia, como parte de su responsabilidad consigo mismos, con su familia y con su país. No pasó nada de lo que los derechistas esperaban, salvo que algunos niños y jóvenes se perdieron de un espléndido discurso por la estupidez de sus padres. El discurso fue escuchado con cuidado por una mayoría de los estadunidenses y estuvieron de acuerdo en que se trataba de una magnífica pieza oratoria a favor de la educación, de los profesores y de los estudiantes. Así, el presidente Obama salía airoso y después, el 9 de septiembre, remataría con su discurso ante el pleno del Congreso sobre su reforma de salud para reafirmar su liderazgo indiscutible.