Opinión / Columna
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Mario Núñez Mariel
El continente que no quiere salir de la guerra fría
Organización Editorial Mexicana
7 de septiembre de 2009
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Murió el formidable senador Ted Kennedy y miles de analistas, periodistas y comentaristas de los cinco continentes señalaron, en clara coincidencia de opinión, que terminaba una época con su partida, en clara referencia a los años de la "guerra fría" que protagonizaron los hermanos Kennedy como baluartes de uno de los polos antagónicos. Lo cual parece no ser cierto en el caso de las Américas del Norte y del Sur: todo indica que no quieren salir de la guerra fría, si nos atenemos a la destemplada reunión extraordinaria de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) celebrada el pasado 28 de agosto en Bariloche, Argentina. Tienen razón los mandatarios conosureños en concordancia con su gran maestro de la nueva logia latinoamericana -el sobreviviente de Fidel Castro, recién salido de las catacumbas donde estaba escondido-, cuando denuncian como inadmisible el acuerdo entre Colombia y Estados Unidos de que los militares de la gran potencia hagan uso y probable abuso de bases militares en territorio colombiano, so pretexto de combatir a las FARC y al narcoterrorismo. Como bien dice Fidel, para combatir al narcotráfico no hacen falta portaviones.
Sin embargo, se equivocan los mandatarios añorantes de la guerra fría de la izquierda rabiosa latinoamericana -Fidel, Chávez, Morales, Correa y Ortega- en interpretar dicho acuerdo entre países soberanos como una amenaza de los yanquis que con ese movimiento supuestamente pretenden una invasión subcontinental posterior y la dominación militar en América del Sur. Para su saber y Gobierno la guerra fría dejó de existir desde la desaparición de la Unión Soviética y del Pacto de Varsovia. El imperio yanqui hace tiempo que dejó de ser una amenaza real en su propio hemisferio. El acuerdo colombiano-estadunidense no es más amenazante que las maniobras militares conjuntas ruso-venezolanas. La denuncia del imperio como enemigo permanente sólo es útil a los nuevos autoritarismos y a la más vieja dictadura del continente.
También se equivoca Fidel cuando sostiene en su artículo del 28 de agosto que México fue "desgajado" de América Latina desde la entrada en vigor del TLCAN. Cuantas veces habrá que decirle al viejo guerrillero que México es dueño de su propio destino por probada autodeterminación y que nadie nos puede desgajar de nuestro continente al cual pertenecemos por partida doble: como parte geopolítica de América del Norte y como parte afectiva, cultural y política con América Latina. Ese destino geopolítico de encontrarnos en el centro del tablero de las Américas es fatal, tan fatal como la pertenencia de la propia Cuba al subcontinente de América del Norte. Por tanto nuestra relación con Estados Unidos será constante y compleja como lo es la relación de Cuba con ese país vecino.
Y de modo particular se equivocó el presidente Obama admitiendo un acuerdo tan absurdo con Colombia. Para dejar de ser el imperio unilateral habrá que actuar en consecuencia. Para dejar de ser un gato, habrá que dejar de maullar como gato, dejar de moverse como gato, ya no lamerse como gato y sobre todo dejar de comerse a los ratones. Arrendar bases militares en Colombia, por más que sea un acto soberano de los colombianos, no deja de ser una movida torpe en términos geopolíticos. Estados Unidos pierde la imagen que recién se había forjado de país ávido de acuerdos multilaterales. A nivel continental Obama se encuentra entre los fuegos cruzados de una extrema derecha en lo interno y de una extrema izquierda en el exterior. Los errores del socialdemócrata de Obama serán aprovechados tanto por una derecha fascistoide estadunidense que lo está cazando en el interior, como por la izquierda rabiosa que añora los tiempos de la guerra fría en el exterior.