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Opinión
![]() Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Vespasiano construyó el Coliseo y mil obras más
El Sol de México
20 de agosto de 2006
Vespasiano era hijo de Tito Flavio Padrón, a quien se dispensó del servicio militar por su falta de salud. Entonces se le nombró recaudador del cuadragésimo de Asia y por muchos años existieron las estatuas que ciudades de aquella provincia le erigieron con la siguiente inscripción en griego: "Al recaudador íntegro".
Falleció dejando dos hijos de su mujer Vespesia Pola; el mayor llamado Sabino llegó a ser prefecto de Roma y el segundo, Vespasiano, emperador del imperio romano. A la contra de su honrado progenitor, lo único que se le censura a Vespasiano "es su avidez de dinero". Restableció los impuestos abolidos en tiempos de Galba, creó otros y de los más gravosos; aumentó los tributos de las provincias y los duplicó a menudo; realizó frecuentemente tráficos deshonestos "hasta para un particular". Vendía las magistraturas a los candidatos y las absoluciones a los acusados, fueran culpables o inocentes, y concedía los mejores empleos a sus agentes más rapaces con objeto de condenarles cuando se hubiesen enriquecido. Vespasiano justificaba su necesidad de dinero habiendo dicho al principio de su reinado: "Necesito que el Estado, para sostenerse, disponga de cuatro mil millones de sestercios". Ciertamente sus pillerías y sus rapiñas le dieron el dinero que necesitaba y que él supo emplear muy bien. ADULO A CALIGULA Y SOBREVIVIO Vespasiano nació en el país de los sabinos, al otro lado del río Reata, en una aldea llamada Falacrina, el 15 de las calendas de diciembre, hacia el atardecer, bajo el consulado Quirino Sulpicio Camerino y Carlo Popeo Sabino, cinco años antes de la muerte del emperador Octavio Augusto. Creció y ya en la juventud, para avanzar en la vida, aduló a Calígula, que era el emperador, utilizando todos los medios a que es posible recurrir para atraerse la simpatía de los poderosos. Atento a que Calígula estaba irritado contra el Senado, le ofreció servirle dócilmente y, para ello, solicitó juegos extraordinarios para celebrar la victoria conseguida por Calígula sobre los germanos y, de paso, propuso añadir al suplicio de los condenados por conjuración que se les privase de sepultura, arrojando sus cadáveres en cualquier parte para ser devorados por cualquier animal o ave de rapiña. Dio gracias en pleno Senado a Calígula por el honor que le había dispensado invitándolo a comer y beber a su mesa. Por recomendación de Calígula, casó con Flavia Domitila, en otro tiempo amante de Statilio Capela, noble romano de la ciudad de Sabrata, en Africa. El matrimonio procreó tres hijos: Tito, Domiciano y Domitila, y Calígula le regaló a cada uno de ellos una de sus propias copas de oro donde bebía el vino. Sin embargo, tras el asesinato de Calígula, a cuenta de su propia escolta de pretorianos, no dijo una sola palabra condenando el regicidio ni en contra de los conjurados y de inmediato se puso a las órdenes de Claudio Druso, el sucesor. Claudio escuchó la recomendación de su amigo Narciso a favor de Vespasiano y se le destinó a Germania como delegado de legión. EL COLISEO Vespasiano pertenecía a la familia Flavia y él fue el primer emperador de la estirpe. A la muerte de Nerón se inauguró la segunda época del imperio romano y de los grandes amantes de las obras públicas. Para erigir sus grandes edificios, Vespasiano utilizó principalmente los espacios ocupados antes por la Domus Aurea o palacio de Nerón. En sus últimos años, el joven e incendiario emperador había hecho "verdaderas locuras arquitectónicas", como transformar en lago el valle entre los montes Celio y Esquilino, llenar la Velia de jardines con su estatua gigantesca al centro y expropiar gran parte del terreno de las colinas, antes habitadas por los patricios, para construir en ellas las dependencias de su palacio. Estos edificios chamuscados, abandonados y ruinosos fueron transformados primero por Vespasiano y luego por Tito y Domiciano, segundo y tercero emperadores de los Flavios, respectivamente. Sobre la parte del Palatino que ocupaba la Domus Aurea, Vespasiano construyó un nuevo palacio imperial, más reducido y destinado exclusivamente a recepciones oficiales. En el lugar que ocupaban los jardines y el coloso de Nerón, que fue derribado y convertido en polvo, Vespasiano construyó la primera parte del Anfiteatro Flavio, o Colosseo o Coliseo, que es todavía la ruina más gigantesca que conserva Roma. El Coliseo, el mayor de todos los edificios del mundo romano, tiene cuatro pisos y el más alto estaba resguardado interiormente por una galería de columnas. Podía albergar 45 mil espectadores sentados y seis mil de pie. Los espectáculos que allí se ofrecían y desarrollaban son bien conocidos: combates entre gladiadores, luchas de gladiadores contra fieras, batallas navales y carreras de cuadrigas, entre otras diversiones populares, a costa del erario imperial, ya que el ingreso de los ciudadanos e incluso los esclavos era gratis. Una de las particularidades del Coliseo consistía en su domo o velario retráctil de lona que, siguiendo el velamen de los barcos, lo techaba todo para proteger del Sol y la lluvia a los miles de entusiastas espectadores, y que accionaban marineros. El día de la inauguración del Coliseo murieron cinco mil fieras y se dio muerte a más de mil gladiadores. GRAN CONSTRUCTOR Emprendió asimismo nuevas construcciones: el Templo de la Paz, cerca del Foro; el del emperador Claudio sobre el monte Celio y mandó edificar el Coliseo, según los planos que había dejado Augusto Matanzas. En los juegos celebrados por la dedicación del Teatro Marcelo, restaurado por él, hizo representar comedias antiguas y al poeta trágico Apolinar le regaló 400 mil sestercios; a los músicos Terpno y Diodoro 200 mil; 100 mil repartió a los actores, distinguiendo a algunos con 40 mil y a los de segundo reparto decenas de coronas de oro con su efigie. TOLERABA LA FRANQUEZA DE SUS AMIGOS Vespasiano toleraba que sus amigos le dijesen la verdad y soportaba su franqueza, ácida en ocasiones. Tampoco alzaba censura alguna ante los atrevidos apóstrofes de los abogados y los denuestos de los filósofos y artistas. En sus conversaciones era muy franco, principalmente durante la comida, donde continuamente decía chistes; era muy cáustico y, en ocasiones, recurría a grandes bufonadas, empleando las palabras "más sucias". Quien le mostraba muy poco respeto y se ufanaba de ello era Licinio Muciano, "cuyas costumbres infames eran harto conocidas". Vespasiano, ni en privado ni en público, jamás le reprendió y sólo se contentaba con decir: "Yo, cuando menos, soy hombre". Un equis día, paseando por la calle para "darse baños de pueblo", se encontró con el filósofo Demetrio, de la corriente de los cínicos, que se hallaba sentado sobre el suelo y a quien los jueces acababan de condenar por sus enseñanzas "corruptoras de la juventud". Demetrio, en vez de ponerse de pie ante el emperador o saludarlo, empezó a ladrar injurias contra él, Vespasiano nada respondió y se contentó sólo con llamarle "perro". No tenía, pues, memoria ni resentimiento para las ofensas y enemistades. NUNCA CASTIGO A UN INOCENTE Como suele suceder, los monarcas absolutos castigan por igual a inocentes que a culpables. Este no era el caso de Vespasiano, de quien no se conoce un solo caso de injusticia. Si alguno hubo, éste lo llevaron a cabo en ausencia suya, sin saberlo él y siempre contra su voluntad o porque fue engañado. En realidad, manifestaba su pesadumbre ante la muerte de un hombre a quien se ejecutaba por delitos mayores y deploraba incluso los suplicios determinados por los jueces. ERA IGUALITARIO Sus actos igualitarios se extendían a todos sin distinción y así completó el censo de algunos senadores y caballeros; estableció una renta anual de 500 mil sestercios para los consulares pobres y en todo el imperio hizo reconstruir, más hermosas de lo que eran antes, cientos de ciudades destruidas por los terremotos y los incendios. Sin embargo, su avidez de dinero lo llevó a vender las magistraturas a los candidatos y las absoluciones a los acusados, fueran inocentes o culpables, y a conceder los mejores empleos a sus allegados más rapaces con objeto de condenarlos cuando se hubiesen enriquecido. Sus contemporáneos tanto decían que su avaricia era ingénita, cosa falsa, ya que a su padre se le nombró "íntegro", como justificaban su pillaje y rapiña ante la extrema penuria del Tesoro y del Fisco. ERA GENEROSO CON LOS ARTISTAS E INSTITUYO EL DIA DE LA MUJER Fue el primer emperador romano que constituyó sobre el Tesoro público una pensión anual de 100 mil sestercios para los retóricos griegos y latinos. Concedió robustas gratificaciones y magníficos regalos para los poetas célebres y artistas famosos. No sólo a ellos, a un mecánico que se había comprometido a transportar con poco gasto al Capitolio columnas inmensas, le hizo abonar una importante suma por su proyecto, pero consciente de que era una retribución exagerada ante otras carencias, la pospuso razonando: "Permitid que alimente primero al pobre pueblo". Si bien hacía regalos a la mesa de los hombres el Día de las Saturnales, dispuso que igualmente a las mujeres se les dieran obsequios el día de las calendas de marzo, instituyendo el Día de la Mujer en esas fechas. HOMBRE SANO Y FUERTE Vespasiano era de "complexión cuadrada, miembros fuertes y robustos, y el rostro como el de que hace violentos esfuerzos", consigna Suetonio Leto en su obra "Los doce Césares". CONQUISTADOR POR AZAR Vespasiano se rehusaba a marchar a Alejandría a fin de apoderarse de las fronteras de Egipto, a pesar de que sus partidarios le pedía hacerlo. Entonces el azar lo decidió. Resulta que las tropas que avanzaban sobre Aquileya, habiéndose enterado de la derrota y muerte del príncipe Otón, no creyeron la noticia y, sin embargo, relajados y sin jefes se entregaron a la holganza, a excesos y rapiñas, más temiendo que al regresar a Roma fueran obligados a dar cuentas de su conducta y se les castigara, decidieron elegir un nuevo emperador imitando a las legiones de España que habían escogido a Galba, a los pretorianos que habían proclamado a Otón y al ejército de Germania que había coronado a Vitelio. Eran dos mil soldados que habían sido retirados de las legiones del ejército de Misia para socorrer a Otón. Ante el hecho de que Otón ya no existía, proclamaron a Vespasiano emperador, un hombre al que ni siquiera conocían. Hicieron grandes elogios del nuevo emperador, que todos aplaudieron y el nombre de Vespasiano quedó grabado en sus enseñas. Pronto, Tiberio Alejandro, prefecto de Egipto, fue el primer gobernante que hizo prestar a sus legiones juramento a Vespasiano y el ejército de Judea le juró fidelidad el 5 de los idus de julio. Siguió Lucinio Muciano, gobernador de provincia, quien había tenido dificultades con Vespasiano y, olvidándose de las querellas, le prometió el ejército de Siria, entretanto Vologeso, rey de los partos, le ofreció 40 mil arqueros. Vespasiano, con tales respaldos, reprimió las revueltas de los galos, bátavos y judíos; conquistó Bretaña y regresó a Roma para celebrar su triunfo. La reputación de Vespasiano creció, se consolidó y él comenzó a imperar sobre el imperio romano, siendo su primer empeño afirmar la República quebrantada y vacilante y asegurar su prosperidad. MURIO DE PIE Momentos antes de expirar, a la edad de 70 años, pidió que lo levantaran de su lecho diciendo: "Un emperador debe morir en pie". Columnas anteriores
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