Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Dickens, reportero, novelista, conferencista

El Sol de México
24 de diciembre de 2006

Charles Dickens murió de un devastador ataque cerebral al atardecer del 9 de junio de 1870. Sus últimos años se había abismado dando conferencias y lecturas, una actividad que lo agotaba totalmente y que finalmente le colisionó la mente. Un día antes había estado trabajando intensamente, había escrito varias cartas y al atardecer, antes de ir a cenar, sobrevino el ataque produciéndole inaguantables dolores de cabeza. Se levantó de la mesa de trabajo y cayó al suelo. No recobró el conocimiento y en la tarde del día siguiente, poco después de las seis, murió. Tenía 52 años y estaba escribiendo otra de sus historias de Navidad.

KAKFA QUERIA ESCRIBIR COMO EL

En su Diario, el 8 de octubre de octubre de 1917, Franz Kafka escribió: "Mi propósito era, ahora lo comprendo, escribir una novela al estilo de Dickens, una novela enriquecida con los destellos cegadores de la época y las luces más mortecinas de mi intimidad. La riqueza de ideas y la poderosa capacidad expresiva en Dickens dan lugar también a pasajes de espantosa insustancialidad, en los que de vez en cuando se agitan los logros conseguidos. Este disparatado conjunto produce una impresión bárbara, es un barbarismo en sí mismo que yo, gracias a mi debilidad y gusto decadente, he evitado. Bajo la capa de ese estilo amanerado y rebosante de emotividad se esconde la insensibilidad más absoluta. Esos personajes brutales de caracterización tosca están entroncados de manera artificial y ficticia en cada hombre, y sin ellos, Dickens no sería capaz de escribir una historia, ni siquiera la más superficial".

LA OPINION DE T. S. ELIOT

El magnífico poeta Thomas Stearns Eliot, en un artículo publicado en el Suplemento Literario del Times en 1927, consigna: "Los personajes de Dickens, al igual que los de Dante y Shakespeare, pertenecen al ámbito de la poesía, puesto que una sola de sus frases es suficiente para actualizar su presencia entre nosotros".

DICKENS, EL REPORTERO

Siguiendo el ejemplo de su padre John, jubilado del Ministerio de Marina, quien había estudiado taquigrafía y trabajaba para la British Press, Charles estudió también taquigrafía y a sus 17 años entró a trabajar como reportero independiente acudiendo a las sesiones en Doctors Common, donde se hacinaban los tribunales que se ocupaban de los asuntos del Almirantazgo.

Tras verse impedido a causa de un severo ataque de gripe para acudir a una audición en Covent Garden con el propósito de iniciar una carrera de actor, ya que él era un actor nato, se aplicó al periodismo ejerciéndolo en el periódico Mirror of Parliament, cuyo propietario era su tío John Henry Barrow, y con tal éxito por su crónicas parlamentarias que el nuevo diario de la tarde, el True Sun, le encomendó la crónica que en la Cámara de los Comunes se llevaba a cabo en relación a la Ley de Reforma.

Sus crónicas, precisas, puntuales y sagaces, colmadas de ironía y sátira le valieron que el Morning Chronicle, un diario liberal, le ofreciera el puesto de cronista parlamentario.

Dickens hizo fama nacional con sus trabajos y así tanto cubría las elecciones, los mítines de provincia, los banquetes y otros actos públicos.

En esas andaba, cuando en Monthly Magazine apareció publicada su primera obra literaria, el ensayo "Una cena en Poplar Walk" y de ahí a seguirle.

SU PRIMERA NOVELA POR ENTREGAS

En nuestros tiempos, las novelas por entregas son las telenovelas, las que finalmente se han situado como las únicas, ya que incluso las antes favorecidas radionovelas dejaron de existir. En la prensa escrita las novelas por entregas se dejaron de publicar desde hace muchas décadas. Son los comics, las historietas ilustradas, las actuales narraciones por entregas.

A mediados de la década de los 40 en el siglo antepasado, Dickens se comprometió a entregar 12 mil palabras al mes que formarían los cuadernillos ilustrados por el popular dibujante Robert Seymor a instancias de la firma de editores Champan y Hall.

Los editores buscaban textos humorísticos que describieran incidentes deportivos para servir de apoyo a las ilustraciones de Seymor que era el exitoso. Dickens accedió imponiendo sus propias condiciones: los dibujos deberían ilustrar el texto y no al revés. La historia sería suya y no de Seymor.

Los editores aceptaron y Seymor protestó "airadamente", y al final tuvo que aceptar las condiciones impuestas por el escritor.

Así, el primer número de "Los papeles de Pickwick" aparecieron hacia finales de marzo de 1836.

Las dos primeras entregas de Pickwick apenas causaron impacto, vendiéndose tan sólo unos pocos cientos de ejemplares y Seymor, un hombre enfermo y derrotado, acabó suicidándose.

Los editores consiguieron otro dibujante, Knigth Browe, quien firmaba sus ilustraciones con el seudónimo de "Phiz". La colaboración entre Dickens y Browe se prolongó por muchos años, y siempre fue muy cordial y participativa.

En la cuarta entrega de Pickwick se incorporó un nuevo personaje, Sam Weller, y a partir de ese momento el interés de los lectores y las ventas aumentaron vertiginosamente. Mucho antes de que se publicara el número 20 y último de la serie, el país entero estaba entusiasmado con Pickwick, aplicándose el nombre a toda una colección de objetos desde abrigos, sombreros, hasta bastones y cigarros puros.

El éxito de Pickwick determinó a Dickens renunciar como reportero del Morning Chronicle y pasando de su etapa de periodista se entregó de inmediato a varias actividades, apoyándose en su fama literaria.

Dickens poseía gran energía y "podía trabajar como tres hombres", y así publicó por entregas las novelas "Oliver Twist" y "Nicholas Nickleby", al mismo tiempo dirigía la revista mensual Bentley's Miscellany.

Dickens tenía 27 años de edad, era famoso y rico.

CONFERENCISTA INCESANTE

"En 1860 el novelista más famoso del mundo en aquellos años había resuelto, en lo más hondo de su personalidad, acabar con sus fuerzas", escribe su biógrafo, el también novelista inglés J. B. Priestley.

En el mes de marzo de ese año, Dickens se decidió a dar lecturas públicas de sus obras en plan profesional. Necesitaba el dinero que le pagarían por ello, ya que era un autor muy cotizado. Quería ganarlo en muy poco tiempo, pues tenía que sufragar los gastos de las tres residencias que poseía: la que habitaba en Gad's Hill, la de su exmujer Kate en Londres y la de su nueva mujer Ellen Ternan en Peckham.

Además del dinero, ya se había engolosinado con la emoción de los viajes al extranjero y la elevación de su autoestima que le brindaban sus "triunfales apariciones personales", y lo necesitaba.

Disfrutaba del poder de fascinación que ejercía sobre sus numerosos públicos. Era un consumado actor que representaba sus propios personajes y entonces, ante el auditorio, reía, sollozaba y se indignaba. La gente le aplaudía "a rabiar".

El era, en su autovaloración, "inimitable". De modo que preparaba, con todo rigor y minuciosamente, las actuaciones de sus lecturas. Editaba los textos originales de las novelas, eligiendo los pasajes más escenificables y de impacto dramático inmediato.

Toda aquella escenificación a cargo de "un solo hombre": Dickens, el novelista consagrado y mimado de los lectores y del público.

Las representaciones "hipnotizaban" a sus numerosos auditorios y él mismo se había convertido en un adicto a esa droga que son las ovaciones y los gritos de "¡Bravo, bravo!" que se destinan a los grandes actores. Cada día necesitaba más de ese estimulante.

Tal desgaste lo dejaba ahora sí que "para el arrastre" y, además, "se la seguía", ya que sus admiradores le rodeaban al término de sus lecturas, le hacían preguntas, le pedían autógrafos y algún personaje principal y poderoso le invitaba a cenar y beber.

Falto de energía, su equilibrio nervioso y emocional comenzó a flaquear, y al debilitarse, en unos años envejeció rápidamente.

"Impelido a salir al encuentro del desastre", deduce Priestley.

ELLEN, LA AMANTE SECRETA

Hasta después de su muerte, y casi medio siglo más tarde, se conoció su amasiato con la joven actriz, rubia y bonita llamada Ellen Ternan, a la que conoció cuando ella tenía 16 años, un anochecer entre los bastidores en el teatro Haymarket llorando "porque el traje que llevo en escena resulta indecoroso".

Dickens había escrito, en colaboración con Wilde Collins, el drama "The Frozen Deep" sobre los exploradores del Polo Norte y Dickens hacía el papel del protagonista.

El teatro Haymarket estaba en Manchester y siendo un gran escenario, fue necesario contratar actrices profesionales para no depender de las actrices aficionadas que reclutaban en otras ciudades.

Así, Dickens contrató al trío de las Ternan, la madre y dos hijas. El papel de la chica era insignificante, pero tenía una linda cara, grandes ojos azules y un cuerpecito atractivo, ya que era bajita de estatura.

Dickens se conmovió ante el llanto de la jovencita y, más que eso, cautivado, se encaprichó con ella y luego de hacerlo en repetidas ocasiones, se enamoró de ella. El tenía casi 50 años de edad.

Dickens subyugado, se separó de su esposa Catherine y Ellen se convirtió en su amante secreta, instalándola en una casa en Peckham.

En un carta dirigida a su madre, Ellen le confesó que "aquella situación me disgustaba profundamente y fueron muchos años de soportarla y, más todavía, porque admirando al gran escritor y hombre generoso, nunca le amé".

Sólo Georgina Hogarth, hermana de su exmujer Catherine; las dos hijas de Dickens y sus amigos íntimos estaban al tanto del romance. Ellen lo acompañó en algunos viajes, pero no en la segunda visita del escritor a Estados Unidos y durante 10 años que duró la relación, ésta se mantuvo en estricto secreto.

AUTORITARIO Y DESPOTICO

Tenía pasión casi militar por el orden, la disciplina y la pulcritud, y sabía comportarse autoritario y despótico a menudo, aunque con sus amigos era afable y en las reuniones sociales, los días de campo y fiestas infantiles solía cantar canciones divertidas, actuaba como payaso y hacía actos de magia y prestidigitación.

Cuando se sentía alegre y animado era insoportable por lo excesivo y ruidoso que se comportaba. Aunque no era un gran bebedor, sí le gustaba el vino y lo disfrutaba. También el whisky y la champaña.

SU APARIENCIA

Por los testimonios de la época y a criterio y vista de sus contemporáneos, Dickens era guapo, con una melena que se dejó crecer al convertirse en novelista, "que le caía en unos rizos, casi como a una muchacha, en torno a sus suaves mejillas".

Sus brillantes ojos "poseían todo el poder y magnetismo de un ser iluminado".

El historiador Thomas Carlyle lo describe: "Un excelente muchacho, ese Boz; tiene unos ojos azules e inteligentes que él arquea de forma asombrosa, una boca amplia y protuberante, un tanto holgada, un rostro de una gran movilidad que él maneja -cejas, ojos, boca y todo lo demás- de manera singular mientras habla. Un joven reposado, listo, que parece adivinar con total precisión como es él y cómo son los demás".

Boz fue un seudónimo bajo el cual Dickens publicó varios libros.

INFANCIA ES DESTINO: LA FABRICA DE GRASA PARA ZAPATOS

Dickens nació en Landport, parte ya de Portsmouth, Inglaterra, el 7 de febrero de 1812. Era el segundo de los hijos y primer varón de John y Elizabeth Dickens.

Su padre era hombre bondadoso y afable, aficionado a las tertulias, jovial, retórico, extremadamente optimista y derrochador.

John trabajaba en los astilleros de Chatman y en esas fue trasladado a Londres, cargado de deudas y otros compromisos, por lo que tuvo que vender casi todos sus muebles, así como ropas de vestir y de cama, y nadie en Londres acudió a auxiliar al matrimonio y a sus seis hijos. Todo lo empeñó el padre y los chicos ya no fueron enviados a la escuela. A Charles, un amigo de la familia le consiguió empleo en una fábrica de betunes, con un salario de seis chelines semanales. Charles tenía 12 años de edad y este "episodio" marcó toda su existencia.

Dickens lo relata: "Ninguna obra mía alcanza a expresar la secreta agonía de mi alma cuando me vi entre esa gente tan distinta de los compañeros de mis primeros años felices, y sentí que mis esperanzas de llegar a ser un hombre culto y distinguido se venían abajo. Mi naturaleza toda estaba conturbada por el dolor y la humillación, que aún ahora, famoso y halagado y satisfecho, a menudo olvido en mis sueños que tengo una esposa y unos hijos queridos; incluso que soy un hombre; y retorno desolado a aquella época de mi vida".

Esta fue una herida profunda y nunca cicatrizó. El hecho determinó, sin duda, toda esa voluntad que desarrolló su capacidad y su talento para convertirse en el más famoso y próspero escritor inglés de aquel tiempo y hasta hoy en día.
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