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Opinión
![]() Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
John Milton, de la insurrección de Luzbel al paraíso perdido
El Sol de México
17 de diciembre de 2006
John Milton creó su enorme poema "El Paraíso perdido" en los tiempos en que Oliver Cromwell organizó la primera revolución y la primera República de Inglaterra, y gobernó como el Gran Protector. Esta obra es la gran epopeya religiosa y moral tan importante como las tragedias de Shakespeare. Allí se escuchan los gritos de los ángeles malos, las maldiciones de Satanás, el ruido de La Caída, los paisajes del Edén, los cielos nublados y las auroras de un cielo que está muy lejos de ser alcanzado así nomás.
El extenso poema representa y recoge la posición espiritual de Milton y su circunstancia histórica. Una posición sin extremismos, transparentemente afiliada al puritanismo; enemigo de la Corona, pero no democrático defensor de la causa del pueblo como sede de la soberanía, sino partidario de los "contratos entre el pueblo y el rey". DRAMA Y DESTINO FINAL DE LA HUMANIDAD Milton reúne todas las inquietudes que la Reforma suscitó: el drama, primero, y el destino final de la humanidad. En el libro undécimo del poema, el arcángel San Miguel descubre a Adán el futuro del hombre diciéndole: "Adán, abre ahora los ojos y contempla en primer lugar los efectos que tu crimen original ha producido en algunos que nacerán de ti, los cuales, sin embargo, no han tocado jamás el árbol prohibido ni conspirado con la serpiente ni delinquido con tu pecado; pero a pesar de ello, de ese mismo pecado heredan la corrupción que ha de precipitarlos en acciones más violentas". ADAN ENTRE LUZBEL Y CROMWELL Atendiendo a la circunstancia histórica que vivió Milton, la atmósfera revolucionaria, la creación de la República y el papel protagónico de Cromwell, la epopeya es transparente: Adán es tanto el insurrecto Luzbel como Cromwell, aunque éste sí consiguió decapitar al rey, cosa que Luzbel no logró hacerlo con Dios y por andarse en tales rebeliones, el Malo fue a dar al Valle de las Tinieblas y Adán fue echado a la calle junto con la ingenua y crédula Eva, que atendió las argumentaciones del Malo disfrazado de seductora serpiente. Si la propuesta de Milton era mandar a Cromwell a gobernar los infiernos, la realidad se impuso y, en todo caso, en la transposición miltoniana, Inglaterra representaría el Infierno. En los hechos, Milton fue el único que permaneció fiel a Cromwell. Los escritores e intelectuales "que se habían arrastrado y vendido al poder del Protector, insultaban sus cenizas y dedicaban alabanzas desmedidas a Carlos II, sucesor del rey ejecutado". Su tercera mujer le suplicó que aceptara su antiguo empleo de secretario del Consejo de Estado, a cuya propuesta Milton respondió: "Tú eres mujer y quieres tener lujo, pero yo deseo morir como hombre honrado". Milton vivía en extrema pobreza. Un día, paseándose por el parque de Saint-James, oyó voces de alerta: "¡El rey! ¡El rey!". Entonces le ordenó a su lazarillo: "Retirémonos, nunca me han gustado los reyes". Carlos II se acercó al ciego y le dijo: "Caballero, ya veis cómo os ha castigado el Cielo por haber conspirado contra mi padre". Milton rápido comentó: "Señor, si los males que nos afligen en este mundo son el castigo de nuestras faltas, vuestro padre debió ser muy culpable". Carlos II se retiró nomás. SU JORNADA DE TRABAJO Milton era madrugador y se levantaba a las cuatro de la mañana en el verano y a las cinco en el invierno. En verano se lavaba la cara y se frotaba el dorso desnudo con una toalla mojada: en invierno nada más se enjuagaba el rostro. Llevaba casi siempre un traje de recio paño gris; estudiaba hasta el mediodía; comía frugalmente y nunca carnes rojas; se paseaba con un guía al que le pagaba un chelín al día y nunca le daba 30 al mes; cantaba por la tarde acompañándose con algún instrumento; conocía la armonía y tenía buena voz. Le gustaban la música y las flores. Por espacio de bastante tiempo se dedicó al ejercicio de las armas, blandiendo la espada y lanzando la lanza; era buen arquero. En la cena comía de cinco a seis aceitunas y un vaso de agua; se acostaba a las nueve y hacía sus versos en la cama, pensándolos. Al terminar algunos, llamaba y se los dictaba a su mujer o a sus hijas. Los días de sol se sentaba en una banca a la puerta. Vivía en Bunhill-Bow, en una casa modesta al lado del camino. Algunos que por allí pasaban le gritaban improperios al poeta ciego: "¡Parricida de tu rey! Si gracias a la clemencia de Carlos II te has librado del suplicio, ha sido para sufrir un castigo peor. Viejo, enfermo, pobre, privado de la vista, reducido a escribir para vivir evoca ahora la sombra de Saumaise para ganar tu subsistencia". Claudio de Saumaise era un filólogo francés y polígloto. Después de vivir en Francia se radicó en Holanda, en donde se dio a conocer y "alcanzó gloria universal". Nació en 1588 y murió en 1658. Otros eran menos ilustrados y sólo lo injuriaban, y le echaban en cara su fealdad, su edad, su ceguera y su corta estatura. Milton se limitaba a contestar: "Soy pobre porque no me he enriquecido nunca; no soy pequeño ni grande; jamás se me ha considerado feo y en mi juventud no me inspiraron temor los más osados mientras yo ciñera mi espada". Milton era guapo y en juventud apuesto y seguía siéndolo; tenía una admirable cabellera, ojos de una gran pureza extraordinaria, en los que "no se veía la menor mancha, de suerte que era imposible creerlo ciego". LEONOR, LA ITALIANA En 1638 viajó a Italia con el propósito de estar allí una larga temporada mirándolo todo; sin embargo, las convulsiones de la Revolución y la agitación religiosa lo decidieron regresar un año después, durante el cual mantuvo un intenso romance con la italiana Leonor, a quien conoció en Roma. Milton tenía 30 años cuando fue a Italia. En Florencia visitó a Galileo Galilei, casi ciego y prisionero de la Santa Inquisición. Fue solamente un saludo, porque Galileo era estrechamente vigilado por sus presuntos discípulos que eran agentes del Santo Oficio y nada decía de sus cosas. Sin embargo, Milton le hizo en "El Paraíso perdido" un homenaje al "nuncius sidereus". En Roma se hizo amigo de Holstein, bibliotecario del Vaticano y en casa del cardenal Barbarini oyó cantar a Leonor, prendándose de ella y siendo correspondido. Milton le escribió un soneto: "Otra Leonor se apoderó del poeta Torcuato Tasso, a quien su insano amor hizo perder el juicio. ¡Ah! ¡Cuán feliz habría sido aquel desgraciado si en tu tiempo lo hubiera perdido por ti, Leonor!". La pareja de amantes pasó varias semanas de pasión y de amoroso tormento, hasta que las noticias que llegaron de Inglaterra lo hicieron regresar a su patria. Tenía planeado viajar a Sicilia y Grecia, y no pudo hacerlo, ni visitar Venecia como era su deseo y el de Leonor. Esta separación forzosa aniquiló para siempre sus pasiones amorosas y sensuales. TRES MATRIMONIOS Ya en Inglaterra, Milton se casó con María Powell. La jovencita de 17 años era hija de Ricardo Powell, juez de paz de Forest-Hill, en Oxfordhsire, a quien el padre de Milton había prestado 500 libras que nunca pagó y, para saldar la deuda, entregó a su hija al heredero de su acreedor. La chica sostenía las convicciones estuardistas de su progenitor y, al cabo de un mes, "avergonzada por haber dado mi mano a un republicano", abandonó la casa conyugal y rehusó volver a ella. Milton, ante la separación, escribió "La doctrina y la disciplina del divorcio", obra que provocó violentos ataques en su contra, a los que contestó con su "Aeropagítica" y otros dos escritos: "Tetrachordon" y "Colasterion", textos en defensa de la libertad de opinión. Mas la chamaca Powell, a sus 17 años, se había prendado del poeta que le escribía hermosos sonetos y se reconciliaron. "Ella se arrojó llorosa a los pies de su marido, confesando sus yerros y Milton perdonó a la pecadora". De este reencuentro Milton produjo "La reconciliación de Adán y Eva". Un día, María falleció, dejándole tres hijas y como Milton necesitaba compañera y una mujer que atendiera a sus hijas, casó cuatro años después con Catalina Woodcock de Hackeney, quien falleció al año de matrimonio. El dos veces viudo Milton tornó casarse con Isabel Minshul. Tranquilo y atendido, se aplicó afanosamente en escribir su obra capital "El Paraíso perdido" e inmediatamente "El Paraíso recobrado". El escritor tenía 50 años de edad. Las hijas de Milton le engañaban y vendían secretamente sus libros, de lo cual él se lamentaba sintiendo que no era querido por ellas ni por ninguna mujer finalmente. Milton creía "a la mujer hecha solamente para la obediencia y al hombre para la rebelión". SECRETARIO DE CROMWELL Y CIEGO Cierto día un embajador se quejó a Cromwell de la demora de una respuesta diplomática que urgía. El Protector le respondió: "El secretario no la ha despachado porque como está ciego va despacio". El diplomático replicó: "¿No ha podido encontrar en toda Inglaterra nadie más que un ciego para escribir regularmente en latín?". Cromwell comentó: "Este ciego mira más que ninguno, tanto o más que yo mismo. Ciertamente es un magnífico secretario al que confío los asuntos más delicados. Y, en tratándose del latín, él lo escribe con tanta o más fluidez que nuestra propia lengua". Hasta entonces se habían escrito en francés las minutas del Gabinete de Saint-James, Milton las redactó en latín, proponiéndose hacer del latín la lengua diplomática universal sin conseguirlo. Los escritos políticos de Milton habían llamado la atención de los jefes del Gobierno, los cuales hicieron que tomara parte en los negocios públicos, nombrándolo secretario latino del Consejo de Estado de la República. Cuando ésta se transformó en Protectorado, Milton pasó naturalmente a ser secretario de Cromwell, el Protector, para la lengua latina. "AREOPAGITICA", LA LIBERTAD DE IMPRENTA El Aerópago, la colina de Ares o Marte en Atenas, Grecia, era el lugar de las grandes asambleas y el tribunal judicial más alto de la "polis". Milton se dirige en "Areopagítica" al Parlamento inglés como si lo hiciera ante el Areópago de la antigüedad. Su asunto es la libertad de imprenta, dirigido precisamente contra los inquisidores y contra quienes amenazan la difusión del conocimiento. Esta diatriba es un clásico entre los textos en defensa de las libertades de opinión y su ejercicio. En su tiempo no se había creado la frase "libertad de imprenta", así que el título de su libro es: "Discurso sobre la libertad de imprimir sin licencia". Milton, tras consignar que la "censura es inútil contra los malos libros, por cuanto no puede impedir que circulen", añade: "Matar a un hombre es matar una criatura racional; matar un libro es matar la razón, es matar la inmortalidad más bien que la vida. "Las revoluciones de los tiempos suelen no recobrar una verdad desechada, por falta de la cual naciones enteras sufren eternamente. "El pueblo os excita a no retroceder, a entrar resueltamente en el camino de la verdad y de la virtud. Y Milton pregunta a los parlamentarios: "¿No tendréis reparo en suprimir esa florida cosecha de conocimientos y de luces nuevas, que han crecido y crecen aún diariamente en esta ciudad? ¿Estableceréis una oligarquía de 20 monopolizadores, para matar de hambre intelectual nuestros espíritus? ¿Estaremos reducidos al alimento en la medida que nos quisieran tasar? "Creedme, lores y comunes; yo he tomado asiento entre los sabios extranjeros, los cuales me han felicitado por haber nacido en un país de libertad filosófica, mientras ellos se veían reducidos a lamentar la servil condición en que gemía la ciencia en su tierra. "He visitado al famoso Galileo, anciano ya y prisionero de la Inquisición por haber pensado en astronomía de distinto modo que un censor franciscano o dominico. La libertad es la nodriza de los grandes ingenios; ella es la que ilumina nuestras ideas cual la pura luz del cielo". LA MUERTE DEL GENIO La primera edición de "El Paraíso perdido" permaneció, completa, durante toda la vida del poeta en la bodega de su arriesgado editor Samuel Symons, que se atrevió a editarlo a pesar de haber sido censurado, negándosele el "imprimatur". Milton recibió cinco libras esterlinas por los todos los derechos de su obra. Aunque sobrevivió siete años a la publicación del libro, no tuvo oportunidad de conocer su éxito. Milton era pobre y estaba enfermo, de manera que en sus últimos días de vida tuvo que vender su biblioteca al mejor postor. Al aproximarse su fin, el doctor Wright fue a visitarlo y lo encontró retirado en el primer piso de su modesta casa, en una pequeña estancia, a la cual se subía por una escalera alfombrada provisionalmente para ahogar el ruido de las pisadas y no importunar las últimas horas del poeta. El doctor encontró a Milton "vestido con un jubón negro, reposando en un sillón de brazos, con la cabeza descubierta; sus canosos cabellos caían sobre sus hombros y sus ojos negros de ciego brillaban sobre la mate palidez de su rostro". Horas después, el 10 de noviembre de 1674, Milton falleció "dulcemente" a los 66 años de edad. Columnas anteriores
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