Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Marquesa Calderón de la Barca, La vida en México

El Sol de México
5 de octubre de 2008

Xalapa, 23 de diciembre de 1839.

"A eso de las cinco llegamos a Manga de Clavo, después de caminar durante leguas a través de un jardín natural, que es propiedad de Santa Anna.

"La casa es bella, su apariencia graciosa y su disposición agradable. Nos recibió un ayudante uniformado junto con varios oficiales y nos condujeron a una habitación amplia, fresca y agradable, dotada de pocos muebles, en la que no tardó en presentarse la señora de Santa Anna, alta, delgada y vestida para recibirnos, a tan temprana hora matutina con muselinas blanca, clara, zapatos blancos de raso, espléndidos aretes de diamantes, prendedor y sortija.

"Mostróse llena de cortesía y nos presentó a su hija Guadalupe, miniatura de la mamá, así en la fisonomía como en el traje.

"Pocos momentos después llegó el general Santa Anna en persona: es un individuo de aspecto caballeroso, de buen mirar, que viste con sencillez y cuyo aire en lo general tiene un no sé qué de melancólico.

"Tiene sólo una pierna, al parecer es algo inválido y para nosotros resulta la figura más interesante del grupo.

"Su color es pálido, negros y hermosos sus suaves y penetrantes ojos, y la expresión de su cara es interesante.

"Al que no sepa nada de la historia podría hacerle la ilusión de un filósofo que vive en digno retiro, después de haber andado por el mundo y comprobado que todo en él es vanidad e ingratitud; pero el cual, si se le exigiese abandonar su ermita, lo habría de hacer únicamente a la manera de Cincinato, obedeciendo al llamado de la Patria.

"Extraña cosa que semejante apariencia de filosófica resignación, de plácida tristeza, haya de observarse frecuentemente en la fisonomía de los más profundos, ambiciosos e intrigantes de los hombres.

"Calderón le entregó una carta de la reina, escrita en el supuesto de que todavía era presidente, la cual pareció causarle mucho agrado. Más sólo dijo: '¡qué bien escribe la Reina!'".

SU MATRIMONIO

Frances Erskine Inglis nació en Edimburgo, Escocia, Gran Bretaña, el 22 de septiembre de 1806. Su padre, Sean Erskine, emigró con su familia a la ciudad de Boston, Estados Unidos, por graves quebrantos en su fortuna.

Entonces, su madre, Emma, estableció una escuela con la que pudo encontrar sustento para ella y sus 10 hijos.

Frances o Fanny, la futura marquesa Calderón de la Barca, la ayudaba eficazmente en el manejo de la escuela. Compuso en aquellos años un libro famoso que pasa por ser de un autor estadunidense muy renombrado: Henry Woodsworth Longfellow, quien jamás reconoció que la autora era Frances.

Estudió literatura e historia en la escuela materna y se relacionó e hizo amistad con el historiador William H. Prescott y el hispanista George Ticknor, quienes estimularon la vocación literaria de Frances.

La chica era guapa, elegante, distinguida y "muy observadora y perspicaz" y, en esas, durante una cena en casa de Prescott conoció al diplomático, escritor y político español Ángel Calderón de la Barca, que había nacido en Buenos Aires, Argentina, el 7 de noviembre de 1790.

Don Ángel era embajador de España en Washington y "de inmediato ambos se enamoraron y pocos meses después contrajeron matrimonio", a finales de 1837.

Ella tenía 37 años y él 47.

A mediados del año siguiente, Calderón de la Barca fue designado ministro plenipotenciario en México, como resultado del reconocimiento de la Independencia mexicana por España, siendo por ello el primer embajador español en México.

LA RECONCILIACIÓN CON ESPAÑA

El 28 de agosto de 1836, el Congreso español aprobó un decreto según el cual, y mientras se concluyen las negociaciones del caso con el gobierno de la reina doña María Cristina de Borbón, "se suspende cualquier hostilidad contra aquella nación y se abren los cauces del comercio entre sus puertos y los nuestros sin más restricción que la reciprocidad".

Se tardarían así, dos años después para la designación de Don Ángel, como ministro plenipotenciario.

Antes de presentar sus cartas credenciales al presidente Anastasio Bustamante, que había retornado a la presidencia el 8 de julio de 1839, los Calderón pasaron a visitar al general Antonio López de Santa Anna, que vivía en retiro en Manga del Clavo y los había invitado hacerlo. Eran los últimos días de diciembre de ese año y es la fecha en que se lleva a cabo el encuentro que describe en una de sus cartas la marquesa. Santa Anna tiene 45 años.

En 1841 Bustamante se separa del cargo para tomar el mando del ejército, encargándole la Presidencia a Javier Echeverría, que toma posesión el 22 de septiembre.

Días más tarde, el 10 de octubre, Santa Anna toma posesión del cargo, por sexta vez, al ser nombrado para éste por la Junta de Representantes de los Departamentos, en sustitución de Echeverría.

EL PRESIDENTE BUSTAMANTE

Ciudad de México, 29 de diciembre de 1839.

"Ayer por la tarde me llevaron a visitar al Presidente. El Palacio es un enorme edificio que, además de contener las oficinas de dicho Magistrado y de sus ministros, da alojamiento a los principales Tribunales de Justicia.

"Ocupa todo un lado de la plaza; pero su arquitectura no es notable, en manera alguna. Al salir por las escaleras vimos, en el descanso, soldados tendidos sobre sus capotes amarillos y, cerca de ellos, paradas, mujeres con rebozos.

Por un corredor lleno de soldados pasamos a la antesala donde nos recibieron varios edecanes, que nos llevaron a un salón bien amueblado, en el cual permanecimos sentados por espacio de algunos minutos, hasta que llegó un oficial para conducirnos a un salón de recepciones, hermoso apartamento de unos cien pies de longitud tapizado de carmesí y oro, y bien iluminado, al mismo tiempo.

"El general Bustamante, vestido esta vez de particular, nos recibió muy cordialmente.

"Parece un hombre bueno; su cara es honrada y benévola; francas y sencillas sus maneras; y su aire no es heroico.

"Su conversación no fue brillante; no podría decir con exactitud sobre qué versó, supongo que sobre el clima: sólo sé que habló mucho de medicina.

"La diferencia que, tanto por el fondo como por la forma, se advierte entre él y Santa Anna no podría ser más grande. Su mirada carece en lo absoluto de doblez. Todo él es franco, abierto, sin reserva.

"Es imposible mirarle frente a frente sin tomarle por un hombre honrado y de buenos antecedentes. Un escritor que, si bien es hábil, carece de principios, ha dicho de él que no tiene grandes capacidades ni está dotado de genio superior; pero que, ora en razón de que reflexiona, bien por ser de tardía comprensión, siempre muestra extremada calma en sus resoluciones; que antes de adoptar un proyecto inquiere y considera hondamente si es o no justo; y que, una vez convencido de que lo es, o por lo menos a sus ojos lo parece, sostiene con firmeza su decisión.

"Añade dicho escritor que es más a propósito para obedecer que para mandar, razón por la cual siempre fue siempre tan devoto servidor de los españoles y de Iturbide.

"Dícese que es buen amigo, proverbialmente honrado y valiente en lo personal, si bien le falta, en ocasiones, energía civil. Por lo tanto, es un hombre digno de estimación y el cual sabrá cumplir con su deber cuanto mejor le sea posible, aun cuando no sea fácil cosa el decidir si tiene la severidad y la energía necesarias en estos calamitosos tiempos en que le ha tocado gobernar".

Esta es la impresión que la marquesa tiene del presidente Bustamante, que en unos meses quedará preso en Palacio Nacional al estallar la revolución que encabeza Valentín Gómez Farías; hechos que consignará en otra de sus cartas.

El escritor que "carece de principios" es Lucas Alamán.

DOS AÑOS EN MÉXICO

Los Calderón de la Barca permanecieron en el país durante dos años, de 1839 a 1843, sorteando los acontecimientos y viajando por el territorio nacional.

Los Calderón hicieron amistad con los literatos de aquel tiempo y don Ángel fundó en la capital el Ateneo Mexicano: "el primer contacto oficial con España, que, como debiera haber hecho siempre, nos envió, no sólo un representante de su gobierno, sino de su literatura, y el árbol de las letras mexicanas se cubrió de renuevos; parecía que algo amanecía en los espíritus", escribió Justo Sierra.

Entretanto, la marquesa sirvió de enlace entre Lucas Alamán y Prescott, que pudo enriquecer con valiosos datos la "Historia de la Conquista de México" que estaba por terminar de escribir.

Cuando Prescott leyó las 54 cartas de la marquesa, que ella escribió pensando siempre en hacerlas públicas, la animó publicarlas y así aparecieron bajo el título más conciso de "La vida en México", en dos tomos en 1843, con un prefacio del historiador estadunidense.

OTRA VEZ EN EU Y LUEGO A ESPAÑA

En 1843, el Gobierno español trasladó de nuevo a don Ángel a Washington y 10 años después se le nombra encargado de la Cartera de Estado, en el gabinete del general Francisco Lersundi, que cae antes de que Calderón tome posesión del cargo en Madrid.

El nuevo jefe de Gobierno, Luis José Sartorius, le rectifica en el cargo en el que permanece hasta la revolución de 1854 y se exilia en Francia, donde permanece dos años, y finalmente en 1856 regresa a España; ahí, retirado de la vida pública, vive hasta su muerte acaecida en San Sebastián, el 8 de enero de 1861.

Sobre todos los sangrientos hechos, la marquesa escribió varias cartas en las que simulaba que era un ataché alemán quien las escribía y que se publicaron bajo el título "The Attaché en Madrid", sin su firma, en Nueva York en 1856.

Al quedar viuda la marquesa, que se convirtió del protestantismo al catolicismo, se retira al convento de Anglet, en Biarritz, Francia, donde es requerida por la reina Isabel II para que se hiciera cargo de la educación de la infanta Isabel.

La marquesa sigue a la familia real al ser destronada la reina por la revolución de 1868 y comparte con ella los años de destierro.

Regresa a Madrid al restaurarse la monarquía en 1874. Sus funciones de educadora y dama de compañía de la infanta cesan brevemente al casarse ésta con el conde Girgenti, quien fallece al poco tiempo y desde entonces no dejó más a la familia de la viuda.

El rey Alfonso XII le concedió en 1876 el título de marquesa de Calderón de la Barca.

Muere en 1882, en el Palacio Real de Madrid, el 3 de febrero de 1882.

LA OPINIÓN DE VALLE ARIZPE

De las cartas, el diplomático y cronista mexicano Artemio del Valle Arizpe dice: "Estas cartas están escritas de manera fácil y con suelta gracia: en muchas partes sale brillante una burlona agudeza y una sutilísima ironía: están llenas, además, de finas observaciones, de atinados comentarios, aparte de su sencillez y amenidad que las hace leer con gusto y sin cansancio.

"La mayor parte de ellas fueron hechas con el deliberado propósito de darlas a la imprenta y formar libro. Esto está bien patente al entrar en tantos y tantos nimios detalles, no sólo de la vida social y de las costumbres populares, sino en mil pormenores de lo que se refería a política, cuestiones económicas y aun científicas. Fuese su idea imprimirlas o fuese solamente satisfacer la curiosidad familiar, el caso es que son un magnífico documento para saber cómo era el México de aquellos tiempos lejanos, pues su pluma supo pintar magistralmente los gustos y costumbres, y dar clara idea de la Ciudad de México".
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