|
Tabasco
Plásticos peligrosos
Plásticos. Foto: El Heraldo de Tabasco
Para la Salud Humana...
El Heraldo de Tabasco
2 de marzo de 2008
M. Ángel Córdova L.*
Desde que el químico belga-estadounidense Leo Hendrik Baekeland (1863-1944) fabricó en 1909 la "baquelita", a partir de fenol y formaldehído, los plásticos se convirtieron en el material que "llegó para quedarse". Pronto sustituyeron a los metales en la fabricación de componentes para maquinaria, cascos de seguridad, aparatos sometidos a altas temperaturas y muchos otros productos usados bajo condiciones extremas. Ha sido tal su utilidad, que no en vano al Siglo XX se le ha llamado, entre otras cosas, "el Siglo del Plástico". Hoy, prácticamente todos los campos de la actividad humana forman parte del dominio de los plásticos, desde las sofisticaciones propias de la astronáutica, la aviación, las telecomunicaciones y la computación, hasta la cotidianeidad del mobiliario doméstico y de oficina, los juguetes infantiles, los utensilios de cocina, y los envases y contenedores de alimentos. Y es en estos últimos espacios, precisamente, donde surge la inquietud ante los posibles riesgos que los plásticos representan para la salud humana, de acuerdo con un artículo publicado en la edición electrónica de la revista Scientific American, el pasado 19 de febrero. El artículo en cuestión señala que los contenedores plásticos de alimentos, sometidos a trabajo rudo (en las máquinas lavavajillas, por ejemplo) o calor (en el microondas), liberan un producto químico potencialmente dañino, que forma parte de su composición. Se trata del Bisfenol A (BPA, en inglés), un compuesto sintetizado por vez primera en 1891, y que se ha convertido en pieza clave en la elaboración de muchos plásticos, desde el policarbonato hasta el poliéster; baste decir que tan sólo en Estados Unidos se fabrican anualmente más de un millón de toneladas de este producto. El problema es que desde 1936, cuando menos, se sabe que el BPA "imita" a los estrógenos, y se "engancha" a los mismos receptores que éstos en el cuerpo, como las hormonas femeninas naturales lo hacen. Pruebas realizadas en ratones -apunta el artículo- han revelado que la sustancia puede promover el crecimiento de células cancerígenas en los senos de las hembras, así como reducir la cuenta espermática de los machos, entre otros efectos. Estudios llevados a cabo en Estados Unidos por los Centros de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), han revelado la presencia de BPA en casi todas (93 por ciento) las muestras de orina recolectadas en 2004 (2 mil 157, tomadas a personas entre 6 y 85 años de edad), en niveles variables en el rango de los 33 a los 80 nanogramos (un nanogramo equivale a la milmillonésima parte de un gramo) por kilogramo de peso corporal, aunque esto sólo sea unas mil veces menos que los 50 microgramos (un microgramo es igual a un millonésimo de gramo) por kilogramo de peso corporal considerado como seguro por la Agencia de Protección Ambiental estadounidense (EPA), y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Los estudios también sugieren que el BPA no permanece en el cuerpo más allá de unos cuantos días, porque, una vez ingerido, se degrada en glucoronida, un producto de desecho fácilmente excretado a través de la orina, dato corroborado por los propios CDC, que encontraron glucoronida en la mayoría de las muestras analizadas. Sin embargo, Retha Newbold, del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental, quien descubrió que el BPA afecta la fertilidad de las ratas hembras, señala que "en los animales, el BPA puede causar efectos permanente después de períodos muy cortos de exposición. No tiene que permanecer en el cuerpo para tener algún efecto". Pero las opiniones están divididas. La autoridad sanitaria de Estados Unidos (FDA) ha aprobado su uso y la Agencia de Protección Ambiental no lo considera motivo de preocupación, pero otro equipo de científicos del gobierno estadounidense encontró el año pasado que las cantidades de BPA presentes en el cuerpo humano exceden los niveles que han provocado enfermedades en los animales. Determinaron que la capacidad de los adultos para tolerar la sustancia no evita los efectos dañinos en niños e infantes. Y son, precisamente, los niños y los infantes el mayor motivo de preocupación de los científicos opositores al BPA, debido a que este producto se usa regularmente como recubrimiento en latas, para prevenir la corrosión y contaminación de los alimentos, pero también se emplea abundantemente en la fabricación de tazas y botellas transparentes a prueba de golpes, incluidos los biberones para bebé. En este sentido, de acuerdo con un estudio realizado por Scott Belcher, endocrinólogo de la Universidad de Cincinnati, cuando los plásticos de policarbonato y resinas epóxicas hechos con BPA entran en contacto con líquidos calientes, liberan esta sustancia 55 veces más rápido que bajo condiciones normales. Fred vom Saal, biólogo de la reproducción de la Universidad de Missouri-Columbia, va más allá, al precisar que los bebés enfrentan en mayor grado la "más alta exposición" en las poblaciones humanas, porque tanto los biberones como las latas de leche en polvo liberan fácilmente el BPA. Señala el especialista que valdría la pena sustituir el policarbonato de los biberones, por ejemplo, con otros plásticos, tales como el polietileno y el polipropileno (o el propio vidrio), que son más estables. Ahora bien, la preocupación por el BPA no se reduce a los Estados Unidos. En Japón, los fabricantes empezaron a utilizar resinas naturales para recubrir sus latas desde 1997, después que científicos japoneses demostraron la liberación del BPA de los biberones. Un estudio posterior, que midió los niveles en la orina en 1999, reveló que habían descendido significativamente. Ante la discrepancia de opiniones, los científicos preocupados por el BPA recomiendan a quienes compartan su sensación de inseguridad, a evitar el uso del policarbonato, ese plástico transparente o ligeramente coloreado, regularmente marcado con un número 7 en el fondo. Asimismo, sugieren cambiar los alimentos enlatados (sopas, por ejemplo) por sus presentaciones en empaque de cartón. En todo caso, los contenedores plásticos hechos de este material no deberían ser calentados nunca en el horno microondas ni usarse para almacenar líquidos o alimentos calientes, y tampoco deberían de lavarse con agua caliente, ni a mano ni, mucho menos, en máquinas lavavajillas. Queda en el aire la opinión de Scott Belcher: "Son productos fantásticos y funcionan muy bien... (pero) basado en mi conocimiento de los datos científicos, hay razones para ser precavidos. En lo personal, he tomado la decisión de no usarlos jamás". SUMARIOS DE APOYO Cuando se exponen al agua caliente, por ejemplo, los botes de plástico, incluidos los biberones de bebé, liberan un producto químico que imita a los estrógenos (hormonas sexuales femeninas) en el cuerpo humano. La FDA estadounidense aprobó el uso del Bisfenol A (BPA) en 1963, porque no se le conocían efectos dañinos. Cuando el Congreso aprobó el Acta de Control de Sustancias Tóxicas en 1976, estableciendo que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) revisara los estudios de seguridad de los nuevos productos químicos antes de darles el visto bueno, el BPA ya estaba en el mercado y no se consideró necesario hacerle nuevas pruebas. * Coordinador de Información y Divulgación Científica, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Tabasco (CCYTET). |
|