Tabasco
Vida de MOSCOS
Los especialistas en insectos aseguran que el ruido que provocan los mosquitos emana de sus alas; en promedio un mosquito realiza 500 oscilaciones -o aleteos- por segundo.
El Heraldo de Tabasco
16 de diciembre de 2009

Kristian Antonio Cerino

Villahermosa, Tabasco.- Un golpe repentino en su rostro sólo aniquila a unos cuantos. Los contabiliza porque están pegados en su frente y lo han manchado de rojo:

-Son cuatro.

Por más que machetee en una cañada en donde siembra maíz, es difícil que esta semana y las otras pueda soportar muchas horas a campo abierto.

Es más, después de abandonar el sembradío podría ir, porque lo dice en broma, con el psiquiatra porque está a segundos de enloquecer, y mientras lo manifiesta, un nuevo comando aéreo lo contraataca:

-Este sí dolió- Se golpea ahora la mejilla izquierda. Decidió, y sin pensarlo, que con un zurdazo y a mano extendida vencería a los enemigos, pero se equivocó porque los atacantes emergen de la nada y forman otra vez una nube o columna negra en el aire.

El nubarrón oscuro no es porque el cielo nos indique que lloverá por enésima vez, sino que los rivales son miles y que cuando se unifican ensombrecen cada sitio que quieren conquistar.

Sobre el pasto húmedo por las recientes lluvias que superaron los pronósticos, han perecido y en caída libre unos 90 adversarios en los últimos 120 minutos que él ha permanecido en pie o doblado, y cumpliendo un doble propósito: el de cuidar su milpa para medio comer y el matar a estos "pinches mosquitos" que ya le han perforado la frente y las orejas como si fueran petroleros a los que les da por abrir huecos por todas partes.

Sin ser contador público o haber pisado la Universidad, el campesino Encarnación Ramos, de unos 40 años, redondea la cifra y resume que cada hora se pueden matar a 45 mosquitos siempre y cuando el individuo se lo proponga.

-Ya ve cuántos tengo en la mano y los que están entre el monte.

El campesino dice que a los piquetes de los mosquitos se acostumbró con los años, no así a su "maldito zumbido" que le destroza la vida desde que encajan sus alas y "ese jeringón" en ambas orejas.

-Olvídate, de tanto escucharlos hasta me duele la cabeza, es como un zumbido que no para.

Los especialistas en insectos aseguran que el ruido que provocan los mosquitos emana de sus alas; en promedio un mosquito realiza 500 oscilaciones -o aleteos- por segundo; esos mismos aleteos han hecho que hoy Encarnación, el desencarnado entre tantos moscos, perdiera la paciencia y se haya olvidado de dar machetazos por manotazos.

Después de 2 horas da por concluida su estancia en el campo, en una cañada que está en sitio al que llaman Tierra Adentro, en el municipio de Jalpa de Méndez, a unos 25 kilómetros de Villahermosa.

Es una pena que su sombrero con el que pudo haber enfrentado a los moscos lo olvidara en una hamaca vieja y en su casa de palma.

-Ya me voy porque aquí ya no se puede.

Lo dice con resignación, dando manotazos en el aire y jalándose las orejas. Lo dice con el morral al hombro, con el machete amarrado a la cintura y con la frente ensangrentada como saldo de su batalla con los moscos.

Por la radio, se escucha entre estos campos y a manera de advertencia, que los mosquitos son transmisores del dengue y del paludismo...

Esto ya no lo escucha Encarnación, el campesino de las manos ásperas que a lo lejos aún lo veo en franco combate y abofeteando a los moscos o así mismo.

En las comunidades rurales de Nacajuca, una zona de indígenas chontales de Tabasco, se organizan todos los años para impedir el avance de los mosquitos.

Nacajuca, en náhuatl lugar de los hombres de rostros descoloridos, es un municipio asentado sobre ríos, lagunas y pantanos. Aquí olvidarse de los mosquitos, sólo sucedería en sueños.

Y como siempre las campañas para nebulizar a los mosquitos, de esas que organiza la Secretaría de Salud y mediáticamente, son muy tardías, los indígenas alejan a los "chupasangre" ante el temor de contraer dengue y paludismo, quemando cascaras de coco o conos de huevos.

Con el humo que generan, la cascara y el cono de cartón, los mosquitos al menos se dispersan y buscan otros horizontes.

-Sí se van un poco, pero quedan unos cuantos.

Locadio Pérez, indígena de la comunidad de Guatacalca, anualmente usa cascaras y conos en donde venden los huevos para "espantar" o "ahuyentar" a los mosquitos.

La casa de Locadio, luego de varias horas, ha quedado ahumada pero con pocos zancudos, de esos que crecen "grandotes" y están dispuestos a "sacarnos toda la sangre".

Otras familias indígenas de Nacajuca, una franja muy apasionada por la política porque aquí nació el movimiento democrático, prefieren comprar insecticidas y rociar, antes de irse a dormir, toda la casa.

Sin embargo, es mayúscula la cantidad de mosquitos que se reproducen entre octubre y noviembre, que en la mayoría de los casos el uso de venenos para combatir a la plaga, resulta insuficiente.

Los libros sobre la Historia de Tabasco señalan que antiguamente no podía pensarse en una casa sin "mosquiteros" y "pabellones".

En las primeras viviendas de Tabasco -un estado con 2 millones 100 mil habitantes- construidas con ladrillos, los hombres colocaban "miriñaques" en las ventanas, a manera de protección, para impedir el paso de los mosquitos y favorecer, el ingreso del aire en temporada de calor, una temporada que nunca acaba en Tabasco. El miriñaque o los mosquiteros son como coladores, pasa el viento, más no los insectos.

Por su parte, las mujeres hacían a mano pabellones para colocarlos alrededor de las camas. Los pabellones eran una especie de carpas o tiendas que cubrían cada espacio de la cama para evitar el paso de los moscos. Todavía en algunas comunidades rurales los ancianos usan los pabellones. Es como dormir en una burbuja, con paredes de telas.

-Sin mosquitero y sin pabellón, yo no podría dormir- Dijo Rosario Magaña, una mujer que recordó de cuando los mosquitos "negreaban" todo el cielo con su presencia.

-Eran muchísimos que mejor nos encerrábamos en la casa.

Los mosquitos, grandes o chicos, pican con la misma intensidad, sin distingos de edades y sexos.

Les da igual meterse en las orejas, en los ojos, en el cuello y entre los cabellos; el ruido agudo que producen es ensordecedor... a los mosquitos les brota la terquedad y no ceden en su intención de fastidiarle la vida a los humanos, y poco le importa que su vida pueda concluir en minutos o segundos, con sombrerazos y manotazos.

En páginas de Internet, se advierte que América Central es "la costa de los mosquitos", y que es Tabasco uno de los estados en donde más se reproducen estos insectos.

En los últimos 3 años, en Tabasco se han presentado un igual número de inundaciones que casi han cubierto la totalidad del territorio estatal. El desbordamiento de ríos y las constantes lluvias han duplicado la reproducción de mosquitos en un estado por donde cruzan 9 ríos.

|En la reciente inundación de Cárdenas y Huimanguillo, municipios al sur de Tabasco, apareció un mosquito que científicamente llaman Cúlex pero que en la región se le conoce como Colmoyote.

En La Venta, una zona de la cultura maya, los Colmoyotes al estilo Batman sobrevolaron durante varios días las comunidades inundadas. Picaron con furia y obligaron a que ancianos, niños y mujeres, se atrincheraran en cualquier lugar que fuera seguro.

-Están salvajes, no tienen piedad cuando atacan y ahora sí crecieron más de la cuenta- Dijo un ganadero de Huimanguillo.

Ya sea en el campo o en la ciudad, los mosquitos están a la orden del día. De sus dominios nadie se escapa.

Villahermosa, una ciudad con 500 mil habitantes, está cercada por ríos y un sinfín de lagunas. Los mosquitos, a pesar de las fumigaciones, se multiplican constantemente.

En colonias como Carrizal, Gaviotas Norte y Sur, y en Ciudad Industrial, los mosquitos organizan ataques aéreos a cualquier hora. Ni los políticos se salvan de los bombardeos endémicos. Se les ve inaugurando obras o presidiendo actos con piquetes de moscos en la cara o en los brazos.

En el 2009, según la Secretaría de Salud, 3 mil 500 tabasqueños han enfermado de dengue y paludismo, y sólo 2 han muerto.

En la capital, misma que desapareció en el 2007 con el desbordamiento de los ríos, sus habitantes no confían tanto en las fumigaciones como en los repelentes que en la última mitad del año se venden a cualquier precio. Podría decirse que hoy los tabasqueños se bañan no sólo con agua sino con repelentes porque ya están hartos de los mosquitos que siguen llegando...

En 1940 el mundo conoció el calor y los mosquitos de Tabasco a través del libro El Poder y la Gloria.

Entre sus páginas, el escritor británico Graham Greene, y después de viajar entre mares y ríos -saliendo de Veracruz- durante 41 horas, describe cómo es Tabasco entre la humedad y el zumbido de los mosquitos:

"Los mosquitos seguían zumbando; era inútil defenderse de ellos azotando el aire. Lo invadían todo como un elemento más".

De acuerdo con artículos biográficos sobre la vida del escritor que murió en 1991, éste encontró un Tabasco pantanoso en donde las iglesias y los sacerdotes habían sido diezmados por el gobierno y la gente moría víctima del paludismo.

El Poder y la Gloria, bajo el sello editorial Andrés Bello, retrata la vida en Tabasco a propósito de la persecución del gobierno en contra de los religiosos. Narra las peripecias de un sacerdote que vive huyendo entre pantanos y ríos en el periodo de gobierno de Tomás Garrido Canabal, uno de los pocos que en el país cerró iglesias y cantinas para abrir escuelas. La historia se desencadena entre el calor y los mosquitos que desquiciaron al escritor inglés:

"Los mosquitos zumbaban homogéneamente en torno de ellos, como máquinas de coser; Druce (uno de los protagonistas en su novela) lanzó una exclamación, y se pegó una palmada en la mano.

-Entren-dijo la señora Perrot-; todos los mosquitos de aquí son epidémicos

Las ventanas de la sala estaban cerradas por un tejido de alambre, para no dejar entrar los mosquitos; el aire parecía viciado, y más pesado aún por la proximidad de las lluvias..."

Greene es uno de los primeros periodistas, su profesión inicial, en viajar por el sur de México. Un día le propuso a sus editores construir una historia colmada de calor y de mosquitos, y viajó por Veracruz y Tabasco.

Por un momento pensó que el calor y los mosquitos los había encontrado en Veracruz. Se equivocó. Cuando llegó a Villahermosa, la antigua San Juan Bautista, casi enloqueció por el calor que golpeaba como el diablo y por un nubarrón de mosquitos que se le metieron entre las orejas.

Algunas anécdotas, que se mantienen por tradición oral, recuerdan que Greene dijo a bote pronto: "Tabasco es la capital mundial del calor y de los mosquitos".

En El Poder y la Gloria, los insectos, transmisores de dengue y paludismo, es una constante de sus párrafos:

-Las ranas no se portaron tan mal esta vez- dijo lúgubremente Druce, sacando un mosquito de adentro de su vaso.

-Sólo trajeron a las mujeres, los viejos y los moribundos- dijo el médico, tirándose de la barba-. Difícilmente podrían haber hecho menos.

Repentinamente, como una invasión de insectos, las voces de la orilla opuesta comenzaron a zumbar...

En varias ocasiones, Graham Greene se ve obligado a contextualizar su obra entre mosquitos, y los define como insectos peligrosos porque atacan colectivamente a todos y por igual.

A pesar de las quejas constantes de los mismos tabasqueños sobre la "picadura" de mosquitos, estos insectos son parte del patrimonio histórico de Tabasco. Difícilmente sería lo mismo una temporada de lluvias e inundaciones sin ellos.

De ahí que escritores, poetas, empresarios y cantantes usen la palabra mosquito o el símbolo mosquito en sus libros, poemarios, playeras y composiciones musicales.

Una vez, el poeta Carlos Pellicer Cámara le dijo a un anciano que le manifestó su inconformidad por el ataque de los mosquitos.

-Pican muchos los mosquitos-Reprochó el anciano dándose de manotazos en la cara.

-Los mosquitos no pican, pican los pájaros porque tienen pico, pero como los moscos tienen aguijón, aguijonean, sentenció el poeta.

En cierto momento, Pellicer escribió que "el agua está en mi tierra, como el cielo, por todas partes". Así sucede con el zumbido de los mosquitos que se aparecen a cada instante, intempestivamente y con la punta afilada y más "con el agua a la rodilla (como se) vive (en) Tabasco".

Si bien para el poeta José Carlos Becerra "los mosquitos escoltan el anochecer" y se vive un ir y venir "entre el zumbido de los insectos", para Jaime Ruiz Ortiz, un ensayista y poeta tabasqueño, existe una dualidad entre el calor y los mosquitos.

En su reciente publicación en la revista Punto de Partida, de la UNAM, recuerda que es necesario "espantar el calor como a los moscos"...

-¿La poesía vive entre moscos?

-En un lugar como Tabasco donde se practica la aviación poética, todo vuela: las palabras, los pájaros, las perlas de sudor de nuestra frente. Los moscos forman parte de nuestro ambiente...

Con poemarios y ensayos publicados, considera que los mosquitos "están con nosotros a la hora de escribir, a la hora de tomar la pluma, al igual que las mujeres cuando nos soplan al oído como una musa".

Sin ser un experto en veterinaria o algo parecido, cuenta el porqué zumban, no los mosquitos sino las mosquitas:

"Y al igual que las mujeres, está comprobado que entre todos los moscos que existen, sólo el seis por ciento son hembras, y que sólo las hembras pican... Son fáciles de distinguirlas porque con sus alas producen un zumbido. Es decir si un mosco zumba, entonces es hembra, y si es hembra ¡aguas! porque te puede picar".

En el municipio de Comalcalco, zona de la cultura maya y productora de cacao y chocolate, unos jóvenes emprendedores empezaron a rotular imágenes de mosquitos en playeras y paliacates.

Además, de recuperar el diccionario choco (gentilicio de tabasqueño) con algunas palabras como "que hicite puej" y "shoto el que no grite", el mosquito aparece todo un gigante, como en aquella película de los años 80 y que le llamaron La Moca, un hombre-insecto que desquicia la vida de los ciudadanos hasta que muere.

Los suvenir o recuerdos los venden en un café de la ciudad de Comalcalco, pero un día del año, el 15 de mayo, se agotan porque es precisamente en el marco de la celebración de su santo patrono, san Isidro Labrador, curioso porque este santo "pone el agua y quita el sol", y al poner el agua y quitar el sol, es cuando más se reproducen los mosquitos porque el agua se estanca en los alrededores de las viviendas.

-Se nos ocurrió un día poner en las playeras la imagen del mosquito porque es propio de nuestro entorno-Dijo uno de los jóvenes.

Aun y cuando los mosquitos son combatidos con fumigaciones aéreas y terrestres, es casi imposible que puedan desaparecer de la faz de Tabasco. Algunos más que otros saben que en los primeros minutos de vida, de su vida, algún mosquito ya había sobrevolado su cuerpo y le había incrustado su espada de la que nadie se salva.

Hoy, el mosquito no sólo está en playeras y paliacates, sino también en calzones y bóxer, y en canciones, porque hace algunos años el trovador tabasqueño, Salvador Manrique, no pudo excluir de su letra, El Infierno Verde, la grata presencia de los mosquitos.

...Yo vengo de donde el agua nunca se acaba. Yo vengo de los mosquitos y el pantanal y de la tierra abundante y del calor sofocante, donde hay cada morena, con su cuerpo escultural...