Opinión / Columna
 
Heraldo Político 
Juan Ochoa Vidal 
Dengue, ¿la nueva pandemia?
El Heraldo de Tabasco
19 de noviembre de 2009

  Más por ignorancia que por otra razón, el tema de la plaga de mosquitos es referido de la manera más trivial, como si finalmente los tabasqueños no estuviéramos acostumbrados a ello: por las huellas que deja en la piel.

En realidad, eso es lo de menos. Más aún, las personas de más de cuarenta, cincuenta o sesenta años podemos recordar cómo antes sí que había mosquitos y la variedad más feroz de esos zancudos: el diminuto chaquiste.

El verdadero problema es otro. Su descripción la encontramos en un interesante y muy pertinente comunicado que ayer hizo llegar a los medios el secretario de Salud, Luis Felipe Graham Zapata:

Con la llegada de las lluvias a Tabasco, la reproducción de los mosquitos no se hizo esperar, y con ello la preocupación de los tabasqueños al contagio del dengue. Sin embargo, no todos los mosquitos provocan esta enfermedad. La variedad Cúlex es un mosquito que solamente provoca molestia sanitaria. El denominado Aedes Aegypti se caracteriza por sus manchas blancas y ese sí causa la enfermedad.

El Aedes Aegypti fue descubierto por Carlos Finley, médico e investigador de origen cubano. En México, se introdujo hace aproximadamente 30 años. No hay vacuna que prevenga el contagio.

El virus, transmitido a los humanos a través de una picadura, tiene diversas variedades. La más grave es la que provoca hemorragias, la cual puede ser mortal si no se trata adecuadamente.

Dentro de los síntomas del dengue clásico está la calentura, el dolor de cabeza, dolor detrás de los ojos, muscular y en articulaciones o coyunturas, nauseas y vómito.

El de manifestaciones hemorrágicas tiene síntomas similares pero los vómitos pueden contener sangre y aparecen moretones o puntos rojos en la piel, palidez, frialdad en la piel, estado de choque e incluso la muerte.

Hasta ahí, la explicación. En vísperas, la Secretaría de Salud federal reportó 105 mil casos de dengue, incluido Jalisco y hasta el semidesértico Coahuila. Despachos noticiosos provenientes de otras partes del mundo refieren un problema global. Por ejemplo, en abril los argentinos registraron unos 18 mil casos.

¿Será acaso que el dengue termine por convertirse en la nueva pandemia? Se sabe que no sólo no hay vacuna para prevenirlo, sino que además se carece de una medicación específica para curarlo. Se habla de unos cien millones de casos anuales de las cuatro variedades conocidas de dengue.

En el caso de México, incluido Tabasco, al igual que con la gripe y otros padecimientos, la cifra de afectados debe ser mucho mayor. El autor de la columna reconoce que ni siquiera acudió al médico cuando le dio dengue hemorrágico hace unos dos meses.

En esa ocasión, además de los síntomas clásicos, nos aparecieron los citados puntitos rojos en la piel, como si se tratara de una intoxicación o alergia. A uno de nuestros hijos le sucedió igual. A ninguno de los dos nos tumbó, propiamente, la enfermedad.

Nos enteramos de qué se trataba y del peligro que aún hoy corremos, cuando hace casi un par de semanas otra pariente cercana que tiene epilepsia bajo control médico sufrió siete sorpresivas convulsiones, algunos días después de enfermarse también de dengue hemorrágico.

En el ISSET no fueron capaces de diagnosticarle el problema y tampoco se le aplicó la prueba para detectar probable influenza AH1N1; pero cuando allí se le dio de alta, el neurólogo por cuya consulta debió pagar nos aclaró el panorama.

En los días siguientes supimos que por lo menos tres vecinos de la misma calle donde vivimos se han enfermado de dengue hemorrágico, además de una señora que tiene su casa en la misma colonia. Y quién sabe cuántas personas más han sobrevivido o fallecido por esa causa.

Concluimos que -como nos explicó el médico- estamos ante una epidemia que quizá de manera directa no es tan mortal, pero que sí lo es cuando se complica con otros padecimientos, como la diabetes, hipertensión, anemia por desnutrición crónica, problema de tipo cardiaco, etcétera.

¿Se imagina usted cuántos de nuestros paisanos no padecen, por ejemplo, desnutrición crónica?

La Secretaría que preside Luis Felipe Graham explica que en la entidad la aparición de mosquitos se ha visto favorecida debido a que las lluvias causan encharcamientos y cuando, a falta de participación ciudadana, en los patios de las casas hay cacharros o recipientes que son una fuente de producción larvaria. En ocasiones no se relaciona la enfermedad con los patios y los alrededores de las casas.

Algunos de los recipientes perfectos para la sobrevivencia de la larva del mosquito son los tinacos destapados, floreros, botellas, llantas, bateas, cubetas y ollas. Es importante, dice, identificar también los pequeños recipientes tales como cáscaras de huevo, corcholatas y bolsitas de confituras.

Con estas medidas de prevención, acompañadas de cuidados como el uso de pabellón, mosquiteros y repelente, las condiciones propicias para el contagio serían muy pocas.

"Si usted sospecha que tiene dengue porque cuenta con los síntomas mencionados, debe acudir de inmediato al Centro de Salud más cercano y no administrarse ningún medicamento hasta que el médico le asigne un tratamiento adecuado", indica.

Queremos acotar dos datos que investigamos: ninguna variedad de dengue se transmite de persona a persona. Y aunque ya se haya enfermado una, dos, o más veces, puede volverse a contagiar.
 
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