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Tabasco
Los capitanes también lloran...
¿Por qué llora? Porque el barco era mi vida. Por las mejillas de Enrique Fuentes Narváez, el capitán del barco Beuló, rodaron 5 mililitros de lágrimas amargas. (Foto: El Heraldo de Tabasco)
Cronica
El Heraldo de Tabasco
10 de noviembre de 2009
Kristian Antonio Cerino
Villahermosa, Tabasco.- El último segueteo lo toleró menos cuando alguien quiso retirar el timón arrancándolo sin piedad como Aquiles cuando le cercenaba la cabeza a un troyano. Intervino. Movió la cabeza de izquierda a derecha reprobando el crimen en contra del barco y asumió el control de la situación antes de escuchar un enésimo martilleo. Prefirió hacerlo de mano propia y con un desarmador quitó el timón y lo abrazó fuertemente sin dejar de mirar el río. Lloró. -¿Por qué llora? -Porque el barco era mi vida. Por las mejillas de Enrique Fuentes Narváez, el capitán del barco Beuló, rodaron 5 mililitros de lágrimas amargas. Y se comió otros. Entonces, declamó para resarcir el dolor que en verdad sentía: ... Navegando por el río, este barco siempre va. Y perdido entre la noche, allá por la oscuridad. La brisa que por la proa pasa y pega en la derrota y así va por todo el barco hasta llegar a la popa. La luna y las estrellas que brillan sobre las aguas son las que le dan el rumbo a aquel viejo capitán... Aquella mañana cuando el barco, Capitán Beuló, el antiguo Mensajero de la Salud, abandonó para siempre el río Grijalva, Fuentes no bajó de él. Se aferró y lo acompañó a su nueva casa: el museo interactivo Papagayo. Le cantó durante el camino, mientras surcó no sobre el río Grijalva, sino por el asfalto de Villahermosa, esta ciudad que perdió el puerto y su tradición. La entonó desde las alturas, desde la máquina que remolcó al Beuló. Llevaba 30 años perfeccionado una canción de su autoría y qué mejor que cantarla en el momento de su adiós: ...A orilla del malecón, navegando por el río, se ve el capitán Beuló, oiga usted amigo. Si lo quiere usted mirar, vaya y véalo en el río, verá qué bonito va, navegando este navío. Amigo yo ya me voy, navegando por el río, en el capitán Beuló y con el cariño mío. Río abajo y río arriba, y es el capitán Beuló. De noche en su recorrido, de noche de luna llena, con sus luces de colores, con todo su resplandor. Amigo yo ya me voy... -Me fui en el barco porque yo también era una reliquia-Así se definió. Esto que cuenta sucedió en el 2003. A 6 años que el barco capitán Beuló aún es rehabilitado (y pronto será exhibido) en el museo Papagayo, todavía lo extraña y lo ve por las noches. Lo ve entre el río y como dice la canción de Manuel Pérez Merino: entre "la luna" y "sobre el Grijalva". -Esa embarcación se pudo haber arreglado. -¿Y qué pasó? -Sí se necesitaba (la rehabilitación) porque la forma en la que estaba hecha la embarcación, con todas esas soldaduras a la vista, se veía muy rústico. Pero se prefirió llevar al museo. -¿Qué sintió cuando se llevaron al barco? -Le voy a decir que también a mí me llevaron al museo. Iba encaramado. La mera verdad es que me llevaron ahí porque era parte de la historia del capitán Beuló. El barco, aquel que maniobró el capitán Luis Beuló a petición del gobernador Carlos Alberto Madrazo, inició su agonía allá por el año 2002. Lo colocaron en una rampa y lo dejaron morir lentamente. Empezó a erosionarse. Fuentes lo único que recuerda fue la voz de un hombre que le notificó sobre el traslado de la embarcación. Y con una voz entrecortada éste alcanzó a decir: -Si el barco se va, pues yo también. -¿Nunca perdió el mando? No. Y de hecho estuvieron filmando. Y hasta la fecha nadie me pasó el vídeo. Dicho esto lloró y cantó porque recordó a cada uno de los tripulantes del Beuló que murieron y que lo fueron dejando solo, y ahora, sin su barco. -Ya habían cortado la parte de la cabina, pero les dije ¿saben qué? Aguántenme, voy a cantar la canción: ...Amigo yo ya me voy, navegando por el río, en el capitán Beuló y con el cariño mío... * * * ...Adiós señor de Tila, el año que viene vuelvo, si usted me lo permite, venirte a visitar... Enrique Fuentes Narváez, originario de Comalcalco pero con un alma Villahermosina, no sólo es capitán del Beuló II, el que reemplazó al antiguo Mensajero de la Salud y Beuló I, sino es un cantautor desconocido en el medio artístico. Una vez escribió, después de regresar de Tila, Chiapas, una canción para el Señor de Tila. Así lo contó en la cabina del barco, con su trébol metálico, y de cuatro hojas al pecho, y con los pies descalzos: "Con amigos de Las Gaviotas nos íbamos a Tila, Chiapas. Salíamos de aquí a las 9 de la noche a la vía, y después de las 2 de la mañana caminábamos sin parar. Dos noches y un día caminando hasta llegar a Tila, Chiapas. Y ya estando allá me dio por componer una canción". Nunca pensó que el adiós señor de Tila, el año que viene vuelvo, si usted me lo permite, venirte a visitar, sería todo un himno inmortalizado por Chico Ché. Ahora que surca el Grijalva en otro barco pero con los mismos propósitos, el de promover turísticamente a la ciudad, la canta a todo pulmón porque se siente orgulloso de la letra, de su letra. Y para que no quede duda, muestra una copia del registro de la canción y unos recibos con las cantidades que cobró por concepto de regalías. Fuentes nació el 28 de julio de 1951 en la comunidad de El Barranco. Nunca supo cómo fue o cómo era la vida allá en Comalcalco, cuna de la cultura maya... sólo recuerda que salió "muy chamaco" a probar suerte en la capital. Su primer acercamiento con los barcos fue en la niñez. Lo dijo en estos días en que el barco Beuló esperaba a una serie de turistas amantes de las ciudades con ríos: "Una vez mi tío (Carlos Narváez) se admiró porque yo era pequeño cuando hice con un pedazo de unicel una lanchita. Le escarbé, y con un motorcito, le pegué una laminita e hice una propela, y con una pila se la puse y la solté en el río y se fue. Lo vio mi tío y ya se quedó admirado, que lo haya hecho sin tener nociones". Así lo intentó muchas veces entre la adolescencia y la juventud. Y lo logró pero cuando ya viajaba por todo Tabasco a través de ríos y embarcaciones: "De ahí hice otro, pero ya estando en el capitán Beuló. A la proa le hice un quiebrecito y se fue... y con el mismo quiebre fue dando vuelta. Lo hice de lámina y le puse hasta su lonita". -¿Ha comprado barquitos entre botellas? -No. Le voy a decir que aquí yo me la paso toda la vida. El otro día me encontré un barquito camaronero de esos de madera, que ya lo estaban desechando y me lo traje para arreglarlo- Dijo el hombre delgado, un creyente de la suerte. Podríamos decir hoy que por las manos del capitán Fuentes pasan muchas historias con las fotografías que sostiene y que sacó de una gaveta muy cerquita del timón. Se define como un hombre prudente y respetuoso cuando se le pregunta sobre posibles romances en el Beuló. ¿Hubo algún amor? Si yo supieras que no vas a escribir, te digo todo. De su familia sólo bosqueja que su esposa es "una mujer muy celosa" y que a su hijo le gustaría continuar con su tradición en el nuevo Beuló. De voz propia, el mismo Fuentes confiesa que por cantar, ninguna mujer está obligada a enamorarse de él. "De hecho cada vez que vengo aquí les canto, me aceptan muy bien, las muchachas se toman la foto conmigo, y tengo que hablar bien aquí. Hay muchachas que me tiran el brazo y uno tiene que ser respetuoso". Lo que poco se sabe es que Fuentes pasó unos días de capitán a actor. Lo hizo actuando como extra en una película en donde participaron las actrices mexicanas Blanca Guerra y Ana Luisa Peluffo. Se sintió soñado a lado de estas mujeres plagadas de sensualidad. Sin embargo, cuando él vio la película en una sala cinematográfica, esa escena, precisamente ésa, desapareció. Ese día sintió algo de tristeza. "Sí, me dieron una parte (de participación como extra) pero por no ser sindicalizado, no salió". Y para evitar que su participación quedara eternamente en el anonimato, aprovechó esta plática para contarla: "Salí en una parte, en el mercado vendiendo pescado. Y desde ahí vi cómo se hacía una película, fue un gran día". De acuerdo con versiones cinematográficas, la película Orinoco se filmó en Tabasco en 1986. Era es un drama. A la letra la sinopsis dice: "Unas vedettes viajan en barco por el (río) Orinoco para presentar un espectáculo en un campo petrolero". Así, el Grijalva por un momento, y lo que duró el rodaje de la cinta, fue el Orinoco, un río Sudamericano cerca del Amazonas, y que es considerado el más caudaloso del mundo. -¿Y actuó entre tanta sensualidad? -Sí las conocí, estuvimos en el barco. Cuando terminaba la filmación ahí platicábamos en el Beuló... ...Y después al capitán bigotón lo gana una sonrisa llena de picardía... * * * El capitán Luis Beuló convenció al gobernador de Tabasco, Leandro Rovirosa, para que el barco, una vez que dejara de ser el Mensajero de la Salud, promoviera el turismo a través del río. A Don Leandro le agradó la propuesta y de paso consideró que la embarcación se llamara Beuló, como el apellido del capitán. Revisando entre las páginas de la historia de Tabasco, el Mensajero de la Salud, salió del malecón en el gobierno de Carlos Alberto Madrazo. La misión médica duraba 3 meses y a través de los ríos cubrían las necesidades básicas de la gente del medio rural. El capitán Beuló, originario de Jonuta, Tabasco, "era una persona muy amable" y "un hombre tan acostumbrado a la oscuridad" al navegar por el Grijalva. -Veía palos a lo lejos a pesar de su edad. El capitán alto, güero y de ojos azules, vivió muchos años en la colonia Municipal de Villahermosa y en 1978 contó con la mejor tripulación en el barco Beuló: Adrián Mayo Rocha, Alejo Notario, Facundo Saldaña, Narciso Gómez Martínez y Enrique Fuentes Narváez, el último en agregarse pero el más afortunado porque en 1978 le pidió a Luis Beuló darle una oportunidad para maniobrar el barco. Aquí lo cuenta: "una vez vi que al capitán ya le costaba trabajo atracar la embarcación, le pedí que si me daba chance, y me dijo, cómo no, ahí está la rueda. Enfilé el barco y quedó bien". Esta acción fue reprobada por los demás; porque ellos, a diferencia de Fuentes, se habían trepado al navío desde 1960. "Y la tripulación pegó de brinco: oye Luis cómo es posible que al chelo le estés dando la rueda y acaba de entrar". Y el argumento se presentó en voz de Luis Beuló: "si él me la pidió es porque puede". Con ese detalle, quedé como capitán. -¿Y cómo supo de usted? -Porque ya habíamos trabajado juntos y porque un día me vio pasando por aquí y me fueron a buscar. Y fue así como le acercaron al "Chelito" Fuentes. Un año después, en 1979, la noticia corrió con prontitud por toda la cubierta: murió el capitán Beuló. Cada uno de los tripulantes se reunió en el comedor y empezaron a recordar las enseñanzas que él les transmitió. Fuentes lloró amargamente. -¿Y qué pasó a raíz de su muerte? -De ahí tomo el mando directo de la embarcación. Y no lo tomó a gusto la tripulación porque era un simple ayudante de máquina. -¿De qué murió? -Ya de grande. El capitán por su edad se cansaba de estar parado para hacer la maniobra. Aquella vez le pedí chance, y así fue... y uno se da cuenta cuando ya no se puede, pero lo sigue haciendo por amor. A la muerte del capitán Luis Beuló le siguieron otras como la de Alejo Notario. Y en la medida que un tripulante moría era una plaza más que se retiraba, así lo dispuso el gobierno. Lo más dramático llegó una mañana de 1989. En el comedor se contaban anécdotas y chistes cuando se escuchó un golpe: Adrián Mayo Rocha, de unos 78 años, se cayó de la cubierta y se rompió la cabeza. Ese día, casi todos, pensaron en que con uno menos, la tripulación ya no sería la misma: "El barco estaba atracado ahí, precisamente a la hora de la comida subíamos al bar y nos daban los refrescos. Él dijo, yo voy, subió pero pa su desgracia y al regresar como estaba lloviznando se le sobaron las manos del barandal, cayó sobre la cubierta que es de fierro. Lo llevaron a una clínica a la vuelta". Le llegaron los infartos y uno lo fulminó a unas cuantas cuadras del único lugar que lo hacía feliz, el embarcadero. Murió 2 meses después de la caída y transcendió porque Gladis Aguilar lo propagó en el malecón: Chelito, ya se nos fue "el marinero estrella". A Narciso, Facundo y Fuentes se les fueron quitando las ganas de platicar ante la ausencia de los otros. * * * En fotografías Villahermosa, la antigua san Juan Bautista, refleja bonanza. De lejos se ve el cine Sheba y de cerca, el barco capitán Beuló; lo está varado en el malecón Carlos Alberto Madrazo. Entre otras imágenes, de esas que se guardan como un tesoro, se avistan barcos grandes, medianos y pequeños de los que eran posibles ver entre los años de 1940 y todavía finales de 1970. Dicen los que recuerdan que a la llegada de los barcos se podía escuchar, con claridad y repeticiones, cohetes, cantos y el gentío alborotado en espera de las novedades. Y llegaban de todas partes... "En esta foto estaba el malecón limpiecito, porque había arboles en la sierra, ahora que no hay árboles no escurre agua, sino lodo. Eso lo sé porque yo aquí tengo 42 años. -¿Añora el auténtico malecón? Aquí tengo una foto en donde no hay ningún puente, todo se ve limpio. A esta hora (6 pm) era un movimiento terrible, los barcos que venían de Frontera y que traían lo mejor. Y también venían de Veracruz. Era una locura a orilla del río. Había música cuando iba el mensajero de la salud a Frontera. El mensajero tardaba una semana en cada municipio, y también subía a Palizada, Campeche. -¿Es cierto que los hombres no deben llorar? -Precisamente cuando todos iban muriendo (la tripulación) llegó el día el que bajé solito a comer a la bodega. Imagínese después de estar con todos, bajar a comer solito. Lloré, lloré por eso, porque todos se fueron. Y también cuando se llevaron el barco al museo, se termina todo. -Ya diga la verdad, ¿cuándo sufrió algún percance andando en el Beuló? Una vez el gobernador (en 1986) pudo haberse quedado varado, por falta de combustible. Pero Llegamos a tiempo. * * * El barco capitán Beuló I, el antiguo y que es rehabilitado en el museo interactivo Papagayo, en la periferia de la ciudad, ahora está pintado de blanco y rojo, ya no de blanco y azul. A 6 años de ser remolcado de orillas del Grijalva, en cuestión de días será exhibido al público. El Beuló, éste, nunca más regresará al Grijalva y quizás esta es su última oportunidad de morir con decencia, entre niños que seguramente lo llenarán de gritos y se imaginarán de capitanes apoderándose del timón que una vez fue de Beuló y Fuentes. ... Navegando por el río, este barco siempre va. Y perdido entre la noche, allá por la oscuridad... |
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