Tabasco
Inicia descenso del nivel de agua en Cárdenas
Cosecha inundada. (Foto: David Michel/El heraldo de Tabasco)
El Heraldo de Tabasco
7 de noviembre de 2009

Azarias Gómez

Poblado C- 15, Cárdenas, Tabasco.- En la medida que desciende el nivel del agua sobre las calles de estos poblados del Plan Chontalpa, los mismos se asemejan a campos de batalla. Hay tristeza, miseria, basura, y apenas los afectados se reúnen en las esquinas para comentar la desgracia que les ha dejado la inundación.

En las unidades agropecuarias, además del C-15, en el C-16, C- 27, C-10, y decenas de comunidades rurales, el campo ha sufrido su peor revés. Se han perdido cientos de hectáreas de maíz, arroz, cacao, y miles de pastizales que sin duda afectará severamente la ganadería a la que están dedicadas la mayor parte de las hectáreas de las 90 mil hectáreas del Plan Chontalpa.

Aquí, en estas tierras que en 1969 fueron declaradas para ser el granero del país, los más pobres como siempre, son los que han perdido más. Perdieron todo lo poco que tenían, y hoy no les ha quedado otra alternativa que refugiarse en los albergues temporales resguardados por el Ejército Mexicano, que en esta región aplica el Plan DN-III-E (Plan de Auxilio a Población en Casos de Desastre).

En el C-15, Ramiro Mayo Ulín, cuenta su sufrimiento. Aquí, dice, el agua no perdonó a nadie. No vio partido político, ni religión. "Todos perdimos", dijo, y se espera lo peor porque el campo sigue bajo el agua, y el cacao, la única esperanza para paliar la situación económica de este fin de año, no habrá ni siquiera un kilo del grano para vender, porque la humedad terminará con él.

Para Ramiro, la pesadilla empezó desde el viernes cuando murió su hermano. Hizo gastos para el velorio, el sábado lo estaban velando en el interior de su domicilio cuando el agua empezó a entrar, y en la medida que llovía subía el nivel del agua hasta la rodilla.

No hicieron caso porque asegura que pensaron que no aumentaría el nivel, pero más tarde el agua rozaba el ataúd, y decidieron subirlo a una mesa más alta. El agua subía hasta la cintura, por lo que mejor lo llevaron a sepultar.

Añade que la corriente entraba al poblado por las bocacalles que en unas cuantas horas se convirtieron en ríos.

La tiendita que tenían al inicio de la calle principal fue devastada. La corriente arrasó con todo, al igual que en su domicilio ubicado en la misma calle. Un molino eléctrico, un televisor, un refrigerador y un modular, adquirido con ahorro a través de años fue la pérdida por esa parte.

Decidieron irse al albergue del poblado C-16, pero al regresar, ya no encontraron 10 gallinas que se habían refugiado en los árboles.

A los damnificados de este poblado que son la totalidad no han llegado las despensas desde la campaña político-electoral. Aquí en este poblado la mayoría de los habitantes comulga con el PRI. "Ya ganó, ya no le hacemos falta, ni al PRI ni al gobierno", señala Ramiro, que se confiesa tricolor.

Durante la platica, Eneyda Rodríguez Córdova, su señora, interviene aportando datos. El agua, dice, subió más de un metro, y "salimos con la ropa de encima". Ha sido la creciente más grande que se ha registrado en el poblado.

En el Poblado C- 10 las calles aún no salen del agua, el lodo abunda a lo largo y ancho de las mismas. Se encuentran desiertas y sólo de vez en cuando se suelen encontrar grupos de cuatro o cinco campesinos en las esquinas comentando la tragedia. Nadie sale a trabajar porque el campo aún permanece anegado, mientras en el edificio del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos (Cecyte) número 15, decenas de familias se encuentran albergadas, han sido llevadas del poblado C-15, del mismo C-10 y de algunas otras comunidades rurales del municipio que aún se encuentran incomunicadas.

Apenas este viernes, Concepción Berezaluce Córdova llegó al albergue con cinco de sus pequeños hijos. El agua le llegó a más de la cintura, y ahí, dice, la pasó, pero el hambre la hizo buscar refugio y la enviaron al albergue.

En este alojamiento el Ejército atiende a por lo menos 300 personas entre niños, adultos y ancianos, a quienes se les proporciona comida caliente tres veces al día, una enorme cisterna de cinco mil litros de agua abastece las necesidades de los afectados, otra de menor capacidad contiene el agua potable, mientras payasos y psicólogos se dan a la tarea de entretener y valorar el estado de ánimo del grupo.

En las comunidades de El Naranjeño, la mayor parte de la población sigue prácticamente anegada. El río Naranjeño derramó en popales y potreros, y estos anegaron a la mayor parte de las viviendas, a los campos de cacao, arroz, chile, maíz y pastizales.

Sobre los puentes tubulares el agua pasó muy por encima, y en el caso de la primera sección, cerca del puente, un vado sigue impidiendo el acceso de vehículos, por lo que las demás secciones de El Naranjeño siguen incomunicadas.