Opinión / Columna
 
Transparencia Política 
Edwin Macario 
¿Perdimos, Gaba?
El Heraldo de Tabasco
7 de noviembre de 2009

  Ante la profusión de publicaciones de las fiestas de disfraces entre la gente fina y corriente (Adrián Alanís, dixi) que sustituyen las celebraciones del Día de Muertos con parodias del halloween gringo, todo indica que cada día se cambian más las tradiciones mexicanas por el "american life".

Pocas son las voces, entre ellas la de la cronista de la ciudad, Gabriela Gutiérrez Lomasto, que alertan el peligro que esto conlleva: la pérdida de identidad como pueblo que debía estar orgulloso de sus orígenes étnicos y, con ello, sus tradiciones.

Claro que para una juventud guiada en la adoración del becerro de oro es muy aburrido acudir o celebrar estas costumbres, y tal vez vergonzante, hasta enterarse que nuestros ancestros eran indígenas. Por algo los de sangre azul que ahora gobiernan nuestro país han eliminado la historia de México en la enseñanza.

Se crearán, así, generaciones que ignoren la grandeza de una raza como la que habitó estas tierras antes de la llegada de los conquistadores españoles, que no eran precisamente de la nobleza europea a que aspiran quienes detentan las riquezas a 200 años de aquella incursión de la espada y la cruz.

Montados en la creencia de que el oro es lo más importante en la vida, parecen no darse cuenta que, como en la colonia y después en las vísperas de la Revolución, esa riqueza se ha forjado sobre los hombros de un pueblo que antes, como ahora, da muestras de rebelarse ante las nuevas alcabalas que harán cada día más miserable la existencia de los que poco o nada tienen.

Cabezas de playa de esa nueva visión del mundo, de ese aniquilamiento del ser mexicano, son algunas iglesias que han renunciado al paraíso celeste para proclamar entre sus feligreses el paraíso terrenal del dinero, la felicidad en este reino. Han llegado a cambiar los antiguos pactos con Satán para la obtención de riquezas, larga vida y felicidad terrestre, por los pactos con un Dios que concede riquezas materiales mediante el pago de diezmos a sus nuevas iglesias. El becerro de oro, digo.

Disfrazarse, pues, de personajes fantasiosos que el propio sistema americano ha procreado, es una forma de intentar mostrar la diferencia entre un pueblo que se aferra a sus tradiciones y una generación que renuncia a ellas, sin darse cuenta que esta renuncia lleva consigo el quitarse la magia y los sueños que han forjado este país. En fin.

LADO CLARO

Con la reinauguración de la sede de la Trova Tabasqueña, ya se han devuelto al pueblo las instalaciones de la cultura dañadas por la Gran Inundación del 2007. Mucho mérito lleva en ello, por su capacidad gestora de recursos federales, la directora del Instituto de Cultura, Norma Cárdenas.

LADO OSCURO

Es normal que se diga "caballito de batalla", pero en el caso de la bancada priísta podría hablarse de "mulita (o burrita) de batalla". Y es que Mayté Dagdug es el ajonjolí de todos los moles y aparece hablando sobre todos los temas habidos y por haber, muchos en los cuales ha metido las cuatro, como eso de mandarla al matadero de Chuy Sibilla para defender el asunto de Rúrico. Lo bueno es que tiene seguro hueso al dejar la diputación.
 
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