Opinión / Columna
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Transparencia Política
Edwin Macario
Mea Culpa, Rumbo Nuevo
El Heraldo de Tabasco
6 de noviembre de 2009
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Todos esos conceptos pueden ser acertados , pero puede también que
algunos de ellos sea falso, y nosotros en lugar de revisarlos nos los hemos tragado
crudos. Alvaro Mutis. Citado por Gabriel García Márquez, Entre cachacos.
Difícil trance el de admitir errores. Héteme aquí. Pero más vale hacerlo, que confundir la historia en un momento de debilidad y orgullo. En manos de la fortuna quedan, empero, todas las aclaraciones pues es muy difícil que quien haya leído un texto periodístico un día, al día siguiente -o después, como ahora acaece- haya leído aclaración o acotación sobre el mismo.
Iniciado, a fuerzas, en el espinoso sendero de los historiadores; incursionando lejos de la cómoda situación del que escribe sólo en presente, sin ahondar en los hechos pasados ni en la prospectiva del porvenir -también difícil trabajo de sibila, de augur develador de sucesos-, he caído en falta que confieso ante mis dos o tres lectores y mis dos, o menos, fans.
Lo hago porque mantengo la firme creencia y el personal conocimiento de que el periodista -el verdadero, el que aspiro ser desde hace más de 40 años- es un ayudante del campo de la Historia y sus textos han de servir un día para los que, interesados en ésta, encuentren en las páginas de los periódicos el dato preciso que confirme sus hipótesis acerca del devenir de los pueblos.
Ninguna falta, pues, es menor en quien escribe en un medio informativo. Ni siquiera el silencio de quienes deben corregir las fallas históricas en los textos es suficiente para amortiguar la falla, como siento en mi caso.
Tampoco puede alegarse el hecho de que algunos textos, como el que motiva esta mea culpa, sólo son leídos por quienes les interesa, en las publicaciones, estos pellizcos a la historia general; o los investigadores que mañana buscarán en los textos, como ya dije, un dato necesario. ¡Quiera Dios que al hacerlo encuentren, no sólo en este caso, las aclaraciones debidas que den claridad a lo narrado!
Pues bien, en Solar de la cultura -encarte periodístico que dirige mi respetado y tolerante amigo Julio César Javier Quero-, el pasado 4 de noviembre dedicado al 66 aniversario del diario Rumbo Nuevo, cometí el error de señalar como fecha de la muerte de su creador y primer director, Manuel Antonio Romero Zurita, el 1º de noviembre de 1957, cuando la verdad fue en el año de 1958, unos días antes del arribo al poder de su enemigo Carlos A. Madrazo y un día antes que RN cumpliera sus primeros quince años.
La falla cronológica la arrastraba desde que con motivo de los 50 años del noticiario radiofónico Telerreportaje escribí acerca de la muerte de Manuel Antonio Romero acaecida en las propias cabinas donde Jesús Sibilla Zurita iniciaba lo que hoy es el más escuchado e influyente medio informativo en Tabasco. En ese reportaje, publicado en la revista Oro Negro, mencioné la misma fecha equivocada que por cuestiones que no vienen al caso leí en otro trabajo -mal hecho- sobre ese medio creado por mi inolvidable amigo Chucho Sibilla. Aquello, y esto de ahora en RN, habrá de corregirse en el rescate del libro pendiente de mis trabajos periodísticos, lo que ya hago en el original en mi poder.
La corrección de fecha se basa en lo que ha escrito el historiador Elías Balcazar Antonio, sobrino de quien se conoció por el pseudónimo Gastón Lafarga. Vale pues mencionarlo:
"Corría el año de 1958, era yo un niño de nueve años a quien todo le causaba asombro... Mi capacidad de admiración y de sorpresa, intacta entonces, no estaba contaminada aún por todo aquello que en la edad adulta nos ha ensuciado el alma, eso mismo que llamamos madurez. Lejos estaban de mí la mezquindad y el egoísmo que son propios del adulto. Y estas reflexiones vienen a modo motivadas por los recuerdos que guardo de Manuel Antonio Romero Zurita, a pesar de que ya han pasado los años. Ese año, 1958, murió Manuel Antonio, un día antes del Día de muertos".
Me confieso, pido la absolución de la Historia y reitero que aspiro a escribir para el mañana no para el plato de lentejas que cambia la progenitura en el templo de la verdad.
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