Opinión / Columna
 
Soledad Limas Frescas 
Los Rarámuris
El Heraldo de Chihuahua
11 de febrero de 2012

  Por María Soledad Limas Frescas.



Los vemos muchas veces y desde hace varios años en la ciudad, pidiendo kórima o ayuda, vendiendo hierbas secas como laurel, gordolobo, hierba de la víbora, bebidas ancestrales a las que se atribuyen sustancias curativas. Es muy común ver a los niños tarahumaras en algunos cruceros haciendo malabares con limones, pidiendo dinero, bajo la mirada de sus madres que a corta distancia los vigilan.

Durante décadas los rarámuris se han dedicado al cultivo de maíz y de frijol para autoconsumo, pero ahora las inclemencias del tiempo y la sequía ni eso les han permitido. Dueños del señorío y majestuosidad de la sierra montañosa los rarámuris han tenido reconocimiento internacional como los mejores corredores de resistencia. La forma de Gobierno de los tarahumaras consiste y ha consistido en elegir como gobernador al hombre que haya destacado por servicios a la comunidad e inteligencia y a su vez éste designa al resto de las autoridades, es decir, a gobernadorcillos, sacerdotes, sabios y hasta curanderos.

Los tarahumaras son el grupo étnico más numeroso de nuestro estado, se calcula que existen entre 50 mil y 75 mil, sin embargo no se sabe con exactitud a cuántos ascienden por lo sinuoso y accidentado de las montañas serranas donde habitan. Su lenguaje es considerado como suave, amistoso, hasta poético, pues frecuentemente utilizan entre ellos frases que hacen referencia a sus costumbres y entorno, por ejemplo "te deseo dicha y felicidad con la paz que nos da el susurro de sus vientos".

El tiempo ha orillado a los rarámuris ha cambiar su forma de vida, de acuerdo con historiadores, antes tenían una dieta más balanceada, al consumir aparte de productos agrícolas que cultivaban, carne de animales silvestres que ellos mismos cazaban. Hoy claman apoyo nacional y local para su subsistencia, dada la situación difícil por la que atraviesan y no precisamente ahora, sino desde hace varios años. Al darse a conocer a través de las redes sociales a nivel nacional e internacional las condiciones de hambruna y sequía en las que viven los rarámuris, afortunadamente han surgido apoyos emergentes del Gobierno, con mayor intensidad del Federal, al que se le reconoce el trabajo y el esfuerzo por la dotación de material a cientos de habitantes de la Sierra Tarahumara para la construcción de sus viviendas desde hace años y actualmente por los alimentos, cobijas y medicinas que hacen llegar directamente a los rarámuris.

Es loable el mérito de las organizaciones de la Sociedad Civil, así como de miles de mexicanos que han promovido donaciones de alimentos, cobijas y medicamentos que desde hace semanas son entregados organizadamente a los tarahumaras, algunos de los cuales viven tan alejados de pueblos que deben caminar durante varias horas para recibir el apoyo.

Fueron los Jesuitas los primeros misioneros en la Sierra Tarahumara quienes les inculcaron la religión a los rarámuris, la cual mantienen con la mezcla de sus creencias.

Como sociedad, estamos en deuda con esta etnia, porque hemos visto desde hace lustros que son despojados de sus territorios y sus recursos naturales por caciques, quienes se han enriquecido a su costa y no hemos hecho algo. Porque supimos de sus condiciones de pobreza, también desde hace mucho tiempo y les dimos la espalda.

El Gobierno en sus tres niveles ha dejado mucho que desear, pues aún con presupuestos destinados concretamente a la atención de los pueblos y comunidades indígenas, no ha logrado que mejoren sus condiciones y el nivel de vida.

Como Gobierno y sociedad somos responsables de la gravedad de la situación de los tarahumaras, porque en lugar de apoyos y subsidios que muchas veces no les llegan a los que más necesitan, nos ha faltado y nos falta capacidad de generar fuentes de empleo en sus pueblos y comunidades, respetando su cultura y sus creencias. Tenemos mucho que aprender por la solidaridad que existe entre ellos de compartir techo y comida y de ayudarse continuamente en todos los momentos de la vida.
 
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