Opinión / Columna
 
Roberta Cortazar 
El amor y la amistad
El Heraldo de Chihuahua
11 de febrero de 2012

  Ya viene ese día vestido de rojo, esa fecha donde el color del amor y de la amistad se manifiesta de muchas maneras. Flores, chocolates, tarjetas y muchos detalles que hablan de la ocasión para decir con más intensidad ese "te amo" que celebra todo tipo de relaciones humanas.

Todos tenemos la necesidad de ser amados y vamos por la vida buscando ese lugar de pertenencia donde nos identifiquemos con alguien, una persona a la que aceptamos como es, para vivir el gozo de estar con alguien que me enriquezca con su individualidad, en una convivencia respetuosa de "ser" libremente cada cual.

En el tema del amor los conceptos han ido cambiando y lo romántico de ayer, hoy puede ser un concepto mediocre. Por ejemplo, ese dicho de "soy tu media naranja", la persona no puede ser mitad de nadie, debe aspirar a ser una persona completa y definida para compartir la vida desde una identidad propia al 100%.

En una relación de pareja, definitivamente se buscan afinidades y también las carencias de uno pueden ser los dones del otro, hay una interrelación de ayuda, de complemento, de admiración y de refugio, pero todo esto sin devaluar la esencia de cada individuo.

El verdugo más cruel de una relación amorosa es el control, ese egocéntrico que quiere pararse y dar las reglas definitivas, pasando por alto lo que la otra persona necesita y quiere. En el amor hay que ser espectadores y no reclutas, no tenemos que convencer y menos obligar a alguien a que haga lo que a nosotros nos parece lo mejor. Cuando estamos en esta postura de ceguera nos perdemos de descubrir al otro, de enriquecer nuestra vida con su muy particular manera de ser.

Los roles culturales que heredamos son una influencia muy grande para fundamentar nuestras relaciones amorosas, todavía vivimos el machismo y muchas mujeres se someten a él, perdiendo la oportunidad de ser, para enriquecerse ellas mismas y por ende aportar su valor. Por otro lado, la mujer fantasea con un príncipe azul y entabla una guerra constante contra aquél que escogió y no tiene las cualidades de su cuento.

El equilibrio es un mediador que necesita de dos partes y para que se refleje una contribución sana, esas dos partes estarán activas, aportando y respetando.

En el amor hay una exploración constante y el vínculo que se va haciendo cada vez más fuerte persiste por ese respeto de ver florecer al otro, admirando una creación que en su unicidad me aporta la dicha de la compañía, una presencia que es y me deja ser, en una evolución que va trayendo nuevas experiencias.

Como seres humanos que somos buscamos bienestar, y muchas veces pensamos que debemos encontrar a alguien para que nos lo proporcione, alguien que se someta a mis gustos y decisiones, un amortiguador de mis carencias y desgracias. Por eso llega la frustración, porque sólo nosotros mismos podemos lograr ese bienestar, esa felicidad que se conecta directamente con la serenidad de saber que no venimos a este mundo a cambiar a nadie, sino a regocijarnos con la magnífica variedad de maneras de ser. En la guerra uniforman para someter y en el amor hay aceptación por las maneras de ser de cada cual.

Si realmente nos abriéramos al respeto por los demás, tendríamos más oportunidad de conocer y entablar relaciones de amistad, todos y cada uno de nosotros tenemos algo que dar y que recibir, y a través de abrirnos a las oportunidades de tener amigos, llega en algún momento ese alguien con el que queremos compartir todo lo maravilloso de la vida, un compañero lleno de sorpresas que embonan conmigo por una afinidad que suma dos individuos integrales y listos para dar su 100% en un equipo basado en el amor.

Es por esto, que es tan importante "ser" antes de entablar una relación; cuando ya estoy en la certeza de lo que quiero para mi vida será mucho más fácil ver con claridad dónde embono y dónde no, en cambio si no me conozco a mí mismo me entregaré a cualquier circunstancia, pagando las consecuencias de vivir una relación que podrá descalificar o inclusive nulificar lo que soy, llevándome a la frustración personal de aceptar que otro diseñe mi destino.

El rojo es un color intenso y no hay descripción más apropiada para el amor que este tono, pero su misma intensidad puede confundirse con la aberración de hacer del otro mi propia creación, esculpiendo a base de control una estatua que ejemplifique mi aferrada concepción del compañero ideal. Un mecanismo de cincelazos que destruyen al golpeado y al golpeador.

La única creación en la que debemos enfocarnos es en nosotros mismos, es ahí donde está el trabajo de transformación, un ir creciendo para en mi relación aportar lo que he decidido ser, una persona amorosa que acepta y celebra las grandes diferencias del otro, una actitud de apertura que me abrirá el corazón para valorar y disfrutar lo que cada cual es.

P.D. En la amistad se crean muchas recetas, bocadillos deliciosos que nos preparan para identificar el inigualable sabor del banquete: El amor. Y el amor se convierte en una receta muy particular, donde la pareja se basa en una fórmula de equipo que los hace funcionar, valiéndose de los dos múltiplos indispensables del respeto y la verdad.
 
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