Opinión / Columna
 
Carlos Gallegos 
La UACh
El Heraldo de Chihuahua
10 de noviembre de 2010

  Qué jaiz, ¿de qué color les pinta el verde?, como dicen que decía el finadito Álvaro Obregón.

Bueno, pues a propósito de pinzas perras, recétense algunas ancédotas, en rarámuri anécdotas, de la Revolución y los revolucionarios.



Se dice, se comenta y se rumora, que el precitado Obregón, una lóbrega noche llegó a su pent house muncho muy atribulado, pues sus enemigos, y sobre todo sus amigos, lo traiban de una ala, y no lo jaloneaban de las dos, porque como saben, el pobre nomás tenía una, ya que la otra se la hizo trizas el certero general aldamense Miguel Saavedra, durante las trifulcas del bajío guanajuatense, donde las barbas de don Venus le ganaron a las polainas de Pancho Villa de Corral.



Ya acostado en su catre de esprín de resortes y tapado con una cobija prieta, se le trepó su esposa. Se le trepó al catre, no a él, pero como traía ganas de algo y estando espalda con espalda, le preguntó melosa, susurrante, anhelante y muy cachonda: Alvarín, ¿me volteo? El viejo, que era muy ocurrente, acordándose de todos los que se le estaban volteando en la polaca, le respondió: ¿tú también, vieja ingrata, tú tambor?



Es un misterio misterioso qué sucedió después, aunque cabe suponerlo, pues allá en la madrugada el Manco de un brazo estaba ronque y ronque muy a gusto y la mujer se levantó muy contenta cantando Sonora Querida.



Sale otra de aquellos viejos bigotones que un día amanecieron de malas, se tomaron un café cargado y engullendo una de harina, montaron en sus cuacos y armados con resortera, honda y cuerno, se le dejaron ir a don Porfirio, quien a esas alturas ya no podía ni con Carmelita, su guapachosa y ansiosa esposa.



Sucede, resulta y acontece, que en las filas del terrible, enamoradizo y bronquero de Pancho Villa, formaban tres fieros Dorados, a los que la demás raza de la tropa traía asoleados. La razón de las cachufletas, pedorretas y chifletas de que eran víctimas, obedecía a lo chistoso de sus nombres. Uno, créanlo o no, se llamaba Rosa García, y lo más seguro es que se haya enlistado en la refolufia no por patriota, sino para asesinar al cura que lo bautizó con nombre de mujer bonita. Otro llamábase Matilde, era del lado de Namiquipa, y su corajina era intensa cuando le gritaban Tilde, Tilde, fájate bien la blusa y no le andes coquetiando al subteniente Emeterio. El tercero érase Dulces Nombres, quien de dulce sólo tenía el nombre, pues era igual o pior de peleonero que sus hermanos Vicente, Pablo and Martín López Aguirre, quien era panadero y una mañana en que se le quemó el pan, mejor se fue a la bola, donde nomás sus teleras tronaban.



Ya, ya estuvo suave. No sean picados. Ta bien, ta bien. Ya no insistan. Las últimas y nos vamos.



Vitoriano Huerta, cuando no andaba hasta atrás, andaba crudo. Rodolfo Fierro se pintaba un lunar en un cachete. Aureliano Blanquet, uno de los asesinos del Chapo Madero, según esto fue el que le dio el tiro de desgracia a Maximiliano el de Carlota. Venustiano Carranza no era general, pero mandaba un ejército, no era militar, pero vestía chaquetines caqui con botones de uniforme castrense y usaba lentes porque se enfermó de los ojos de la cara cuando estaba en la prepa preparándose para presentar su examen Ceneval para estudiar medicina en el Campus II. Madero era una fiera para el baile, siendo sus sones preferidos las cumbias, las corriditas y las de cachetito, pero como apenas medía uno cincuenta y cinco, más bien bailaba de ombliguito.



Ni una más me harán contar, porque después vienen nuestros héroes a jalarme las patas en la noche y ustedes no han de ser para defenderme, como ellos defendieron a los mexicas de las infamias de don Perfidio.



Mejor váyanse este weekend a Cuchillo Parado, donde la UACH se dejará caer con varios shows celebrando el inicio de la Revolución que acabó con el dictador aquel.



Digo, antes de que Calderón y la suya, es decir, que Calderón y su revolución, acaben con todos ustedes, menos con yo también.
 
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