Opinión / Columna
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Agustín Pérez Reynoso
El hombre, capitán de su destino
El Heraldo de Chihuahua
2 de febrero de 2012
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Por Agustín Pérez Reynoso
Según el arzobispo Fulton Sheen, si el mundo hay que rehacerse, antes hay que rehacer al hombre. El hombre, dentro de ciertos límites, guarda semejanza con las órdenes inferiores de la creación. Se parece a las piedras, a los elementos químicos, en cuanto a existencia; se parece a las plantas, en cuanto a poderes de crecimiento y nutrición; se parece a los animales en cuanto tiene emociones, pasiones y percepción sensitiva. Pero, al propio tiempo, el hombre es único, y se diferencia de las criaturas inferiores en cuanto que posee razón y voluntad.
El modo de actuar de esta parte superior del hombre en relación con la inferior, puede ser explicado de la siguiente manera: Un piloto, que se halla en la cubierta de la nave, tiene un timón conectado, a través del barco, con la sala de máquinas. Cerca de la máquina está la caldera, donde va entrando y saliendo continuamente el agua de mar. El piloto dirige la nave guiándose por las estrellas, o sea por normas fijas externas a él, que le permiten llegar a su destino. Todas las decisiones son transmitidas a la sala de máquinas que es el subconsciente.
De un modo casi general, todo lo que pasa en la sala de máquinas (subconsciente) e incluso, la cantidad de agua procedente del mar que entra en la caldera (inconsciente) están determinados por el piloto. El puerto representa el destino eterno del hombre, que es la felicidad o la unión con la perfecta vida, verdad y amor, que es Dios. Del mismo modo que el piloto tiene los cielos como guía, el hombre tiene la consciencia y otros medios que reflejan la ley moral de Dios. Así como el piloto no fija su rumbo sin los cielos, tampoco el hombre fija su rumbo subjetivamente.
Ha de tener una ley fuera de sí mismo. ¿Qué notas son correctas en un piano? Esto se determina por una partitura o composición musical que actúa como pauta. Del mismo modo, el hombre tiene una guía ética -la ley moral de Dios- que le ayuda a llegar a puerto. El piloto sabe que si toma decisiones equivocadas, la máquina puede estropearse. Pero el hombre puede quedar mucho más estropeado, y resulta de diversas negaciones de su verdadera naturaleza: No existe puerto, ni destino eterno; la vida carece de significado. No hay ley moral, el hombre es su propio guía.
Otra negación es: La razón y la voluntad carecen de importancia, porque el hombre no es responsable de sus actos. La psicología moderna empezó por perder su alma, luego perdió la razón, y ahora está perdiendo el sentido. A veces -no siempre- se analiza el agua que entra por la caldera, en vez de al piloto cuando un barco empieza a hundirse. Así, ¡no es extraño que el hombre haya naufragado! Hay muchos casos patológicos que el inconsciente y el subconsciente deben analizarse, pero un método para casos patológicos no debe usarse para gente normal.
Al negar su culpa personal, su responsabilidad y la necesidad de enmienda, el hombre moderno trata de proyectar su culpa hacia "afuera" o hacia "abajo": hacia otra persona o al sótano de su mente. No es muy grande la distancia -para un individuo o una sociedad- entre negar la propia responsabilidad y postrarse ante una filosofía, dictador, gurú o guía espiritual que niegan toda responsabilidad y toda libertad. agusperezr@hotmail.com
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