Opinión / Columna
 
César Luis Ibarra Fierro 
Yo le voy a Patricio
El Heraldo de Chihuahua
25 de enero de 2012

  Con Tinta de mi Pluma

Por César Luis Ibarra Fierro



En la visión mexicana de lo que es un "tribuno" y lo que es un "estadista", la diferencia esencial que existe entre uno y otro es abismal, pues el primero disfruta únicamente de la verborrea legislativa, sólo busca hacer uso del micrófono para con dotes histriónicas impactar en el imaginario colectivo de forma efímera y más cuidando la forma que el fondo, mientras que el estadista, lo que busca es construir y llegar a consensos.

Es decir, en el Poder Legislativo de nuestro país, dígase Congreso de la Unión, Cámara de Diputados o Cámara de Senadores, los mexicanos hemos padecido a grandes oradores, a expertos en el uso del idioma para acalambrar a los contrarios, para hacer y decir grandes discursos, han pasado por las tribunas de San Lázaro y por la que estaba ubicada en la vieja casona de Xicoténcatl, histriones perfectos, de izquierda muchos, de derecha pocos, del centro los más, pero al final los mexicanos estamos ciertos de que esos histriones nos quedaron debiendo.

Ha llegado el tiempo de que el histrionismo deje el paso a los que sí quieran construir, que el debate no se centre en sólo destruir los argumentos del otro y que la subida a tribuna no sea para defender lo intangible, que dejen de subir esos que sólo quieren hacer uso de la palabra y del gesto profético, cual si fueran espíritus puros a quienes no les afecta el mundanal ruido.

A esos que se sienten campeones al estilo Cicerón o cual Demóstenes, que hinchan el pecho para hacer temblar a quienes los escuchan, deberían volver a leer al maestro José Ortega y Gasset, quien siendo un experto en el uso de la palabra, decía: "La palabra es un sacramento muy difícil de administrar", sobre todo señalaba el insigne español de inicios del siglo pasado, por el hecho de que quienes hablan se pierden en la forma, el estilo y hasta en la armonía del gesto, pero olvidan lo trascendente que resulta para todos que esas palabras sean para construir.

Apenas el sábado pasado el PRI dio a conocer de manera oficial quiénes son sus abanderados a la Senaduría, mucho gusto me dio ver el regreso de Patricio Martínez García a las lides políticas, sobre todo partiendo del hecho de que en sus últimas apariciones el Huracán Martínez ha demostrado que sique siendo el mismo impetuoso de siempre -esencia patricista inobjetable-, pero con una gran dosis de madurez y de visión que parte ya no de la necesidad de competir para obtener un espacio para "figurar"; Patricio ya es, hace mucho tiempo que él sabe que es y cómo serlo, y en este proceso electoral muchos -creo yo- veremos cómo él ya no compite para ganarle a otro y sí cómo sigue compitiendo para construir.

Ojalá que las cosas cambien, ojalá que la campaña rumbo al Senado sea fructífera, que no se centre en meras descalificaciones y en la realización de debates bobos, sin sentido, que unos se dicen ser hijos de la democracia pura y de la honestidad a toda prueba, ya nos lo dijeron hasta al cansancio y resulta ser que cuando han sido Gobierno no encuentran las soluciones que como oposición decían tener a puños.

De igual forma, ya nos han dicho hasta el cansancio que los otros ya cambiaron, que entendieron sus errores del pasado y que los que están hoy no sirven, ya sea porque no pueden o porque no saben, eso lo entendemos todos, pero lo que hace falta es que esos dos -del tercero en discordia no espero nada, pues gallina que come huevo, manque le quemen el pico- se pongan a encontrar las soluciones y que al encontrarlas las apliquen y no nada más discutan.

La regla electoral es muy clara: el que va en primera fórmula ya es senador, simplemente cumple con el requisito de hacer campaña, pero ya tiene un escaño con su nombre, por eso es necesario que la primera fórmula azul y Patricio, nos digan cuáles son las tareas por donde van a empezar cuando lleguen a la moderna casa de La Reforma, y partiendo de esa realidad, de que ya sabemos quién va a ser senador, yo digo: Voy Patricio, y espero y que el huracán siga siendo igual de impetuoso, para hacer que las cosas sean y que no se sigan quedando en la entelequia.


 
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