Opinión / Columna
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Antonio Gutiérrez Martínez
El indigenismo mexicano
El Heraldo de Chihuahua
25 de enero de 2012
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Antonio Gutiérrez Martínez
A primera vista la persona con la que empezamos a platicar en la antesala de una dependencia pública, no parecía integrante de una de las etnias que habitan en la Tarahumara. Fue hasta que la urgencia que mostraba por ser recibido nos llevó a preguntarle el lugar de su procedencia que nos lo dijo. Así, la conversación giró al tema de la hambruna y los suicidios en la sierra.
Sí, hay mucha necesidad; pero nada de suicidios masivos por hambre. En época de campaña los políticos se pelean por hacerse presentes, pero la gente está decepcionada y ahora nadie quiere ir a votar, decía. Hay mala organización en el reparto de los víveres, se escogió la comunidad de Pitorreal como centro de distribución al que tienen que acudir los habitantes de las comunidades cercanas; pero ese pueblo desde hace tiempo está abandonado.
Además, para llegar hasta ahí en burro se hacen unas tres horas, eso los que pueden, porque hay muchos ancianos o inválidos impedidos para ir a recoger los donativos, o bien, pagarle cien pesos por persona al "chabochi", que es el único que está ganando, para que los traslade en un camión de plataforma, de los llamados "troceros". Continuó: Lo que necesitamos es que se establezcan fuentes de empleo, de producción para el autoconsumo o comercialización de lo producido.
Muy interesante su información, habría que preguntarle más para confirmarla. Por ejemplo, ¿a título de qué fue invitado a la reunión con funcionarios a la que dijo había asistido? ¿Quiénes eran los funcionarios? ¿Informó de lo que estaba pasando? No hubo oportunidad, apenas nos preparábamos con papel y pluma para tomar nota y preguntar cuando el personaje en cuestión fue llamado, era su turno.
Por supuesto, hay una situación de urgencia en la Tarahumara que no puede ni debe soslayarse. Tampoco buscar justificantes como el dicho de que siempre ha sido así y que los rarámuris aguantan eso y más. Pero tampoco buscar o hacer culpables a funcionarios de ahora de un problema que tiene siglos, o no tomar en cuenta el cambio climático y la sequía que se abate sobre el país. Que sirva esta crisis para retomar el problema de los indígenas en México.
Bastante se ha dicho y escrito al respecto. Entre los años 30 y 40 del siglo pasado considerando que el problema de los indígenas era el de todo el pueblo de México que el nuevo Estado revolucionario debía resolver, se coincidió en que el aspecto económico era el fundamental, al que se agregaba la pobreza, la incultura, el aislamiento que había que vencer por medio de caminos para mejorar la salubridad, transformar la economía y ampliar la cultura. Iniciativa que debía ser completada por los habitantes de la comunidad, para la construcción de ramales que los unan con los grandes sistemas de comunicación.
El maestro Vicente Lombardo Toledano "centró su atención en el problema estrictamente económico, afirmando que sin una resolución a la economía de los núcleos y poblaciones indígenas no será posible esperar jamás que estas poblaciones puedan ser factores de importancia en la vida del país".
Años después, Fernando Benítez decía que el problema del indio está íntimamente relacionado al problema campesino y habría que solucionarlo conjuntamente. "Pero los indios, debido a sus culturas anacrónicas, a las malas tierras y a otros factores, son los más desvalidos y los más explotados... Una acción sostenida con firmeza permitiría descongelar fuerzas enormes y aprovechar recursos que hoy se gastan inútilmente".
La acción sostenida, hasta hoy en pleno siglo XXI, aún no llega.
En Chihuahua, la esperanza está cifrada en el ambicioso programa de infraestructura carretera puesto en marcha por el actual Gobierno estatal y encomendado al ingeniero Javier Garfio. Esperaremos.
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