Opinión / Columna
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Eduardo Fernández Armendáriz
Los acuerdos y desacuerdos del PAN y el PRI
El Heraldo de Chihuahua
11 de marzo de 2010
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Perfil Político
Después de reiteradas negativas sobre su existencia apareció el acuerdo firmado entre las dirigencias nacionales del PAN y el PRI en octubre del año pasado. El que presentó dicho documento fue César Nava, presidente nacional del PAN y firmante del polémico pacto en el cual comprometía a su partido a no concertar alianzas con otros de distinta ideología en las elecciones del Estado de México.
Nava explicó que reveló el contenido del acuerdo debido a que tanto Beatriz Paredes como Peña Nieto habían confirmado antes que se había llevado a cabo, mientras el dirigente panista se empeñaba en negarlo repetidamente ante los medios. Una vez más el bisoño líder blanquiazul quedó como mentiroso y poco digno de confianza ya no sólo para los priistas, sino también para sus nuevos aliados de la izquierda en las elecciones estatales del presente año.
El cuestionado y cuestionable secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont también volvió a ser parte del escándalo mediático, pues firmó el citado convenio como "testigo de honor". Igual que Nava intentó absurdamente negar lo obvio, que el presidente Calderón estaba más que enterado de las negociaciones con los priistas para sacar adelante el paquete fiscal del año pasado. Una vez más quedó en entredicho no sólo la palabra del funcionario público sino también su credibilidad y confiabilidad al prestarse a estos arreglos secretos de tipo electoral.
La explicación dada por Nava de su acción no deja de ser poco convincente, pues intenta justificarse en que como el PRI no cumplió con lo prometido al no apoyar la propuesta presidencial fiscal entonces quedaba libre su partido de no hacerlo también con las alianzas con otros partidos. En primer lugar Nava no tiene facultades para concertar acuerdos, menos por escrito, con otros partidos para el 2011, cuando ya no estará en funciones como dirigente nacional, pues su interinato termina antes y por consiguiente no puede comprometer a la siguiente directiva nacional.
El perdedor con este escándalo con todo no es Nava, al que sólo se le suma una mancha más a su desastrosa actuación como dirigente panista, sino el gobernador del Estado de México. Peña Nieto necesita ganar en su entidad para poder aspirar a la candidatura presidencial, por lo que al parecer Beatriz Paredes se prestó, también indebidamente, a concertar el referido pacto para que Nieto no enfrentara una coalición de la oposición que lo podría derrotar en el 2011.
El otro perdedor es desde luego el presidente Felipe Calderón, pues nadie va a creer que desconocía lo que maquinaban sus principales alfiles políticos con el PRI. La desconfianza de los partidos a la palabra presidencial está en su momento más alto, por lo que si Calderón pretende sacar adelante sus reformas tendrá que pagar un costo alto, bueno, si es que los priistas le vuelven a tener la confianza suficiente como para realizar nuevos acuerdos con él.
Lo más relevante e inédito de este nuevo escándalo político es que un convenio de esta naturaleza se haya hecho por escrito y fuera firmado no sólo por los presidentes nacionales del PRI y el PAN, sino también por el secretario de Gobernación y el secretario general del Estado de México. La sospecha que prevalece es sobre cuántos más de estos acuerdos se haya concertado entre el PRI y el PAN a espaldas de los propios militantes de estos partidos y con el desconocimiento incluso de sus comités ejecutivos. Por lo pronto quedó demostrado que tanto el PAN como el PRI no sólo no acatan y llevan a cabo sus cuestionables pactos, sino que se empeñan en echarle la culpa de ello a su contraparte. ¿Quién confiará en el futuro en ellos?
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