Opinión / Columna
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César Jauregui Moreno
Recordando a Adolfo Christlieb
El Heraldo de Chihuahua
23 de marzo de 2010
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Adolfo Christlieb Ibarrola fue el quinto presidente nacional del partido, de 1961 a 1968. El PAN llevaba 20 años participando en elecciones. Cada vez presentaba mayor número de candidatos, ya que al principio no podía cubrir todos los distritos. Cada vez ganaban más votos los candidatos panistas y en cada elección el partido descubría nuevos fraudes que denunciaba ante la sociedad.
En esos primeros 20 años el PAN ya había logrado, en alguna medida, formar conciencia ciudadana, que fue la primera meta del fundador Manuel Gómez Morín. También había logrado posicionar en la opinión pública el fraude constante que el Gobierno hacía en los procesos electorales. Muchos ya tenían la convicción de que el PAN triunfaba en varios comicios, pero que el Gobierno no les reconocía los triunfos.
Al asumir Adolfo Christlieb la presidencia del partido, las relaciones del PAN con el Gobierno eran de confrontación abierta y con ausencia total de diálogo.
Christlieb percibió la fuerza moral que se le reconocía al PAN. En casi todos los estados había personas éticas y confiables reconocidas por la ciudadanía como líderes. También concluyó que de continuar con las mismas estrategias de confrontación, el partido no avanzaría. En sus 20 años de vida no había logrado ganar más de cinco diputados en promedio, por legislatura.
El PAN ya tenía una fuerza moral y política que había acumulado en sus 20 años de lucha. Contaba con adeptos ya que en cada elección obtenía más votos, aunque no se le reconocieran los triunfos. El Gobierno tenía la fuerza del poder absoluto para impedirle al PAN ocupar los puestos que ganaba. Sin embargo, la lucha del partido había logrado que la ciudadanía percibiera al Gobierno como fraudulento, pues antes de la existencia del PAN no se evidenciaban los fraudes electorales cada tres años.
Ante esta realidad, Christlieb concluye que el Gobierno aceptaría la negociación sólo si no tenía nada que perder, al menos por el momento. A esta realidad respondió la reforma de los Diputados de Partido, el Gobierno no perdería el número de sus posiciones en la Cámara y las que el PAN ganara serían extra.
Al aceptar esta negociación Christlieb confió en el Gobierno, esperaba de él un cambio de actitud y de prácticas, pero no hubo tal. La represión y el fraude siguieron igual o en mayor medida y lo más evidente fue que el Gobierno violó la propia Ley de los Diputados de Partido que se acababa de aprobar, al darle diputados a los partidos paleros, PARM y PPS, sin haber obtenido el porcentaje de votos que la ley exigía.
La decepción de Christlieb fue muy grande, tuvo dudas de que hubiera sido acertada su decisión de diálogo y negociación; le dolía también el descontento de algunos panistas temerosos de que los Diputados de Partido rompieran la unidad interna, y la independencia del PAN frente al Gobierno. Todo esto coincidía además con su delicado estado de salud, que finalmente lo llevó a renunciar antes de concluir su período. Christlieb no vivió para ver que su visionaria y arriesgada decisión fue el principio de la transformación del sistema y del propio PAN hacia la competencia real por el poder.
De inmediato se percibieron los resultados positivos en el partido. En la primera elección ya con la nueva ley, se obtuvo un porcentaje de votos mayor al requerido para ganar 20 diputados. Ganó además de mayoría, Florentina Villalobos, por lo que se le asignaron sólo 19 de partido y uno de mayoría.
No era lo mismo la Cámara de Diputados con cuatro o cinco diputados de oposición que con 20. Además la XLVI Legislatura, primera con Diputados de Partido (1964-l967) estaba integrada por aguerridos líderes, formados en la lucha de 20 años, muy disciplinados y encabezados por el propio presidente Christlieb. Este cambio repercutió también en las campañas locales. En 1967 se ganaron importantes municipios. En Nuevo León: San Pedro Garza García y Santa Catarina y capitales de estado como Hermosillo y Mérida. En Baja California los triunfos del PAN fueron tan evidentes que el Gobierno para no reconocerlos, se vio obligado a anular la elección.
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