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Chihuahua
"Narcotour" tras balacera
Con cámaras fotográficas y celulares llegaron niños y adultos para captar imágenes de destrozos provocados tras el enfrentamiento armado. Foto: Eugenio Sotelo/El Heraldo de Chihuahua
El Heraldo de Chihuahua
10 de marzo de 2008
Rocío Chacón Arévalo
Chihuahua, Chihuahua.- Luego de la balacera, la casa de los narcos se volvió una atracción para los cientos de curiosos, que desde el sábado por la noche se amontonan para observar los orificios de las balas y las manchas de sangre que quedaron en el lugar. El morbo de las personas por ver es tanto, que algunos niños comenzaron a cobrar a cambio de levantar el portón eléctrico de la cochera que quedó semiabierto y así la mirada de los curiosos alcance hasta el interior. Con cámaras fotográficas y celulares en mano llegaron desde los niños hasta los adultos mayores para captar imágenes de los destrozos provocados por el enfrentamiento armado del sábado en ese sitio. Los orificios de las balas en el barandal, las paredes, los vidrios rotos y las manchas de sangre llamaron la atención de la gente que se acumuló y que viajó desde otras colonias de la ciudad, para que, sin la necesidad de que alguien les cuente, ver por ellos mismos cómo quedó el lugar donde ocurrió el enfrentamiento. A partir de la apertura de la zona acordonada, en los alrededores de la casa la gente comenzó a acercarse con el morbo por los acontecimientos. Las calles estaban llenas tanto de carros como de peatones que llegaron a congestionar el tránsito de la calle 58 y la Méndez, en la colonia Rosario, arribando al lugar hasta familias completas. En un inicio todo mundo veía sólo por fuera, se asomaban por las ventanas y por abajo del portón que estaba unos 30 centímetros abierto y que los niños ofrecían a la gente levantar por el pago de cinco pesos y que hubo quien si los pagó. Después fue el barandal y luego la puerta de la entrada principal y una vez abiertos por uno de los curiosos, el paso de la gente no se hizo esperar y entraron a recorrer todas las habitaciones. Cada uno se hizo su propia historia y al ver los hoyos en las paredes señalaban las que pudieron ser marcas de los disparos de los soldados y hasta definieron la dirección que siguieron; otros se asombraban por las manchas de sangre y unos más por el mal olor que quedó. "Vienen y lo ven como un museo", dijo una de las vecinas que lamentó la presencia de tanta gente para admirar el lugar, que prácticamente se convirtió en un campo de guerra la madrugada del sábado. |
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