Opinión
Ernesto Visconti Elizalde
El Catón mexicano Armando Fuentes Aguirre

El Heraldo de Chihuahua
22 de febrero de 2008

Titulé este artículo "El Catón mexicano", para diferenciar el pseudónimo del Lic. Armando Fuentes Aguirre, de Catón el Censor, o de cualquiera de los Catones latinos. Mi personaje de hoy, destaca a nivel nacional en muchos diarios del país por sus columnas: "De política y cosas peores" y "Mirador"; y por sus múltiples libros que lo han dado a conocer por sus sabios criterios y mejores chistes.

Hombre versado en letras y con múltiples reconocimientos académicos, acostumbra dar conferencias por todo el territorio nacional, a donde lo invitan, para deleite de los públicos con criterio y rápida percepción; pues aunque sus chistes no son crípticos, sí gozan algunas veces, de sutil comicidad y una discreta ironía.

Habiéndolo leído en múltiples ocasiones, fui enterado por mi esposa, que ofrecería una charla el día trece de febrero próximo pasado, en el Museo Semilla, a cargo de la administración del DIF del Estado. Comentamos el asunto con algunas parejas amigas con las que mi esposa y yo departimos semanalmente, y acordamos acudir en grupo a ver y a oír a Catón, y posteriormente reunirnos a cenar en el restaurante donde acostumbramos hacerlo. Así las cosas, requerí ver al Ing. Fernando Meléndez, Director de Investigación y Servicios Educativos del Museo Semilla, para la realización de un próximo evento, "un recital poético" que se tiene contemplado. Coincidí con el C.P. Octavio Meléndez, Director Administrativo del DIF, en la oficina de Fernando, ambos de apellido Meléndez, sin tener por cierto, ningún parentesco; comentaron que a Catón le gusta la poesía, incluso escribe poemas, y consideraron conveniente, que al final de su presentación coincidiéramos en el restaurante, donde los amigos y nosotros nos reunimos; para que le obsequiara uno de mis libros de poesía y le leyera algunos versos. Así convenido, acudimos a la conferencia de Catón, quien puntualmente inició su disertación. Hombre que transita la séptima década de la vida y de apariencia y personalidad respetable, inició con un cordial saludo, con una voz pontificante; seria, pausada, segura, y con un léxico irreprochable; que captó la inmediata atención y consideración del público. Diciendo: -Los hombres cuando envejecemos empezamos olvidando los nombres; luego las fechas; luego olvidamos cerrarnos la bragueta y finalmente... abrirnos la bragueta. Las risas y los aplausos no se hicieron esperar. Y continuó: -Los conferencistas durante los primeros veinte minutos, movemos la inteligencia del auditorio, durante los otros siguientes veinte minutos le movemos el corazón y durante los otros siguientes veinte minutos... movemos las asentaderas del público. De nuevo risas y algarabía. Continuó Catón: -Tenía yo un tío que era presidente municipal callista, en un pueblo de Nuevo León y aunque callista, era profundamente católico, y tenía que convivir en su tarea con un fiero general jacobino, Jefe de Armas de la zona, que era además bizco; acostumbraban pasear ambos, comentando los asuntos del día caminando alrededor de la plaza; cada que pasaban frente a la iglesia, mi tío se santiguaba. A la cuarta o quinta vuelta el general no aguantó más y airado le preguntó... -¿Bueno pero por qué cada vez que pasamos junto a la iglesia se santigua? A lo que mi tío le respondió... mire qué casualidad, desde hace rato, yo quería preguntarle ¿por qué no se santigua usted cuando pasamos frente a la iglesia?, pero luego pensé... bueno y a mí que "chingados me importa" que se santigüe o no, y por eso no le pregunté. El general desconcertado por la respuesta, se quedó pensando y dijo: -Pues tiene razón ¿verdad?, a mí qué "chingaos" me importa. Las risas llenaron el auditorio. Catón continuó: -Llevó su papá a Pepito, al zoológico, diciéndole mira Pepito, esa es una mula. -Una mula ¿y qué es eso? -Es el producto de la mezcla de un burro con una yegua, o una burra con un caballo. Y mira ese es un perro-lobo. -¿Y qué es eso? Hombre Pepito el puro nombre te lo dice, es el producto de la mezcla de un perro con una loba o viceversa. -¡Ah! -Y mira, ese es un oso hormiguero. -No, no, papá tampoco, tampoco, ahí sí te resbalaste.

Pero no todo es broma y chascarrillo, Catón adereza con chistes su mensaje medular, el social y político; la necesidad de esforzarnos por y para la patria; entreveró lo colectivo con lo moral, y habló de la desigualdad social; ponderó nuestra incipiente democracia y apeló a nuestra buena fe y sentido común en la práctica de los valores espirituales y morales. En uno de sus últimos chascarrillos, mencionó a una distinguida y guapa señora que dio un discurso en la ciudad de Saltillo, en el que refería sentirse como natural de ahí, y que ella siempre tenía un pie puesto en Saltillo y el otro en el D.F. Inmediatamente, una voz grave gritó: ¡Quién estuviera en San Luis Potosí! La charla terminó; mientras Catón era rodeado de admiradores.

Los Estrada, Eloísa y Tito; los Vargas, Licha y Roberto; y mi mujer y yo, llegamos al restaurante; nos fallaron los De las Casas, Soledad y Reyes Humberto; qué lástima. A la hora, llegó Armando Fuentes "Catón", flanqueado por el C.P. Octavio Meléndez y su distinguida esposa y el Ing. Fernando Meléndez y una compañera de labores. Las presentaciones y las felicitaciones no se hicieron esperar, y ya acomodados inició la tertulia y la lectura de poemas, las dedicatorias literarias y las rúbricas. Una señora desconocida se acercó diciendo: -Sr. Fuentes, ¿pues de qué privilegios gozan estas personas?, nosotros también venimos de verlo y no nos tocó departir. -Señora, nosotros hicimos reservación de exclusividad a Saltillo, desde hace una semana; fue mi comentario. Hubo otro poema y al final... le dije a Catón: -Mire usted Don Armando, yo soy de los pocos escritores que tienen el privilegio de sentarse a su secretaria en las piernas mientras le dicto, sin que se moleste mi esposa. -¿Ah sí, y por qué? -Porque ella misma es mi secretaria, contesté; -Agudo y rápido reviró- -Pues yo soy de los pocos escritores que no puede sentarse a su esposa en las piernas, porque se me encela mi secretaria. La algaraza fue general. Mientras cenábamos, Tito Estrada le contó chistes, Roberto Vargas, ponderó sus libros y las señoras terciaron y disfrutaron los comentarios. Pasó un señor de bastón que le dijo: -¡Ya váyase a dormir! Hubo risas, nos acordamos del chiste inicial sobre el tío de Catón, y reímos otro rato, para finalmente despedirnos. Personajes como Armando Fuentes Aguirre "Catón", le ponen sal a nuestra existencia, paliando además nuestras tristezas.











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